Escucha esta nota aquí


Gabriel Ríos es un futbolista al que le pasaron muchas cosas desde que comenzó la cuarentena en nuestro país, debido a la pandemia de coronavirus. La historia del delantero de Aurora va desde donar pan a las familias más necesitadas hasta perder a sus abuelos, con los que se crio y con los que había decidido pasar estos meses atípicos.

En marzo, cuando se declaró la cuarentena, se vio obligado a dejar Cochabamba para refugiarse en el domicilio de sus abuelos Orlando Ríos y Clementina Banegas, en Santa Cruz. Los primeros días decidió ayudar a hacer pan a doña ‘Cleme’ para colaborar en la economía de la casa, pero al mismo tiempo realizar una acción de beneficencia.

“Hacíamos pan para vender, pero al ver a tanta gente necesitada decidí regalar pan a algunas familias y les entregaba por lo menos de a un kilo de azúcar más”, recuerda Gabriel.

La actividad cambió de curso cuando contrajo coronavirus y sintió temor de perder la vida. Se tuvo que aislar y recibió medicación por parte de su compadre que es médico y no llegó a ser hospitalizado ni a necesitar de equipo de oxígeno, pero sintió muchos dolores de cabeza y perdió el sentido del gusto y del olfato. “Tuve mucho miedo, se me pasó por la cabeza que podía morir. Gracias a Dios me pude sanar”, dijo.

Una vez recuperado del coronavirus se propuso generar algunos ingresos económicos porque era consciente de que la cosa estaba para rato y por esas fechas no pagaban en su club. Con sus ahorros compró un remolque que lo acopló a su vagoneta para ir a la colonia menonita por Tres Cruces.

“Me traía queso, unas 150 gallinas, unos 80 patos y tres chanchos. En Santa Cruz los hacía pelar y los vendía. Con eso me sostenía y aún me sostengo, porque todavía sigo yendo a la colonia. En toda la cuarentena, en mi club, solo pagaron el 25% de abril y mayo, y el 50% de junio”, expresó.

La tragedia llegó en junio a la casa de Gabriel, cuando su abuela contrajo coronavirus y falleció a finales de junio. Doña Clementina, con la que Gabriel amasaba y horneaba el pan, se fue de este mundo a los 83 años de edad.

Para colmo de males, esos días había sido operada de la cabeza su tía Ruthy Lorena Ríos, que requería de muchos cuidados y por eso no le comunicaron a ella del fallecimiento de su madre, hasta un mes después.

Los Ríos Banegas trataban de sobreponerse al dolor de haber perdido a doña ‘Cleme’, pero el luto seguía rondando a la familia. Los primeros días de agosto el abuelo de Gabriel, don Orlando, también dejó este mundo a los 92 años, producto de un paro cardiorrespiratorio.

Sin sus abuelos, el futbolista decidió incursionar también en la venta de comida. Por las noches prepara pacumutos con el apoyo de su primo Juan Carlos, que se ocupa de la parrilla, y de su sobrino Marco, que hace de delivery. El lugar de producción lo comparte con su tía Juana Ríos, quien se quedó sin trabajo durante la cuarentena y ahora es ella la que vende pan y tortas en una tienda que ocupaba doña ‘Cleme’.

Mientras transcurrieron todas esas cosas en la vida de Gabriel, en ningún momento dejó de entrenarse para mantenerse en forma y estar en buenas condiciones para cuando toque volver a la competencia.