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Por:  Adhemar Manjón


Narrar en primera persona desde el dolor y la herida es una de las consignas del taller El Escampadero, que el artista colombiano Luis Sebastián Sanabria inicia hoy en la galería Kiosko y está dirigido a la población LGBTI.

_¿Qué planteas para que el participante de este taller escriba desde la herida?
A raíz del paro lo pasamos a la virtualidad. La plataforma de zoom nos permitirá que trabajemos a partir de la escucha. Los participantes no van a poner su cámara ni su nombre y lo que vamos a hacer es escucharnos. El primer ejercicio es el de rastrear esa voz, de dónde viene. Si esa voz viene con un grito, si es un grito de alerta o de ayuda. 

El reconocimiento de esa voz después nos llevará a unos ejercicios de lectura puntuales donde vamos a identificar a las escritoras que vamos a leer, voces en la que nosotros podemos también encontrarnos. Después de esos ejercicios de lectura hay unos ejercicios de escritura muy particulares y lo que le voy a proponer a los participantes es escribir un párrafo donde se presentan, pero el ejercicio no va a ser leer nuestros párrafos sino los de nuestros compañeros. Yo leería el texto de Pedro y me presentaría como él para seguir insistiendo en que esa voz de Pedro también es mi voz, porque sería transversal a la de nosotros. Después de haber hecho ese recorrido de traer voces invitadas y de reconocernos en la voz de nuestros compañeros se viene el ‘¿quién soy yo?’.

_¿Por qué es importante que en tu taller se escriba en primera persona?
Porque creo que llegaría a ser muy estratégico y no necesariamente asertivo el hecho de ocultarse detrás de un personaje que no somos nosotros o que nosotros creemos que no somos. Cuando yo escribo desde la ficción un personaje que se llama Juan Gabriel, yo creo que Juan Gabriel no soy yo, y que el hecho de nombrarlo así va a hacerle creer a las lectoras que no soy yo. Mi apuesta es que no necesitemos escribir Juan Gabriel ni una Juana Luciana, sino decir “yo soy”. No necesito hacerme pasar por otros para decir “yo soy”. Yo soy este cuerpo que habla, que grita, que escribe, que deja la huella.

_¿El mundo editorial ayuda o perjudica al momento de plantear las disidencias sexuales desde la literatura?
Esa es una pregunta muy pertinente porque yo sí creo que es un problema editorial, no de las escritoras. Aunque cada vez son más los proyectos editoriales que se gestan y que crean modos alternativos de circulación, pareciera que sus apuestas siguen respondiendo a esas escrituras que han circulado sin ningún problema históricamente, que son principalmente historias escritas por personas cisgénero, heterosexuales, posiblemente con privilegios. Con privilegios quiere decir que tienen una formación académica que les legitima sus procesos creativos. 

Eso es lo problemático y yo no encuentro que haya una propuesta editorial para darnos un espacio de circulación, porque no es que la editorial sea el espacio para la voz, sino que la voz la tengo yo y la tienen los participantes de El Escampadero. Pero sí es cierto que los proyectos editoriales en última son esos nidos para las aves extrañas que somos nosotros. La pregunta es dónde están esos nidos entre todos los proyectos editoriales que vemos, dónde están.

_El lenguaje inclusivo también viene a ser una disidencia ¿Cómo has visto su desarrollo teniendo en cuenta que ya se publicaron libros con este lenguaje?
Yo creo que venimos por todo. Como ese alcance que ha tenido el lenguaje inclusivo desde la provocación, desde contaminar las redes sociales con nuestras publicaciones hasta ya tener libros donde se acude a la ‘x’ como ese recurso del lenguaje inclusivo, todo esto lo único que demuestra es que nosotros venimos por todo. Es una demanda que se está haciendo desde los otros cuerpos, desde las otras subjetividades que también piensan el lenguaje inclusivo, que en última es poner el lenguaje y dar a entender que ese es el primer conflicto.

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