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Todos deseaban controlarlo. Manuel Belgrano y su ejército subieron del sur en su búsqueda. Simón Bolívar bajó del norte para conocerlo. José de San Martín lamentó no haber tenido una oportunidad. El lugar era como la Reserva Federal de los siglos XVI y XVII. Opulencia, excesos y aventuras eran las pinceladas del cuadro más preciado de la Corona española. Hoy, el lienzo está dañado.

A días de celebrar un nuevo aniversario de la gesta libertaria del 10 de noviembre de 1810, Potosí tiene uno de los mayores desafíos, desde su fundación, el 1 de abril de 1546. Está en juego su existencia. Su entorno se deteriora cada vez más. Hoy más que nunca sus autoridades están llamadas a encontrar una salida al laberinto económico, medioambiental y cultural que empezó hace más de 400 años cuando la plata y luego el estaño firmaron un cheque en blanco al mundo y a la naciente Bolivia.

Don Carrasco es un hombre del socavón. Se sienta en los bancos largos de madera que hay en el mercado Chuquimia. Pide una chocolatada, dos panes y una porción de queso. Le pregunto si a pesar del paro cívico va a trabajar. Me mira sin expresión. Lentamente me contesta que el minero nunca para, que el minero no sabe de vacaciones o feriados y que, si un día se cae el cerro, será un crimen para el mundo y los bolivianos. Lleva 20 años trabajando en la montaña de plata.

Son las seis de la mañana. Se escuchan explosiones. Una, dos y tres. Como hace 476 años, es la dinamita la que alerta que en el Cerro Rico los mineros ya están trabajando. Es la señal de que otra vez se procesarán miles de toneladas de concentrados de plata, estaño, zinc y plomo. ¿La histórica montaña seguirá resistiendo tal presión?

Un cartel verde con letras blancas indica “Zona de alto riesgo”. Los derrumbes son constantes y la inestabilidad no soporta el peso de los vehículos. Se está a 4.400 metros sobre el nivel del mar. Para llegar a la cima aún se deben trepar otros 400 metros.

- ¿En qué tiempo llegaremos?, pregunto. Ya algo agitado.

- Está ‘aquisito’ nomás. Me responden, con miradas cómplices.

Pero, tras dos horas de caminata, a paso muy lento, la cúspide sigue lejos. Son 120 minutos de aspirar y expirar pausadamente, mientras las piernas responden cada vez menos y buscan de manera independiente su camino. Durante el trayecto se observan varias bocaminas, que son puntos de ingreso al interior del yacimiento, supuestamente están abandonadas. Hay latas de cerveza, restos de alimentos y en el suelo la marca de fogatas para combatir el frío.

Falta poco. Unos metros más para llegar a la cima. El viento sopla fuerte y el corazón se acelera. Tener buen equilibrio es importante. Al fin. EL DEBER llega a la parte más alta de la gran montaña de plata. Estamos entre los 4.700 y 4.800 metros sobre el nivel del mar. Desde este balcón privilegiado, la capital potosina se ve compacta y los sistemas de lagunas, que nutren de agua potable a la ciudad, parecen espejos azules.

En la cima, el suelo presenta varias rajaduras, caminar por la parte trasera del cerro no es seguro. Se ven distintos hundimientos, la tierra parece más blanda. Es como pisar un queso con cientos de agujeros.

En lo más alto del yacimiento ya se distingue la parte icónica incompleta de este símbolo que forma parte del Escudo Nacional. Le falta un gran pedazo de roca, que en las noches se busca disimular con unas luces que dan la falsa sensación de que aún esta montaña es un triángulo perfecto.

El cambio de la tonalidad de la tierra, que pasa de ocre a plomo, denota un trabajo desesperado para tratar de sellar estas rajaduras y evitar el hundimiento. Una labor que llevó a poner en la zona dañada diferentes capas de membranas, de esas que se usan en los techos para evitar las goteras, pero que el viento las hizo volar.

- ¿Por qué se llega a esta situación?

- Porque nadie respeta las normas. Porque no hay control y se sigue explotando el cerro en lugares que están prohibidos. Me responde tajante, Reyna Menacho, concejala del Concejo Municipal potosino. Que se muerde la boca cuando dice que espera que las autoridades actuales no entren en la historia como los responsables de no haber evitado el hundimiento del Cerro Rico.

