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La historia cruceña es patética en su sostenido heroísmo”, mencionaba el historiador argentino Roberto Levillier acerca de Santa Cruz de la Sierra. “Creo que es la frase que mejor nos define”, opina el historiador boliviano Alcides Parejas Moreno. “Patética en el sentido positivo. El heroísmo es sostenido, siempre nos hemos buscado a nosotros mismos, hemos sido protagonistas de luchas históricas, los cruceños avanzamos mucho, pero, de repente, frenamos en seco y solo pensamos en el bienestar personal”, agrega.

Esta historia, que nace el 26 de febrero de 1561, ha sido abordada por muchas miradas, que, como las de Levillier y Parejas, no han estado exentas de pasión al momento de narrar.

Lorenzo Suárez de Figueroa, Juan Pérez de Zurita, Francisco de Viedma, Alcides D´Orbigny, Francis de Castelnau ofrecieron algunas de las primeras reflexiones sobre la sociedad cruceña, mientras que Gabriel René Moreno, en el siglo XIX, ofreció una aproximación al tema de la identidad en la población.

Más tarde serían Enrique Finot, Hernando Sanabria, los hermanos José y Humberto Vázquez-Machicado y Manfredo Kempff Mercado, que plasmarían esta historia en sus escritos, hasta llegar a los contemporáneos José Luis Roca García, Alcides Parejas Moreno y Paula Peña Hasbún.

El escritor e historiador cochabambino Mariano Baptista Gumucio publicó hace dos años Santa Cruz vista por cronistas y autores nacionales y extranjeros, siglos XVI al XXI, como parte de tres volúmenes editados sobre el oriente boliviano, que incluye una serie de crónicas de autores nacionales y extranjeros. La obra ofrece la posibilidad de conocer las visiones de lo que fue la Santa Cruz colonial, republicana e independiente, en esa lucha por subsistir y por integrarse al resto de la nación.

Acerca de la identidad del cruceño
, una referencia obligatoria al respecto lo constituyen los diversos ensayos publicados desde principio de los años 80 por Herman Fernández, los cuales derivaron en el libro titulado Nosotros y otros ensayos sobre la identidad cruceña (1984). A partir de ahí, el análisis de la cultura cruceña y todos sus elementos que la componen fueron objeto de estudio de numerosos autores.


El afán de descubrir nuevas tierras fue una de las peculiaridades del cruceño. Según Roberto Levillier, la fundación de Santa Cruz pertenece a la etapa de los intentos de descubrimiento de las grandes provincias de Chiquitos y Mojos, con el afán de recorrer tierras colindantes, descubrir riquezas mineras y crear nuevos pueblos en sitios adecuados.

En 1541 llegó al continente la expedición del adelantado Alvaro Nuñez Cabeza de Vaca procedente del puerto de Cádiz. En ese grupo se encontraba el capitán español Ñuflo de Chaves, a quien Enrique Finot describe como “un infatigable caudillo con valor militar a toda prueba y constancia inquebrantable para persistir en las más difíciles empresas”

Chaves fundó la ciudad de Santa Cruz de la Sierra un 26 de febrero de 1561, en Chiquitos. Esta primera fundación no logró prosperar porque estaba lejos de la audiencia de Charcas (de la que pasaría a depender la nueva gobernación) y porque los colonos eran muy agresivos.

El nuevo gobernador Lorenzo Suárez de Figueroa fundó el 13 de septiembre de 1590 la ciudad de San Lorenzo de la Frontera, en la margen derecha del río Guapay. En 1591 la trasladó a la otra banda del Guapay, a un lugar conocido como Cotoca y en 1595 fue trasladada a su lugar definitivo, la punta de San Bartolomé, en la margen derecha del río Piraí, en los llanos del cacique Grigotá.

Santa Cruz de la Sierra se encontraba alejada de los centros de poder. La sequía, las malas cosechas diezmaban cada vez más a la población, por lo que se trasladó entre 1601 y 1604 a Cotoca. Y en 1621, por una decisión del Cabildo, se trasladó a la Punta de San Bartolomé y se unificó a San Lorenzo. En 1622 las dos ciudades constituían una sola. El único núcleo que se mantuvo a pesar de todos los embates fue el de Santa Cruz de la Sierra - San Lorenzo.

A partir de su unificación Santa Cruz de la Sierra fue la única ciudad en toda la gobernación, quedó desligada de su enlace troncal con el Río de la Plata, y a su vez se convirtió en la frontera más avanzada de Charcas. Desvinculada de los centros de poder político y económico tuvo que enfrentar varios problemas que fueron a su vez definiendo los destinos de la ciudad y de sus moradores.



“En 1830 en su visita a Santa Cruz, Alcides d’ Orbigny estimó una población de entre 8.000 a 10.000 habitantes, la cual se encontraba integrada en su mayoría por españoles y mestizos”, menciona Paula Peña en La permanente construcción de lo cruceño. Sin embargo, en el transcurso de los siguientes años se realizaron una serie de registros poblacionales que reflejaron diversos resultados.

Al encontrarse totalmente apartados de los centros proveedores desde los comienzos de su vida, los cruceños se vieron obligados a abastecerse a sí mismos.

Al inicio del siglo XX, la situación de Santa Cruz de la Sierra era crítica. Las pérdidas territoriales y la apertura del mercado boliviano a los productos chilenos y peruanos habían debilitado la frágil economía cruceña. Ante esta situación, un grupo de intelectuales que integraban la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz, en septiembre de 1904, envió un Memorando dirigido al Congreso Nacional sobre las ventajas del ferrocarril oriental.

A partir de las recomendaciones de una misión del gobierno estadounidense, plasmada en el plan Bohan, desde 1952 se impulsó en Santa Cruz el autoabastecimiento de alimentos y materias primas esenciales.

La confluencia de esas visiones da lugar al crecimiento de Santa Cruz, que, en medio de esa convergencia, recupera los recursos de las regalías de los hidrocarburos, que fueron la base de su desarrollo.

El 11% de estas regalías comienza a pagarse desde abril de 1959, como corolario de las luchas cívicas encabezadas por el Comité pro Santa Cruz.

Actualmente, Santa Cruz de la Sierra es parte central del desarrollo y crecimiento económico en Bolivia. La capital cruceña ya no es la sociedad aislada de los tiempos pasados que estuvo olvidada del contexto nacional, sino una urbe en crecimiento acelerado tanto económica como demográficamente.

Durante las últimas décadas, ha experimentado una verdadera explosión demográfica. Con un proceso de urbanización a un ritmo acelerado, recibe a la mayor parte de la migración del país y las provincias del departamento.

En el censo de 2012, la capital cruceña tenía 1.453.549 habitantes. Según el Instituto Nacional de Estadística, actualmente crece a un ritmo promedio de 2,2%. Se calcula que para 2030 la población llegará a 4.085.000 personas.



El investigador y artista Carlos Cirbián considera que Santa Cruz se ha visto perjudicada por la política de occidente, poco sensible con el aspecto productivo, pero también afirma que la ciudad no ha sabido abordar el desarrollo humano en la medida que la historia lo ha exigido.

“No solo es profesionalizar a los individuos en aspectos relacionados con lo economía. Hay un ninguneo alarmante a la parte humanística”, afirma Cirbián.

Por su parte, Parejas recuerda que el sostenido heroísmo del cruceño no debe ser de dientes para afuera, sino radicar en toda acción que realiza: “Es en todo sentido, no solo en hacer cosas espectaculares, sino sencillas. No creamos que con gritar Viva Santa Cruz lo hemos logrado todo”.



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