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En la capital potosina los pequeños callejones con luces amarillas y aire colonial son una invitación para caminar sin mirar el celular. Su gran déficit es que los restaurantes cierran muy temprano y los centros de diversión son escasos, y los pocos que hay están dirigidos a los adolescentes. Por lo que el grueso de la población con más poder adquisitivo queda al margen.

Es llamativo cómo las casas de la época colonial permanecen cerradas o con una que otra tienda en la planta baja. Si uno quiere conocer el interior de las mismas, no puede y solo queda imaginar la arquitectura de los siglos XVI y XVII.

Si bien en el centro histórico parece haber más orden, en el resto de la ciudad el crecimiento inmobiliario es caótico. Sin un rumbo. Donde los gustos arquitectónicos crean una mezcla entre lo colonial y lo moderno que no ayuda a la imagen de un Potosí Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad.

Daniel Oropeza, secretario de Cultura, Patrimonio y Turismo del Gobierno Municipal de Potosí, afirma que en Potosí se tiene una severa crisis, que es económica, social, patrimonial y educativa.

Una desorientación que ha puesto en jaque a la Villa Imperial. En 2014 llegaron los representantes de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y ante las distintas evidencias de daño en la arquitectura, daño en el sistema de lagunas, daño en la montaña de plata, optaron por anotar a Potosí en la lista de ciudades en peligro de perder su categoría de Patrimonio Natural y Cultural de la Humanidad.

- ¿Por qué Patrimonio de la Humanidad?, es la consulta.

-Se debe por el gran aporte que hizo el cerro al surgimiento de la economía global. La producción de plata sistemática desde los siglos XVI y XVII, impulsó el comercio internacional. Potosí fue el productor del 70% de la plata en el mundo en el siglo XVI y del 60% en el siglo XVII. La plata potosina era el dólar de la antigüedad, contesta Oropeza, muy orgulloso.

Esa plata necesitaba ser monetizada. Es así que nace la construcción civil de mayor dimensión de la América Colonial, conocida como “El Escorial de América”. Se trata de la Casa de la Moneda de Potosí. Sus primeros ladrillos se levantaron entre 1759 y 1773. En ella, aparte de los sueños de militares, aventureros y comerciantes, se acuñaron monedas para España de 1773 a 1825, para las Provincias Unidas del Río de la Plata en 1813 y 1815, y Bolivia de 1825 a 1951. Con 248 años de historia de la Casa de Moneda, el mascarón, obra del francés Eujenio Moulon, que vigila la entrada ya no parece sonreír. Tiene una expresión irónica como adivinando el futuro.

Son cinco los sitios Unesco que están observados: la montaña de plata, el sistema de las lagunas artificiales, el río de la Ribera de la Vera Cruz con los ingenios a su alrededor, la ciudad patrimonial de Potosí (156 hectáreas) y Kantumarca.

Para dar una respuesta a esta situación, en julio de 2021 se valida el Plan de Manejo donde diferentes autoridades del Gobierno central, Gobernación, Municipio y otras instituciones se comprometen a trabajar de manera integral para evitar la pérdida del título otorgado por la Unesco. El plan requiere una inversión de unos $us 500 millones.

Sergio Blanco, representante de la agencia de ONU Hábitat en Bolivia, explica que ellos, a partir del reordenamiento de viviendas, pueden aportar para que Potosí mantenga su estatus internacional.

Blanco considera que es un gran honor tener este reconocimiento, por lo que el objetivo es hacer de Potosí una ciudad amigable con su entorno sustentable. Con una industria del turismo fuerte que permita al visitante disfrutar las maravillas culturales y naturales que ofrece la Villa Imperial.

Maravillas que despiertan la sorpresa de los turistas del mundo cuando se enteran que esa metrópoli de los libros, con ecos de ingenios, golpes de palliris, mujeres que escogen los minerales y los parten, existe y no es leyenda. Hacen las maletas para conocerla.

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