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La poesía y el canto popular son dos aspectos que comparten la chuquisaqueña Matilde Casazola y la desaparecida artista chilena Violeta Parra; sin embargo esos lugares de coincidencia no son los únicos, sostiene la escritora y periodista Magela Baudoin, para ella hay otros que permiten ver que son como dos ríos que corrieron de manera paralela buscando nuevos cauces. Al igual que muchas otras artistas e intelectuales latinoamericanas que fueron, muchas veces, dejadas en segundo plano y marginadas. Es precisamente de la compositora de Como un fueguito y de la de Gracias a la vida, que Baudoin elaboró un proyecto de investigación que hace unos días recibió la subvención del Instituto de Estudios Latinos y Latinoamericanos de la Universidad de Oregón (Estados Unidos) y a la que estará dedicada lo que resta de 2021 y el 2022.

Origen y motivaciones

Baudoin, que actualmente radica en Estados Unidos, contó a EL DEBER, que el proyecto nació de una constatación muy obvia, pero que lastimosamente sigue siendo muy real. “Y es que, tanto en la historia de la literatura como en la filosofía, hay un predominio de la voz y del pensamiento artístico y filosófico masculinos que se refleja en las vanguardias, en los diferentes movimientos artísticos y en los cánones literarios. Esto es evidente a largo del siglo XX, pero también en la actualidad. 

El trabajo conceptual y artístico de las mujeres ha sido bastante solitario y en la mayoría de los casos marginado y desoído”, reflexiona la autora de La composición de la sal e invita a reflexionar al respecto “Pensemos no solo en la producción sino también en la innovación estética de las mujeres que quedaron fuera de los circuitos de difusión del boom latinoamericano o del modernismo, por dar dos ejemplos de exclusión extremadamente paradigmáticos. 

Nombres como Clarice Lispector, Elena Garro, Amparo Dávila, Marosa Di Giorgio, Silvina Ocampo, Ida Vilariño, Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou, Sara Gallardo, María Luisa Bombal, Hilda Mundi, María Virginia Estenssoro, son hoy imprescindibles, pero en su momento fueron invisibilizadas o se consideraron un apéndice del canon masculino.”

En este contexto, Baudoin indica que siempre le llamó la atención que no se hubiera estudiado la obra de Matilde Casazola; o que se la hubiera estudiado tan poco. Y que su tremenda contribución artística no hubiera sido explorada más allá de su aporte a la música popular, que es inmenso. “Así que documenté su trabajo y trayectoria y me dieron esta beca para estudiarla, lo cual me emociona mucho, pues Matilde es una autora tremendamente prolífica y mucha de esa producción enorme y original permanece todavía en su memoria o en archivos sin clasificar”.

Por otro lado, Violeta Parra, al contrario que Matilde, ha sido estudiada ampliamente. Folclorista y pintora, cantante y ceramista, compositora, poeta y bordadora de arpillares, “Violeta Parra es una fuerza creativa extraordinaria, que me interesa estudiar en el laboratorio creativo de su escritura. Es decir, en aquellos espacios en los que reflexiona sobre el arte y en los que va ejecutando eso que va elucubrando o descubriendo. También me interesa la relación entre la oralidad, lo performático y la escritura, que es un espacio que ambas comparten”, comenta la autora de El Sonido de la H.

Baudoin admite que siempre ha tenido una gran y profunda admiración por Matilde Casazola, a la que incluyó en su libro de entrevistas Mujeres de Costado (2010). “Con el tiempo voy entendiendo la trascendencia de una obra vasta y todavía en construcción, lo que es impresionante. Matilde, igual que Violeta Parra, inventó algo que no se había hecho antes de que ella lo hiciera. Tal vez por eso, en principio, se la reconoció más como cantautora que como poeta y en aquellos espacios más bien obvios. 

A esto se suma, como ella misma dice, que su eclecticismo, que la hibridez su obra, la hayan vuelto una criatura artística inclasificable. Lo cual para mí es, precisamente, lo más interesante porque ahí está toda su reflexión sobre el arte, sobre el exilio, sobre la memoria, sobre la música, sobre el cuerpo. Y todo lo que hay por descubrir”, concluye la escritora.

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