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Cuando juró a la Presidencia, marcó los límites entre el MAS de Evo Morales y su Gobierno. Pero, Luis Arce cumplió su primer año de gestión en medio de tensiones internas y una polarización marcada por una agenda judicial y política promovida por Evo Morales.

“Si él quiere ayudarnos será muy bienvenido, pero eso no quiere decir que él estará en el Gobierno”, dijo Arce a la prensa internacional poco antes de asumir su mandato. En ese momento, el jefe de su partido emprendía el apoteósico retorno al país, luego de un año de asilo entre México y Argentina. 

Desde entonces, el discurso del mandatario se fue modulando en favor de la gestión política de Morales, quien no ha ocultado su aspiración de retornar al poder a través del voto.

Por eso, el 2021 puede pasar a la historia como el año en el que ejecutó una de las estrategias “de ingeniería política” más complejas de la historia, apunta el sociólogo Franco Gamboa, especialista en políticas públicas. “Morales termina el año como el líder político más influyente, pero al mismo tiempo capaz de generar rechazo”.

A pesar de la premisa inicial, Arce cedió varios puestos clave en la administración pública en favor del entorno de Morales. Este “ajuste” se hizo más notorio en el servicio exterior, donde el expresidente tiene varios alfiles. Ante las críticas, Morales llegó a decir: “Hasta el presidente es del entorno, porque fue ministro de Economía en nuestra gestión”.

El MAS

Arce se mantuvo alejado de la gestión política hasta marzo, cuando se produjo la captura de la expresidenta Jeanine Áñez. El operativo generó tensiones entre sus ministros, pero la retórica del “golpe” ganó más terreno y se transformó en el sello de la gestión política de Luis Arce desde ese momento.

De hecho, Morales organizó una multitudinaria marcha entre el poblado de Caracollo y La Paz para respaldar al gobierno de Arce ante una supuesta desestabilización por efecto de las protestas contra leyes que se aprobaron sin una adecuada socialización.

El politólogo Marcelo Arequipa identificó, en este caso, “un problema de gobernabilidad” en el MAS, en un momento en el que el vicepresidente David Choquehuanca cedió en favor de Evo.

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