En la zona, la geología determinó que a partir de los 4.400 metros sobre el nivel del mar (o la cota   4.400, medida que usa la topografía) hacia arriba en el interior y exterior del yacimiento se encuentran los minerales (óxidos) de mayor calidad, concentrados de plata, estaño, zinc y plomo con una mejor ley.

El área es delicada y eso se sabe desde 2004, cuando se promulgó el Decreto 27787. En el tercer capítulo de su reglamento, referido a las Actividades de Exploración y Explotación en Superficie, se determina que entre las cotas 4.400 y 4.700 metros sobre el nivel del mar solo se podrán efectuar labores de exploración, evaluación, explotación y remoción de desmontes, pallacos y sucus (minerales sueltos), sin afectar la roca dura. Pero la realidad es otra.

- ¡Hablar de un derrumbe del Cerro Rico no es una exageración!, protesta Nelson Gutiérrez, vicepresidente del Comité Cívico Potosinista (Comcipo), y lamenta que lejos de dimensionar la gravedad del problema, se lo quiere minimizar.

Son 12 los hundimientos, de acuerdo con los registros de la Corporación Minera de Bolivia (Comibol). Para Gutiérrez son más y lo preocupante es que en los últimos años se han dado con mayor frecuencia. ¿Por qué? Según el cívico, por el no respeto del DS 27787 y también debido a las autorizaciones de Comibol Potosí a través de permisos (torno guías) para el ingreso a la cima del yacimiento y para realizar labores en el interior y exterior de los socavones, lo que daña la estructura del cerro.

- ¿Quiénes son los autorizados?, le pregunto.

-Son algunos mineros afiliados a la Federación Departamental de Cooperativas Mineras (Fedecomin) Potosí. Aquellos que han ocupado cargos en el directorio de la institución y que a partir de estos permisos ‘especiales’ beneficiaron a sus cooperativas, responde sin dudar.

Los que sí dudan y juegan al gato y al ratón, son los representantes de Fedecomin Potosí, que me evaden una y otra vez. Hasta que finalmente su presidente, Edgar Freddy Huallpa, atiende el llamado desde Santa Cruz.

- Nos quieren hacer ver que somos los únicos responsables de todo esto. Pero no se debe olvidar que Potosí es un centro minero, que miles de familias trabajan y que no se puede hablar con tanta irresponsabilidad, cuestiona Huallpa.

Sobre el traslado programado por Comibol, Huallpa lo desmiente y dice que no hay nada acordado.

- Salimos de una reunión con el gobernador justamente porque las zonas de traslado de las que se hablan no están listas. No hay caminos. Además, no se sabe si los rendimientos (económicos) van a ser los mismos a los que se tiene del cerro, detalla el cooperativista minero.

Huallpa rechaza con vehemencia que desde la Comibol se favorezca a algunas cooperativas y se les permita trabajar en zonas prohibidas. Para finalmente indicar que las personas y sus familias de algo tienen que vivir, que el estómago no espera.

Esta ‘fiebre por los óxidos’ se potencia por los excelentes precios internacionales de los concentrados que se extraen del cerro. De acuerdo con la Bolsa de Metales de Londres, al 4 de noviembre, la onza troy de la plata cotizaba en $us 23,73; la libra fina de estaño, a $us 17,373; la libra fina de zinc cuesta $us 1,51 y la de plomo, $us 1,09.

En el caso de la plata, la cotización registra un alza que no se había visto desde 2013. A inicios del año pasado la libra fina costaba $us 17,85, lo que significa un aumento de un 28,8%. Mientras que el precio de la libra fina de estaño en agosto de 2019 estaba en $us 6,69, la de zinc $us 1,08 y la de plomo $us 0,92.

Estos valores, a criterio de Eugenio Mendoza, presidente de la Comibol, van a superar los $us 140 millones que la actividad minera del cerro genera en ingresos de divisas al país y que llegan al departamento de Potosí por concepto de regalías un 85%, mientras que al municipio de Potosí un 15%, haciendo unos $us 4,4 millones.

- De seguir con las mismas condiciones de explotación, el yacimiento va a colapsar. Su impacto no solo será económico, sino cultural e histórico, advierte Mirtha Guzmán, presidenta del Concejo Municipal de Potosí.

