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Los ojos brillan de emoción y esperanza al recorrer los pasillos del ala de pediatría del Hospital Japonés. Un universo de historias inunda el área destinada a la recuperación de los más pequeños. Se ha transformado en un verdadero espacio, con naves espaciales que surcan el universo mientras los astronautas flotan en la inmensidad de estrellas y planetas que adornan las paredes.

En sus salas alberga ocho camas para terapia, ocho de cuidados intensivos, 22 para internación y 10 de neonatología.

Skarlet Escobar se ha convertido en mucho más que la coordinadora de Pintando Esperanza. Desde el primer momento se compenetró con los niños que permanecen internados en el hospital y junto a ellos “soñó” una nueva área donde pudieran sentirse más acogidos. Ellos, los niños enfermos, componen un “universo de los superhéroes con sus historias propias y sus habilidades”, expresa Escobar.

La artista acudió a una convocatoria planteada desde las redes sociales por un grupo de inquietos voluntarios que han consolidado Pintando Esperanza.

Karen Jáuregui, doctora e integrante de este pequeño grupo impulsor, recuerda que el sueño de tener “un lugar acogedor para los niños” pertenece a la doctora María Ester Serrate, fallecida el pasado año por Covid-19. Jáuregui destaca el compromiso y entrega de Serrate que sirvió durante más de 30 años en el hospital Japonés y, durante su último periodo, ocupaba el cargo de Jefa de Neonatología.

Pintando Esperanza recoge este anhelo y convoca “desde las redes sociales para atraer a artistas que se sumen al proyecto”, explica Jáuregui. Para su sorpresa, fueron 12 artistas que, de forma gratuita, se sumaron a la iniciativa.

Las 14 salas y los cinco pasillos conectores que conforman el área de Pediatría del Japonés requieren una preparación especial antes de ser pintados. Y es que los centros de salud cumplen condiciones especiales para facilitar el limpiado y desinfección de todas las zonas preparadas para atender a pacientes.

Escobar ha coordinado la parte artística para que todas las salas respeten un mismo valor creativo y reflejen escenarios amigables para los niños. “Cada niño – insiste- deja un poco de sí en la sala y se ven reflejados en las aventuras que pueden recrear mientras miran los nuevos escenarios”, celebra la artista.

Las próximas salas se transformarán en el “mundo de la selva” o la “sala de superhéroes” para acompañar los días de los niños en tratamiento.

El revuelo causado por esta iniciativa ha repercutido de manera positiva en la sociedad. Más de 50 voluntarios, organizados en tres turnos, se han sumado para participar desde el lijado de paredes hasta la limpieza posterior de cada sala y, así, entregar un espacio con las garantías para los pequeños pacientes.

La logística está a cargo de Marcela Casal, amiga y colaboradora de Jáuregui. En un inicio, buscaron el apoyo de empresas para la donación de pinturas que permitan decorar las salas hospitalarias. Con el volumen de colaboradores que han recibido, también se encargan de obtener otro tipo de insumos para el trabajo e, incluso, la alimentación de los voluntarios.

Casal revela que al entrar a este sector antes se sentía oscuridad y estrés. Además, señala que los niños “no tienen una distracción y su internación se hace muy pesada”. Apenas han entregado la primera sala, en los próximos días entregarán otras, pero ya se aprecia la diferencia. “Lo hacemos con más ganas porque hemos visto cómo las enfermeras y los niños entran a la sala y les cambia la cara”, confiesa.

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