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Con tres décadas de carrera y una obra que lleva la marca de uno de los principales artistas bolivianos de los últimos tiempos, Keiko González retorna a las salas cruceñas con una nueva muestra. Se trata de una serie de óleos de gran formato titulada K’olla Blues, que desde hoy se podrá apreciar en la Casa Melchor Pinto. La inauguración se llevará a cabo desde las 20:00, en la Sala Marcelo Araúz y Espacio de Pimpo del centro cultural de la calle Sucre # 50. La muestra permanecerá en exposición hasta el 13 de octubre.

Keiko comienza aclarando que el título no tiene nada que ver con la música creada por los afroamericanos, que se popularizó en todo el mundo. Es el azul (blue), el retorno a este color y a una especial relación del artista con imágenes que han sido recurrentes en sus obras. “El azul es, más que nada, un color que se deja pintar, que se puede mover con más soltura sobre el cuadro y permite utilizar mucha pintura, además que no ensucia; puedes jugar un montón, mantener unas formas fuertes, bien definidas sin preocuparte por embadurnamientos”, explica González.

El artista añade que el azul guarda cierta pureza que le atrae, asimismo, le interesa la elegancia que proyecta. “Me gusta que se mantenga la elegancia y la limpieza”, complementa.

Sobre formas

González ha transitado por diversas vertientes, logrando establecer un diálogo permanente entre la figuración y la abstracción. A veces parece que lo abstracto gana preponderancia respecto a lo figurativo. El artista aclara que todo se trata de una manera de armar un lenguaje propio a partir de lo que expresa la pintura per se.

“No sé si hay figura; hay una forma, que está basada en una figura no necesariamente humana. Hay casi siempre una presencia que ayuda, lo importante es el movimiento, la textura. Las formas siempre son orgánicas. Me gusta la idea de mantener ese límite”, expresa el pintor, que hace años abrazó el óleo y no soltó esta técnica en toda su producción.

“El óleo permite trabajar durante días y días, manteniendo la relación entre todas las capas, algo que el acrílico, por ejemplo, no te deja. Es agarrar la idea en el momento perfecto, retroceder, avanzar y buscar debajo de esas capas para encontrar algo, poner una cosa sobre otra y, al repasarla, encontrar una dialéctica que tal vez con otra técnica no la hubieras encontrado”, finaliza Keiko.

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