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Por Eulalio Grimalde

Era pasado el mediodía del 1 de julio, un día soleado, común en Río de Janeiro de 1968, cuando un comando de cuatro personas se moviliza por cercanías de un conjunto de edificios cercanos al Jardín Botánico, dos de los hombres se adelantan y atacan a tiros por la espalda a un hombre que, con maletín en mano, saludaba a sus dos hijas que se encontraban en el primer piso de uno de los bloques de vivienda. Ahí quedó tendido con 8 balazos en el cuerpo.

Eran tiempos en que la extrema izquierda se hallaba en ebullición, poco después de la captura y muerte de Ernesto Che Guevara en octubre de 1967, en las guerrillas de Ñancahuazú, en el sudeste boliviano.

El capitán Gary Prado, que estuvo al mando de la sección de soldados del Ranger que capturó al guerrillero argentino-cubano, había sido becado -en 1968- por las autoridades castrenses bolivianas para hacer el curso en la Escuela de Comando y Estado Mayor del Ejército brasileño, en Río de Janeiro.

“Como todos los días, al concluir las clases académicas, salíamos junto con el mayor Otto Maximilian von Westernhagen hacia nuestras viviendas ubicadas cerca de las playas de Río, el alemán se bajó unas dos cuadras antes de la mía”, señala el ahora general en retiro Prado.

Y continúa. “Estábamos a eso de las dos menos cuarto con unos compañeros brasileños de curso tratando de hacer unas tareas cuando suena el teléfono y uno de ellos contesta. Sí aquí está con nosotros, es su orden. Enseguida vamos. Me hicieron alistar y salimos de nuevo para el comando. Ahí nos esperaban los superiores y me hicieron trasladar, junto a mi familia, a un departamento de un edificio que estaba al frente de la escuela militar”.

“En ese tiempo nunca supimos de los pormenores ni el objetivo del atentado, sino que se buscó darme una mayor seguridad a mi persona”, añade Prado

Solo 19 años después, salieron a la luz más detalles sobre la muerte del alemán, en el libro Combate en la oscuridad, del historiador y militante socialista Jacob Gorender.

El exguerrillero brasileño Amílcar Baiardi, actualmente profesor en una universidad de Salvador, Bahía, y único miembro vivo del comando que mató al mayor alemán, lamentó hace unos 14 años, no haber logrado su objetivo. “No se lo dijimos a nadie, ni a los compañeros de nuestra organización” relató Baiardi.

“Físicamente, Gary Prado y el alemán eran parecidos, flacos, altos, el mismo color de piel” cuenta el ex guerrillero.

Después del crimen, relata el ahora profesor, “ocurrió un hecho curioso: el mismo Gary Prado entendió el mensaje que enviamos con la operación y una semana después desapareció de Río de Janeiro sospechando que sería blanco de un atentado”. Algo que desmiente el militar boliviano.

Con mayor seguridad

“Concluido el curso de tres años en la escuela de Comando, todos los extranjeros, unos 10, fuimos felicitados por el gobierno militar brasileño”, sostiene el general Prado, y nos muestra una fotografía donde está con sus compañeros de promoción y el alto mando.

Como parte del curso y ya concluido el programa militar, todos los promocionados participaron de un viaje que los llevó, primero a Panamá, donde se hallaba la base del Comando Sur del Ejército estadounidense y luego a varias academias ubicadas en territorio de Estados Unidos.

“Aquí sí viví unas jornadas bien particulares. Al llegar a Panamá fui apartado del grupo militar y llevado en vehículo oficial mientras el resto de mis compañeros eran trasladados en bus”. Luego fue convocado por el hombre fuerte panameño, Omar Torrijos, a quien, junto a su estado mayor, le tuvo que contar la historia de la captura del Che y algunas anécdotas de las guerrillas bolivianas.

Algo similar ocurrió durante la visita a varias bases en suelo estadounidense, donde dice que él era tratado como una estrella y con limosina esperándolo, mientras que el resto de sus camaradas tenían que trasladarse en bus.

Su trayectoria

A sus 82 años, el general en retiro dice que durante toda su vida pública, como militar y luego como político, siempre sintió el apoyo de la gente y como siempre trató de cumplir con todo lo que se planificaba para que salga bien, en los distintos aspectos de la vida.

Aquí le viene a la memoria un suceso nada grato, que hace muchos años lo tiene postrado en una silla de ruedas. “Hace poco recordé los 40 años de ese hecho; es decir, casi la mitad de mi vida la he pasado así”, cuenta. “Fue un hecho fortuito. Carlos Valverde y un pequeño grupo de cívicos se habían levantado en armas contra el gobierno de Luis García Meza y amenazaban con hacer explotar el campo Tita. Como comandante de la Octava División fui al lugar y tras algunas vicisitudes propias de una asonada como esta, logré hablar con Valverde a quien amenacé con hacerlo desconocer con las autoridades locales y le aseguré un salvoconducto para que, junto con sus compañeros salgan a Paraguay, con lo que logré que deponga su posición”.

El resto es conocido dice: “Ordené que les quiten las armas y las descarguen. En esa labor estaba cuando a un teniente se le escapó un tiro y me partió la columna”.

Pese a todo lo ocurrido y luego de cumplir con sus años de servicio como militar tuvo diferentes actividades en la vida civil. Estuvo como embajador en el Reino Unido y luego en México, donde le ocurrió un impase. Un individuo, durante la presentación de un libro, intentó echarle vino durante el brindis. “¡A la salud del Che, asesino!’’, dijo un crítico, Alberto Híjar, al que le habían servido una copa de vino blanco.

Aparte de ese hecho anecdótico de un tipo ‘desconocido’, como lo llama el general, no ha tenido mayores sobresaltos en la vida subraya. “He estado con dos papas y con mandatarios, dirigentes políticos de derecha e izquierda, sin ningún tipo de problemas”.

“He sido reorganizador del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) junto con Hormando Vaca Díez, un gran y visionario político muy poco reconocido y para quien estoy escribiendo un libro que lo va a poner en su justa medida”, asegura Prado, mostrándonos varios libros de su autoría, entre ellos La guerrilla inmolada, que ya lleva varias ediciones y, a decir del general, tuvo en Fidel Castro uno de sus más fieles lectores y propagandista.

También fue asesor del presidente Jaime Paz Zamora y miembro del primer Consejo Departamental (actual Asamblea Legislativa cruceña).

Con la pandemia en auge, el general se halla prácticamente encerrado. Ahora está a la espera de la segunda dosis de la vacuna Sputnik V, contra el coronavirus...de fabricación rusa, que le está programada para agosto.

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