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“Elías, ya está pasando la pandemia, voy a hablar con los empresarios para que retomemos la película”, dijo ‘Nando’ y colgó. Del otro lado, su amigo de las artes y de la vida asintió, le deseó un feliz cumpleaños por adelantado y cortó. Era 7 de noviembre de 2020, ninguno sabía que aquel compromiso quedaría inconcluso.

Al día siguiente, cuando el actor beniano Hernando Chávez Guzmán cumpliría 69 años, falleció por un paro cardiorespiratorio. Tras enterarse de la noticia, el también actor cruceño Elías Serrano se estremeció y encendió la computadora para recordar el guion de la película motivacional, que escribieron y que planeaban rodar con su compañero.

Los loteamientos, una realidad social, era la temática que ‘Nando’ quería abordar y en la que había profundizado en su serie Los loteadores, producida en 2013.

Juanoncho y Don Sinforoso, sus personajes más icónicos, no formaban parte de este nuevo proyecto. ‘Nando’ se puso entre los dos bandos, loteadores y loteados, y, junto a Elías deseaban mostrar en la pantalla que existía una salida pacífica a esta problemática vigente.

Lista la sinopsis, el guion, el presupuesto y plan de financiación y hasta el calendario de rodaje, todo estaba organizado para arrancar las grabaciones en marzo. Hoy la situación es incierta, pero Elías ya se puso en campaña para tocar puertas y que la película, que todavía no tiene un título oficial, llegue a los cines, y así se pueda entregar al país la herencia completa del polifacético artista.

La historia

Serrano, de 72 años, recuerda que durante cuatro meses, por las tardes, ‘Chávez’ llegaba a su casa con su manuscrito bajo el brazo. Aunque él era el mayor, también resultaba el más entendido en temas de computación, por eso el guion quedó en su CPU.

Las sesiones de escritura duraban mínimo cinco horas, en las que confiesa que no todo fue una taza de leche. Uno más empírico, otro apegado a la teoría, discutían y conciliaban sus ideas.

Así nació la historia de un joven de un pobrísimo pueblo que llegó a Santa Cruz de la Sierra para cumplir el ‘sueño cruceño’. Se asentó en una zona de la periferia, se inscribió en la universidad y se ganó el respeto de sus vecinos y el título de dirigente del barrio. Con ese cargo descubrió historias de personas que realmente no tenían dónde vivir y las de otras inescrupulosas que lucraban con ellas.

Por los primeros hizo gestión y así nacieron las urbanizaciones populares en la ciudad, para dar un techo a las familias que lo necesitaban.

 



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