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Según un dicho, la tercera es la vencida, y se espera que la creencia se cumpla con el reestreno de la película boliviana Mi socio 2.0, que canceló sus exhibiciones por la crisis política de finales de 2019 y por la cuarentena rígida que generó la pandemia del coronavirus a inicios de 2020. Ahora, la fecha final para descubrir la nueva versión del clásico de 1982 es el 6 de enero, en los cines de todo el país.

Vuelve el cineasta Paolo Agazzi a la dirección, así como los personajes entrañables de Vito, encarnado por David Santalla, y Brillo, por Gerardo Suárez, con un cambio en el guion, esta vez de Luis Miranda, paceño experto en marketing y publicidad y debutante en las arenas cinematográficas.

El socio original

Para Miranda, Mi socio “rompió el esquema de los grandes directores del cine de protesta y social de los 80 y 90, como el de Jorge Sanjinés y Antonio Eguino, cuando Paolo Agazzi apareció con una historia fresca, de amistad entre cambas y collas, una road movie de integración, sencilla y conmovedora”. Esos atributos, considera, provocaron que la película quede grabada gratamente en la conciencia de quienes la vieron, y de ahí su interés por recuperarla.

Para Agazzi fue significativo trabajar sobre una película icónica del cine boliviano, “con muchas connotaciones que han ganado importancia en el público, como el mismo David Santalla, convertido en una celebridad nacional.

El rodaje llegó en 2019, en una etapa en la que ya no siente la presión y temor de lo que sucederá con sus películas. El italo-boliviano confiesa que disfrutó reencontrarse con “amigos de muchos años, sin los cuales no cobraría sentido revivir Mi socio”.

Según el guionista y director, el género de road movie se mantiene y narra una historia en la que el tiempo pasó para Vito y Brillo, que viven realidades diferentes a las de la primera película.

Mientras el camionero ‘colla’ está retirado, el lustrabotas ‘camba’, que años atrás fue su ayudante, ya es empresario. Ahí aparece también el Volvo N88 y Romaneth Hidalgo, como la hija de Vito, que comparte un nuevo viaje, que empieza en Santa Cruz, sigue por Chapare, Cochabamba, La Paz y acaba en Rurrenabaque.

Sin más ‘spóiler’, la versión le recuerda a los bolivianos que “puede haber amistad y solidaridad, a pesar de las diferencias económicas y culturales”, según Agazzi.

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