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El director nacional de películas históricas como Yawar Mallku (1969) y El coraje del pueblo (1971) cuelga desde hoy en cartelera el título de Juana Azurduy, guerrillera de la patria grande. Un filme de $us 710.000, en el que participaron 1.400 personas y que será exhibido alrededor del mundo. El líder de Grupo Ukamau habló en extenso con Sociales&Escenas.

Su palabra

¿Por qué decidió recrear la vida de Juana Azurduy?
Siempre me llamó la atención porque se trata de una leyenda, pero en el fondo es una desconocida. Ella forma parte de aquella desmemoria a la que fuimos sometidos los bolivianos durante más de 100 años. Mi principal motivación es contribuir a devolver a la memoria colectiva la figura de una mujer extraordinaria y valiosa, que fue capaz de desafiar los prejuicios de la época y los convencionalismos religiosos.

Hay que tener en cuenta que ella se liberó de la tutela marital y se enrola en la guerrilla. Todo esto a principios del siglo XIX, pero nunca dejó de ser una buena madre. Además, doña Juana tenía una lucidez que otros no tenían, ella luchó por una patria grande liberada y de igualdad. A ella le preocupaba que a los indios se les hubiera usurpado sus mejores tierras y les prometía que se las iba a devolver cuando ganara la guerra.

¿Cómo elaboró el guion?
Durante seis meses reuní documentación de bibliotecas, del Archivo Nacional de Sucre y tuve varias conversaciones con historiadores. El guion de esta ficción basada en sucesos históricos está hecho en planos secuencias como La Nación Clandestina (1989) que crea un distanciamiento, para no tener un lenguaje invasivo, no nos metemos en las narices de los personajes y eso crea un ritmo pausado, pero no es una película lenta, por el contrario, tiene una intensidad muy grande.

¿Encontró coincidencias sobre Juana Azurduy en los trabajos de los historiadores?
Siempre hay discusiones, pero hay situaciones irrefutables, como el hecho de que una vez instalada la república, Juana Azurduy fue excluida de la organización del nuevo Estado. Tal es así que cuando Simón Bolívar llega el 4 de noviembre de 1825 a la nación liberada pregunta varias veces por ella y como nadie quiere darle razón se enfurece y manda a su ayudante a preguntar por su casa. Al día siguiente, junto a Antonio José de Sucre y el general Lanza visitan a la heroína. Doña Juana estaba excluida por los que se habían apoderado del poder político, la nueva élite la consideraba una chola subversiva, una mestiza peligrosa que conversaba con los indios.

¿De dónde obtuvo los recursos para financiar el filme?
El presupuesto inicial de la película era de un millón y medio de dólares. Al ser una cinta de época se precisaba ese monto para la utilería y el vestuario. No logramos conseguir ni el 50% de ese dinero y eso fue muy dramático porque tuvimos que tomar decisiones arriesgadas como atrasar el pago de los impuestos, montos que siguen creciendo con sus castigos, porque si no tomábamos esas determinaciones sencillamente no hacíamos el filme.

Tenemos la esperanza de recibir el apoyo del público para cubrir las deudas que tenemos. La película se ha hecho a través de convenios de reciprocidad con distintas instituciones públicas y privadas, y cediendo los derechos de exhibición, como el que tiene el canal ATB y la Casa de la Libertad después de un año de uso comercial. Nadie ha donado nada.

¿Cómo afrontó el reto de dirigir una obra tan grande?
Una película no es el trabajo de un director solamente. Es la suma de muchas personas especializadas en distintas ramas. En esta cinta han trabajado 78 cineastas nacionales.

¿Qué dificultades tuvo al desarrollar un filme de época?
En un país donde hay industria de cine se facilitan mucho las cosas porque hay empresas especializadas en construir la utilería de distintas épocas. Pero aquí no hay. Nosotros tuvimos que fabricar réplicas de los cañones que se usaron en la guerra por la independencia. Esas armas tenían que disparar. El vestuario también es de época. Y creo que lo hemos logrado.

¿Usted cree que Bolivia esté en camino para formar una nueva Juana Azurduy?
Creo que se han dado pasos muy significativos. En el actual proceso de cambio se ha dado un reconocimiento que no se hubo antes al lugar de la mujer, por eso la presencia de ellas en el aparato del Estado es impresionante. Antes, la mujer era parte del machismo que se ejercía sobre ella porque se quedaba callada cuando era agredida por el marido, creo que ahora hay una visión distinta.

La heroína a pesar de todos sus servicios a la patria murió abandonada y relegada de la historia, ¿Bolivia es ingrata con sus próceres?
Es una política. Hubo una confabulación de la élite gobernante. Ese grupo del siglo XIX no tenía conciencia de su pequeñez cuantitativa y siempre vieron con mucho temor a las mayorías, los indígenas.

Existe la creencia de que Bolivia se creó en el siglo XIX como un búnker contra los indios. Una política que nos ha sometido a una sumisión y a una idea de autodesprecio de ser quienes somos. Nos han quitado el orgullo de ser bolivianos.

Como hombre de arte, ¿cuál es su visión de la realidad nacional?
Yo me siento parte del proceso de cambio porque he peleado por esta causa desde hace 47 años. El grupo Ukamau utiliza el cine como un instrumento de lucha. Es un cine que ha acompañado la liberación de los pueblos y hemos aportado por el enriquecimiento de la conciencia social. Nadie puede negar que Bolivia ha cambiado positivamente, como también es evidente que hay problemas y errores, pero tengo la esperanza de que el Gobierno de Evo Morales pueda corregirlos pronto