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Una nota de EL DEBER, publicada en mayo, cuando los contagios por coronavirus en Bolivia iban en vertiginoso ascenso, daba cuenta de la resignación de los administradores de espacios culturales, restaurantes y boliches acerca de la posibilidad de retomar sus actividades en el corto plazo.

Seis meses después, los ánimos no han cambiado mucho; por el contrario, señalan que la situación cada día se hace más insostenible ante la falta de recursos.

Con más de 20 años animando la noche cruceña con folclore y música latinoamericana, Tapekua se había visto obligado, como todos los locales que abren de noche, a esperar que la crisis sanitaria mengüe. Después de meses sin atención, septiembre llegaba con cuarentena moderada y un halo de esperanza.

Los resultados no fueron los esperados. La esperanza se posaba, entonces, en octubre, pero las nuevas medidas de la Alcaldía, que solo permiten la apertura de locales hasta las 20:00, cayeron como un balde agua fría en el propietario Iru Claure.

“Yo sé que hay que mantener los cuidados respectivos por la pandemia y que no hay que bajar la guardia. Pero, a estas alturas, prácticamente, todos han vuelto a la normalidad, menos nuestro sector. Si esto sigue así un mes más, será imposible continuar. Estamos al borde de botar la toalla, nadie nos ayuda”, expresa Claure, que subraya que el estar obligado a funcionar con 30% de la capacidad afecta no solo a la economía del local sino también de los artistas, que ganan por el cover (entrada) de cada noche.

Similar situación ocurre en Meraki Teatro Bar, con capacidad para 100 personas, donde se desarrollaban, básicamente, actividades culturales. Ahora, los administradores se están viendo obligados a subalquilar el espacio a otro tipo de eventos.

Llevamos siete meses sin abrir. Estamos llegando a un acuerdo con los dueños del inmueble para poder mantenernos. Francamente, no quisiéramos cerrar, pero tampoco hay billetera que aguante. Ya nos gastamos el dinero que teníamos ahorrado para hacer mejoras, porque se fue, básicamente, en mantener el lugar durante la cuarentena”, explica Ronaldo Vaca Pereira.

El músico considera que no tiene sentido hacer conciertos en las tardes entre semana porque la gente está trabajando. “Obviamente, tampoco podemos hacer actividades infantiles porque los padres están cuidando a sus hijos y los niños no están saliendo de sus casas”, agrega.

Ubaldo Nállar, propietario de Café Lorca, pide a las autoridades que tomen cartas en el asunto. Sugiere fondos concursables que permitan sostener al sector, como se hizo, por ejemplo, con el Programa de Intervenciones Urbanas. “Los fondos concursables pueden permitir inyecciones económicas. Es hora de que las cooperativas de servicios básicos abran una nueva categoría que hasta ahora no existe, que es el del lugar cultural, porque si a todos los del sector nos meten en la olla de comercial, esos montos serán injustamente cobrados, porque esto no es una fábrica”, menciona Nállar.