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Había prometido no ser candidata y que su única tarea era llamar a elecciones. Así ingresó Jeanine Áñez a Palacio Quemado después de la renuncia de Evo Morales a la Presidencia. Lo hizo en medio de conflictos y con sectores sociales afines al Movimiento Al Socialismo (MAS) con sed de venganza. 


No logró vencer el apetito de poder y se convirtió en una postulante más dos meses y diez días después de haber ingresado con la Biblia a la casa de Gobierno. Su gestión fue marcada por actos de corrupción en plena pandemia de coronavirus y las muertes en Senkata y Sacaba. Lo bueno, la aplicación de bonos sociales.


Áñez llegó al poder el 12 de noviembre de 2019 tras días de conflicto. Lo hizo a raíz de la renuncia de Evo Morales y de Álvaro García Linera. Adriana Salvatierra debía asumir la Presidencia por ser la titular del Senado, pero también dimitió. Antes había renunciado Víctor Borda, en Diputados. Así, Áñez, tras ser la segunda vicepresidenta del Senado -el primero era Rubén Medinacelli que también dimitió- llegó a Palacio Quemado.

Había ingresado a la Presidencia con el discurso de convocar a elecciones lo antes posible luego de rearmar el Tribunal Supremo Electoral (TSE). Se declaró candidata -el 24 de enero de este año- antes de que la pandemia ingresara al país. Su excusa fue que la oposición al MAS no pudo unirse y que ella apuntaba a lograr ese objetivo. La crisis sanitaria por el coronavirus golpeó su gestión por los diferentes actos de corrupción en plena pandemia: uno de ellos, la compra con sobreprecio de respiradores mecánicos. Retiró su candidatura el 17 de septiembre.

CONFLICTOS

Al inicio de su gestión, Áñez tuvo que enfrentar a los grupos del MAS, sobre todo en El Alto y Sacaba. La expresidenta firmó un decreto supremo que exime a las fuerzas militares de cualquier responsabilidad penal. En Sacaba y Senkata hubo muertes, por lo que ahora Áñez está por enfrentar un juicio de responsabilidades que es impulsado por el MAS en la Asamblea Legislativa Plurinacional. 

Además, los exministros Arturo Murillo y Fernando López, que salieron del país, enfrentan procesos por la vía ordinaria, al igual que otros colaboradores de Áñez que fueron denunciados por corrupción.

La exmandataria radica en Trinidad, Beni, juró no salir del país y que se defenderá de cualquier proceso que se le instale. 

Reta al MAS desde sus redes sociales y esperará el veredicto del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) que investiga los conflictos de 2019: Áñez ya dio su versión a la delegación que depende de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

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