El aumento de la inestabilidad del yacimiento para Guzmán tiene nombre y apellido. Se trata de la empresa minera Manquiri S.A. que, de acuerdo con Mendoza, tiene un contrato que está vigente desde 2006 y cuya duración es por 25 años. Anualmente la empresa exporta por un valor de $us 70 millones.

El trabajo con maquinaria pesada, el raspado de la roca dura, los antecedentes de explotar la bocamina por encima de la cota 4.400; el incentivar la compra de los óxidos procedentes de zonas prohibidas del cerro y el rechazo a dar a conocer el contrato, definido como ‘reservado’, son los puntos observados por Guzmán que han llevado a algunos concejales a iniciar huelgas de hambre y a bloquear el ingreso a la empresa minera, en busca de una mayor y transparente información sobre la explotación y comercialización de los recursos potosinos.

Tocado por estas medidas de presión, Antonino Torricos, gerente de Manquiri, en audiencia pública ante el Concejo Municipal brindó algunos detalles.

Precisó que diariamente compran a las diferentes cooperativas del Cerro Rico unas 300 toneladas de óxidos que contienen restos de metal; explicó que también se nutren de otras 4.500 toneladas de pallacos (material suelto) que son transportados por camiones de la empresa Servicios Mineros a Cooperativas S.A. (Serminco) y que unas 1.000 toneladas que llegan del área rural también son adquiridas.

Torricos remarcó que la minera opera removiendo y recolectando el material suelto, producto de los residuos o desmontes de trabajos anteriores; también puntualizó que la empresa levanta los pallacos o sucus que por efecto de la gravedad o la naturaleza se encuentran en las laderas y en la base del cerro. Descartó el trabajo en roca dura y que se realicen operaciones en bocaminas por encima de los 4.400 metros.

Roberto Duchén, hace 16 años que trabaja en la minería y lamentó el enfrentamiento entre potosinos. Sostuvo que las divisiones sectoriales han provocado que el cerro se encuentre en una situación lamentable. Reconoció que el yacimiento es Patrimonio de la Humanidad, pero también es fuente de ingresos económicos de unos 20.000 mineros, por lo que no se puede dejar de tomar en cuenta el aspecto laboral.

Respecto a Manquiri indicó que diariamente procesa, en promedio, unas 4.500 toneladas de óxidos. Que en la empresa de manera directa trabajan 267 personas. Que el 92% de los operarios es de Potosí y que los bloqueos a la empresa no son la mejor alternativa. Duchén es el secretario ejecutivo del Sindicato de Trabajadores de Manquiri.

- ¿Qué hacer?, le consulto a Ramiro Villavicencio, ministro de Minería, que desde La Paz da su criterio.

- De acuerdo con el mandato del presidente Luis Arce, al problema potosino se le debe encontrar una solución técnica, científica y definitiva, responde la autoridad.

Para lograr aquello el ministro precisa que tres son las tareas a realizar. La primera, concretar un escaneo en 3D en el interior del cerro para que se identifique la situación geofísica de la misma. El segundo paso es trabajar para encontrar el material adecuado para el relleno de las zonas con rajaduras y el tercero tiene que ver con el traslado de 2.200 mineros que trabajan por encima de la cota 4.400.

El exministro de Minería Epifanio Mamani, que encabeza la Comisión de Restauración y Rehabilitación del Cerro Rico, sabe que el tiempo apremia y que el cerro se puede quedar sin su cúspide. Por ello, se busca firmar, se lo tuvo que haber hecho el 25 de octubre, un acuerdo con la empresa Contec, que será la encargada de realizar los estudios 3D a los que se refiere Villavicencio.

También desde la Facultad de Ingeniería Minera de la Universidad Autónoma Tomás Frías de Potosí ya se calculó que para los primeros rellenos se van a necesitar 112.000 toneladas de un material muy parecido al que está en la superficie del cerro. La inversión en primera instancia, aunque será modificada, será de Bs 7 millones.

Descender es algo más sencillo. Está por llover y en segundos el agua se convierte en puntitos de nieve. La temperatura baja de golpe. No es bueno quedarse sentado. Atrás queda ese inmenso guardaespaldas que protege a la ciudad de los fuertes vientos. Solo espera un poco de cordura para no derrumbarse.

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