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Philip Roth murió. Uno de los escritores estadounidenses más importantes, miembro de una generación que incluye nombres como Saul Bellow, Joan Didion, J. D. Salinger, Norman Mailer y Ursula K. LeGuin, falleció la noche del martes en un hospital de su ciudad natal, Nueva York, por complicaciones cardiacas. Tenía 85 años.

Escribió novelas como El lamento de Portnoy (1969), Pastoral americana (1997) y La mancha humana (2000), que cargaban con toda su irreverencia contra la moral, la política y las tradiciones judías. Incluso fueron tildadas de pornográficas por muchas instituciones educativas. 
Roth ya había hecho noticia a finales de 2012 cuando anunció que dejaba de escribir, un retiro que lamentaron todos los que conocían su obra, pero que él defendió a su manera. “He dedicado mi vida a la novela: he estudiado, he enseñado, he escrito y he leído. He dejado fuera casi todo lo demás. Ya basta. Ya no siento ese fanatismo por escribir que sentía antes”, dijo aquella vez, poco antes de cumplir 80 años. Cabalmente, en la primera mitad de ese 2012 Roth fue distinguido con el premio Príncipe de Asturias de las Letras por su impecable carrera literaria.

Este premio, que hoy cambió a Princesa de Asturias, se falla nuevamente hoy, y uno de sus jurados, el cubano Leonardo Padura, se manifestó con tristeza por lo sucedido. “Me siento un poco de luto, Roth es para mí un ejemplo de lo que puede ser un escritor comprometido con su tiempo y su sociedad”, dijo Padura, que ganó este galardón en 2016.

Otro reconocimiento de gran valor que tuvo Roth fue el Premio Pulitzer, en 1997, por Pastoral Americana. Aunque un premio le fue esquivo: el Nobel de Literatura, los últimos 20 años era un nombre cantado para ganarlo. Ayer muchos de sus colegas recordaron este hecho: “Murió el gran Philip Roth sin ganar el Nobel, maldita sea. Igual que lo hizo Ursula K. Le Guin. Pero lo ganó gente como Le Clezio. En fin. No sé por qué le damos ese valor mitómano a ese premio”, escribió la española Rosa Montero en Twitter.

Repercusiones

Sobre la obra de Roth, el escritor boliviano Edmundo Paz Soldán dijo: “Gracias a su prosa de frases elásticas capaces de incorporar tanto la gran fuerza descriptiva de  sus narradores como su inteligencia, su ilimitado sarcasmo, su general agudeza para encontrar las contradicciones de sus personajes y de la sociedad, su corpus, repleto de obras maestras, condensa las grandezas y miserias de los Estados Unidos en el periodo de su consolidación imperial”.

Paz Soldán distingue dos aspectos en la obra de Roth, dice que en sus primeros libros están el optimismo y la energía de una gran nación, y después una aguda disección de las fallas morales en las que se enfanga el proyecto. 

Paz Soldán señala que Roth, a través de su literatura, fue -entre muchas otras cosas- “el narrador de las complejidades de la identidad, poniendo en juego, de manera irreverente, las particularidades de lo judío cristiano contra el esencialismo nacional (El lamento de Portnoy, 1969).

En Santa Cruz se pueden encontrar libros de Roth en las librerías El Quijote (Supermercados Híper Plaza) y en las cadenas de  librerías El Ateneo. 

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