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El abuso sexual infantil es una de las peores formas de violencia. Daña a los niños y niñas mental y físicamente y les quita la confianza en las personas, en ellos mismos e incluso en sus ganas de vivir. Lo sufren de todas las edades, de todas las clases sociales y lamentablemente es más frecuente de lo que se cree.

El abuso sexual infantil es un crimen que a menudo pasa desapercibido. Reconocerlo no es fácil. Los niños suelen tener miedo y vergüenza de contarle a alguien. Muchas veces, el abusador es alguien que el niño conoce y en quien confía. Puede ser un miembro de la familia o alguien que vive en la casa del niño. También puede ser un extraño.


El abuso sexual infantil nunca es culpa de los niños, no importa lo que sucedió o cómo sucedió.


Probablemente el niño no dirá que ha sido abusado. En cambio, algunas señales y cambios en el comportamiento o las emociones de ellos nos permiten detectar que están sufriendo o han sufrido de violencia sexual.

Los niños responden al abuso sexual de manera diferente. Algunos niños pueden mostrar solo signos muy sutiles y algunos pueden no mostrar ningún signo en absoluto,. por eso es importante detectarlos a tiempo.


Las pequeñas víctimas habitualmente cuentan y expresan lo que viven o han vivido a través de los dibujos y los juegos.


¿Qué es el abuso sexual?

Abuso sexual en general no es solamente la violación. La violación ya es la consumación más extrema. El término es mucho más amplio y se da cuando un adulto, niños mayores o adolescentes involucran a menores en cualquier tipo de actividad sexual, con o sin contacto físico. “Es decir es un abuso del poder que lastima al niño, ya sea física, sicológica o emocionalmente”, explica Ximena Soto, sicóloga clínica con especialidad en niños y adolescentes.

Así es que, lo que en los términos legales se conoce como abuso deshonesto es también abuso sexual, eso implica situaciones como toques impúdicos, incitar al niño a ver películas pornográficas, a copiar escenas sexuales de películas, mostrarse frente a él desnudo, hacer que el niño toque al adulto o que el adulto toque al niño. O casos, como incitarlo a hablar de temas sexuales, a sacarle fotos de su cuerpo, entre otros comportamientos morbosos.

Reconozca las señales

Los especialistas indican que no importa cuál es la relación que el abusador tenga en la vida de esa niña o niño del que sospecha que es víctima de abuso sexual, ya sea su padre, familiar, maestro o entrenador, es importante identificar los signos de abuso sexual, ya que eso puede salvarle la vida al pequeño.


Muchos de ellos callan para proteger o para protegerse y otros callan porque consideran que nadie les va a creer.


Soto, indica que las alertas a nivel físico de que existe un abuso sexual infantil se manifiesta a través de, por ejemplo, cambios repentinos en el sueño, ya sea con pesadillas o insomnios frecuentes, cambios en el apetito: o come más o deja de comer. Se expresa también a través de dolores, que pueden ser somatizaciones: dolor de cabeza, de estómago o al orinar o al defecar. Es frecuente también que un niño que está siendo violentado pierda el control de su esfínter orinándose o haciéndose caca en su ropa.


Retraídos e inseguros, asi se vuelven los niños violentados.


También se dan cambios en la higiene, ya que hay una actitud extrema de querer bañarse más seguido o se resisten a bañarse. “A nivel cognitivo conductual, se pueden encontrar, por ejemplo, cambios en la atención, porque tienen una baja en su rendimiento académico (si van a la escuela) se muestran distraídos totalmente de su entorno y algo muy importante es que sus conversaciones, juegos o dibujos tienen contenidos sexuales. Por ejemplo, los muñecos o muñecas juegan a sacarse la ropa, hacen poses sexualizadas o dibujan las partes íntimas de las personas. A este nivel se observan pensamientos negativos referidos a sí mismos o a su cuerpo. En otros casos existe lo que se llama la hipersexualización: empiezan a tocarse más sus genitales o a masturbarse”, comenta la sicóloga.

La directora del Centro Casa de la Tía, indica también que existen otras manifestaciones del abuso sexual infantil de tipo ‘socioemocional’. Es decir, niños abusados presentan actitudes como si retrocedieran a periodos de desarrollo anteriores: tienden a hablar y a comportarse como niños más pequeños a su edad. A la vez se vuelven más retraídos e inseguros al extremo que se niegan a estar solos o estar solos con otra persona; además de que ocultan secretos. “En este punto hay que recalcar que no deben existir secretos que los padres no sepan cuando los niños son chicos. Paulatinamente uno le enseña a diferenciar lo que es guardar la información privada de otra persona a ocultar cosas que otros adultos hacen con nosotros”, indica Soto.

Un niño que ha sufrido una agresión sexual física o sicológica también expresa sus emociones de manera más intensa, por ejemplo en el caso de la ira y del miedo, probablemente haga más berrinches y se muestre enojado con los padres, porque probablemente siente que no lo han defendido. A la par, aparecen cambios de estado de ánimo con mucha facilidad.

En el caso de los adolescentes, los especialistas indican que los indicadores de abuso son parecidos a las de los niños, pero con mayor intensidad, porque vamos a encontrar sintomatologías de depresión, tendencia a autolesionarse, golpearse, lastimarse e incluso intentos de suicidio. También podemos encontrar actitudes promiscuas, consumo de alcohol y drogas.

Pero ¿por qué es frecuente que los niños y adolescentes callen la violencia sexual”. “Para proteger a alguien, porque el agresor le dijo que lo iba a lastimar o que le va hacer algo al hermano pequeño o que va a lastimar a los padres o que se lo va a llevar y lo va hacer desaparecer. Muchos de ellos callan para proteger o para protegerse y otros callan porque consideran que nadie les va a creer y eso es lo que logra el agresor y también callan porque en las familias existen temas de los que no se hablan y tienen miedo de un castigo, porque la mayoría de los niños se culpa a sí mismo sin tener culpa alguna”, sostiene la sicóloga.

Consejos

Una de las cosas importantes que puede prevenir un abuso sexual es mejorar la comunicación de padres e hijos. Hablarles de que uno está abierto a escuchar todo. “Reforzar la confianza y, desde mi perspectiva personal, yo invitaría por ejemplo a los padres a permitir que sus hijos se defiendan. Hay muchos padres que cuando el hijo se defiende, ya sea verbal o físicamente lo castigan o les pegan. Si el padre o la madre no le permiten defenderse, tampoco lo podrán hacer de otro adulto y cuando un niño no quiere besar o acercarse a un pariente o amigo de los padres hay que permitírselo. Si el niño se siente incómodo con un adulto, el padre no tiene por qué someter la voluntad del niño a la deseabilidad social de él”, aconseja la especialista.

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