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‘Luna, Luna, dame pan...’

La Luna no le dio pan, pero le regaló éxitos. Tiene algo con ella. Su relación se inicia desde hace mucho tiempo. Salía a campo abierto y la observaba. Ronico no sabe por qué lo atrae o dicho de otro modo sí sabe, pero no quiere decirlo, porque prefiere guardar ese secreto para siempre.

La señora Luna ha sido testigo de sus aciertos y de sus errores como conductor de televisión. Él, Ronald Cuéllar (su nombre real), estará siempre agradecido con ella y hasta se declara un ‘hombre totalmente lunar’. El satélite desprende una energía especial, él la absorbe y se fortalece para hacer lo mejor que sabe hacer: divertir a los bolivianos.

Sus ocurrencias dejaron de aparecer hace un año. Se despedía un 31 de octubre de la pantalla chica y retornó en la misma fecha. Él alza las manos. Mueve la cabeza y dice que no lo planeó. La culpa fue de la Luna. Ingresa por la pantalla de la Red Uno y saludará a sus millones de seguidores a través de su nueva apuesta, ‘The Narigón Show’. Así buscará conquistar el prime time, de 21:00 a 22:00, y tiene todas las cosas para hacerlo.

Creando, creando

El programa lleva su sello. Está sazonado con una pizca de la onda internacional y tiene, obviamente, la sustancia boliviana. Ronico conducirá y coproducirá por primera vez en una trayectoria de 12 años junto a su firma Black Bouts y el productor Carlos Candia. No fue fácil.

Fueron horas y horas de reuniones para definir el producto y el nombre. Un día, uno propuso que se llamara ‘El Narigón’. Todos lo miraron, algunos se callaron y otros se rieron. Ronico pensó: “Puede ser”. Al final llegó la aprobación y el tráiler en el que aparece la Luna y la nariz del famoso fueron la combinación perfecta.

A Ronico no le ofende que le apunten sus ‘defectos’. Él reconoce que es orejón, narigón, feo y pelón. Aprendió a reírse de sí mismo para darse el derecho de reírse de los demás. Esa ha sido su clave para conquistar a la audiencia. No quiere creérsela. Prefiere mantener los pies sobre la Tierra, aunque la mente en... la Luna

Se cayó y aprendió

Ronico reconoce que se equivocó muchas veces en la vida, pero ha aprendido a levantarse. Está más maduro. “A mis 36 años ya sería el colmo que no lo fuera”, completa. Pero reconoce que, a veces, se deja llevar por las cosas, la lengua le juega una mala pasada y no sabe qué está bien y qué está mal.

Tiene nervios. Hace 365 días no aparecía en los reflectores. Estas últimas semanas ha ido ensayando. No le gusta pensar que él ‘hará’ el programa, sino todo un equipo de gente nueva. Es convencido de que la sinergia de todos se verá reflejada en la TV. Durante la pandemia llevó ayuda a sus amigos benianos. Si en un futuro llegara a tener una hija le gustaría que se llamara Luna. En el presente “vuelvo más panzón, narigón y pelón”, bromea.