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Por: Adhemar Manjón

Vicente Fernández se va dejando una legión de admiradores. Desde su natal México hasta la China son millones de personas los que saben quién es y lo que representa en la música. ‘Chente’ también tuvo imitadores, muchos de ellos se ganaron la vida cantando sus canciones, tratando de tener su porte, su ropa, llegando hasta donde podían con su voz. Todos ellos quedaron huérfanos el domingo pasado cuando Fernández falleció. Pero el legado se mantiene intacto y sus rancheras seguirán conquistando corazones. EXTRA conversó con tres fanáticos cruceños que dedicaron años de su vida a homenajearlo.



Feliz. Estar en un escenario era lo que le gustaba.


Romance. Sus baladas conmovieron a muchos.

¿Quién es el Chente boliviano?

Juan Mario Saavedra dice que es mairaneño, pero también cruceño y boliviano, “y sobre todo, mexicano”, agrega, adoptando un leve acento de ese país. “Yo soy el Chente boliviano”, dice Saavedra y continúa: “Yo desde mis 15 años vengo cantando. A los 20 años me vine y me integré a un mariachi. Comencé a cantar en la Cañoto y ahí descubrieron que a mí me gustaban las canciones de Vicente Fernández. Desde entonces hasta ahora he seguido cantando canciones suyas”.

“Vicente Fernández es mi segundo padre”, dice Saavedra y se le quiebra la voz, llora. “No lloro por cobarde”, se apresura a aclarar, “pero él fue mi inspiración. Yo viví gracias a su música. Yo comí con sus canciones. Me gané muchos aplausos, muchos amigos. Hasta ahora la gente me ve en la calle y me grita ‘¡Chente!’ Sigo vigente. La muerte de Vicente me ha conmovido mucho”.


Premios. Ganó muchos Grammys.


En 2012, la última vez que Fernández vino a actuar a Santa Cruz, Saavedra se pasó dos días fuera del hotel donde se alojaba. Quería verlo, agradecerle. No fue posible hacerlo por las buenas. Saavedra entonces esperó que saliera en su auto y se atravesó en el camino. Le pidió una foto, un autógrafo. Fernández lo vio y accedió, se bajó del auto y Saavedra lo abrazó, empezó a llorar ante la mirada entre conmovida y sorprendida del gran charro. Fueron pocos segundos en que logró estar con su ídolo hasta que la seguridad los separó. Cumplió su sueño.


Imitador. En 2013, René Salas ganó el concurso Yo Me Llamo
imitando a Chente.

“Yo me gané el apodo del Chente boliviano porque hasta ahora sigo cantando canciones de él, después vino el programa Yo me llamo y lo demás. No me dejaron participar pero hice el casting”, señala Saavedra.

En 2013, René Salas tuvo un año insuperable. Este camireño cantaba de todo desde que era niño. De joven, cuando se vino a vivir a Santa Cruz tuvo un grupo musical de folclore chaqueño que se llamaba Juventud Nochera.

Ese 2013 salió la primera convocatoria para participar del programa de alcance nacional Yo me llamo, donde participarían imitadores de cantantes. Salas dice que decidió participar como Vicente Fernández porque le gustaba mucho su carrera y lo que significaba para la música. “Yo ni me parecía al personaje, tenía el pelo largo, sin patillas ni bigote. Pero me corté el pelo, me pinté el bigote y las patillas con marcador”.

Su voz cautivó al jurado y al público en cada actuación. Hasta que llegó a la final y ganó.



Encuentro. Mario Saavedra y Vicente Fernández

“Después de vencer en el Yo me llamo, mi vida cambió totalmente. La verdad que la música y el arte siempre fueron mi pasión. Desde 2013 imito a Chente solamente. Soy el imitador oficial”, afirma Salas.

“En Camiri ya había ganado todos los concursos de karaoke, pero en un pueblo chico uno se siente estancado. Eso me hizo migrar a Santa Cruz hace 20 años para estudiar y mostrar lo que tenía. Al principio me costó mucho, incluso los mariachis me rechazaron. Yo no era Chente, aunque había ganado dos concursos nacionales, pero esos concursos no eran como Yo me llamo”, explica.

“Después de 2013, incluso, tuve que dejar mi grupo Juventud Nochera, en el que era vocalista, porque no me daba para atender a los dos. Vicente consumió totalmente mi tiempo y gracias a Dios fue para bien, económicamente cambió mi vida. Me ayudó muchísimo”, relata Salas, que se quedó dos veces con las ganas de viajar al rancho Los Tres Potrillos del mexicano; la primera, porque llegó la pandemia y la segunda vez, cuando estaba listo, Fernández cayó enfermo y falleció. “Quería verlo y decirle ‘Usted es mi padre’”, cuenta Salas.


Diferentes épocas Algunos de los discos que sacó Vicente Fernández en su carrera. Desde los años 70 hasta el siglo XXI, siempre destacó por su voz.

Cantando por su mujer

David Aguirre es el Charro Diamante. Canta en bautizos, matrimonios o cualquier acontecimiento social donde lo soliciten. A veces canta solo, acompañado de pistas que salen del pequeño parlante que lleva a rastras. Visita restaurantes y churrasquerías de esa manera. O también canta con mariachis, busca los mejores para que lo acompañen cuando así se lo requieren los contratantes.

Cuando murió Vicente Fernández, David al otro día salió a cantar al mercado El Trompillo. No se le ocurrió otra forma de homenajearlo. La gente lo escuchó y le pidió canciones. Sus temas favoritos son Mujeres divinas y La ley del monte, pero podría mencionar unas 50 más.



Imponente. Desde joven, Vicente Fernández supo lo que quería. Su voz destacó siempre y muchos dicen que con su muerte deja un gran vacío

Aguirre vivió cuatro años en Estados Unidos, viajó allá a ganarse la vida. Aprovechó de participar en algunos castings que le permitieron actuar en escenarios como el Arena de Miami.

En 2006 regresó para cuidar a sus hijos. Consiguió trabajo de taxista. “Por ese entonces a mi esposa le detectaron una enfermedad en el cerebro. A causa de eso empecé a salir a la calle a cantar por mi cuenta con un parlante pequeño, para poder costear los gastos, porque mi esposa requería medicamentos todos los días”, cuenta Aguirre.

“Eso me dio el impulso para hacerlo como lo hago, profesionalmente. Mi esposa murió en agosto del año pasado y yo ya me quedé con el trabajo de cantante y la forma de ser. Yo ya no puedo dejar la calle. No puedo dejar de cantar, no puedo dejar el mariachi. Está muy arraigado en mí”.

Y todos estos años Vicente Fernández fue su guía. Cuando su esposa aún no estaba muy grave pudieron ir juntos a verlo cantar en Santa Cruz, en 2009. Fue una noche mágica.

La magia que le dio Vicente Fernández a todos sus fanáticos y que permanecerá intacta por mucho tiempo más. Como comentó otro gran cantante y compositor cruceño, Armando Terceros: “Vicente Fernández ha sido el último charro que ha dado México. Con su muerte desaparece el último cantante con esas características”.



Legado. Son cientos de canciones las que compuso e
interpretó.



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