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Por: Silvana Vincenti - EL DEBER

Este 28 de marzo la Agencia de Desarrollo del Cine y Audiovisual Boliviano (Adecine) cumplirá su primer año con logros, desafíos y cifras que serán expuestos hoy en el evento Santa Cruz de película por su directora ejecutiva, Roxana Moyano.

La cabeza de esta entidad -bajo tuición del Ministerio de Culturas- aprovecha el primer aniversario para hacer una radiografía del cine nacional.

_¿Logros en un año?
A pesar de tener una ley (1134/2018) con muchos vacíos, hemos unido el sector para cumplir con demandas, como estructurar un reglamento que está en la Unidad de Análisis de Políticas Sociales y Económicas (Udape) y al que felizmente las nuevas autoridades han dado celeridad porque estuvo muchos meses parado. Estructuramos la agencia (Adecine) y definimos una política pública de fomento, transformada en planes, proyectos y ahora en acciones.

 A pesar de que no hemos empezado el cobro de la tasa administrativa por exhibición y distribución de películas extranjeras, que es uno de los ítems que da cuerpo al fondo de fomento, sacamos ese fondo a través de otro mecanismo, en convenio con el Ministerio de Planificación (MPD), que se hizo el año pasado, pero por la situación del país en ese momento se suspendió y recién se lanzó este año. 

El 10 de marzo presentaremos a los ganadores de este primer fondo.

_¿Cuáles son esos vacíos en la Ley del cine?
La ley ha sido trabajada por muchos años y por distintas autoridades, fue transformada de acuerdo a visiones de personas con determinados intereses. En la redacción hay inconsistencias.

Una ley no puede dar lugar a interpretaciones, esta ley sí lo hace, como en el artículo 17 de la tasa, que no deja claro cuál es la base imponible. En otros aspectos, si bien también señala que hay un nivel ejecutivo y operativo, tampoco amplía más este tema; hemos tenido que pelear mucho para que se entienda que la estructura del Conacine era incompleta y no tenía los mismos fines que ahora se instruye a Adecine.

_¿Como afecta a Adecine la politización de la cultura?
No sé si alguno de los candidatos tenga alguna propuesta con respecto a qué hacer por la cultura. Necesitamos entender que hay que institucionalizar la cultura.

Cuando hablo de institucionalizar me refiero a un ecosistema, a definir normas que den un sustento jurídico y legal para ciertas acciones que lleven a una política pública de fomento. Es clave la visión a largo plazo y también que nos permitan diseñar programas y proyectos para potenciar distintas áreas que hay que identificar.

Es vital definir conceptos, qué es el cine nacional, quién está haciendo qué y cuáles son las trascendencias y hacia dónde estamos avanzando, qué potencialidades tenemos.

Cuando se consigue esa visión integral de la cultura, recién se puede empezar a trabajar en acciones concretas que den frutos y eso no han tenido los ministerios, esa visión de la cultura no se tiene.

_¿Qué pasó con los ganadores del Programa Intervenciones Urbanas (PIU) en cine?
Nos hemos adaptado a las nuevas reglas que dicen que el Ministerio de Culturas, en nuestro caso, tiene que evaluar el proyecto, poner el aval, mandar al MPD y recién este autoriza el pago al Ministerio de Hacienda.

Se ganó el fondo, solo que hay retraso, eso en cine. Con la experiencia de las tardanzas, hemos previsto que tenemos todo el año para ejecutar. Ahora, en la parte concursable, con este cambio de reglas empezaron a hacer una revisión completa de todo.

Hubo mucha presión del sector del cine -que está bien organizado con 19 asociaciones a nivel nacional-, entonces no es sencillo ignorar a este sector y se consiguió el pago. Yo diría que casi un 90% del área del cine se pagó, bajo presión, todo lo concursable.

Esto es algo que podemos todavía aceptar a un gobierno de transición, pero al siguiente no. Hay una deuda en lo cultural, seguimos con la idea de Bolivia folclórica. Si combinamos datos de economía con cultura les da un ataque, no le entienden. Por ejemplo, en 2014 la recaudación en tickets ha sido de $us 24,9 millones, en 2018 fue de $us 35,9 millones. De este porcentaje apenas el 1,3% corresponde a películas nacionales, no llegamos a los $us 100 mil.

En espectadores, en 2018 hubo 6.9 millones (para cine nacional el 0,09%). Ese año se estrenaron 291 películas (271 extranjeras, 20 nacionales). No estoy considerando 2019 por el tema de Intervenciones Urbanas, que es excepcional.

Para el Día del Cine (21 de marzo) realizaremos una encuesta sobre la empleabilidad en el cine; con el PIU se demostró que podemos hacer diez películas al año, pero no al mismo tiempo, la gente circula de proyecto en proyecto.

_¿Hay más esfuerzos que recaudación?
La parte del desarrollo es donde se define el modelo de negocio para tu proyecto y tú tienes dos caminos. Si es un cine de autor tendrá contenido dirigido a festivales; si es un cine de fortuna, apunta a taquilla. Curiosamente, esa parte del desarrollo es la que menos inversión tiene. Nuestro cine falla ahí; la otra falla está al final de la cadena, es decir en distribución.

_¿Es por desconocimiento?
No podemos decir que somos una industria porque seguimos trabajando sobre el cine autoral, que está muy bien, pero necesitamos el abanico de posibilidades porque la riqueza de esta industria está en su diversidad. Por eso cuando las películas van a pantalla tienes cuatro gatos.

_¿Cómo ha evolucionado el cine nacional?
Sin duda, como modelo de negocios tenemos problemas, es el desafío. En cuanto a tendencia hemos identificado, a raíz de las postulaciones recibidas, aspectos muy llamativos, sobre todo en Tarija y Santa Cruz.

La primera analiza por qué pierde sus tradiciones, en Santa Cruz reflexionan sobre dónde nace el cruceño, son saludables esas interpretaciones de la identidad.

La Paz, Chuquisaca y Potosí trabajan sobre los conflictos sociales, además de cuestiones de género; hay mucho documental.

En lo nacional, en general hay renovación, la ficción ha traído un cambio interesante porque se aboca a tradiciones, con una relectura de la bolivianidad.



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