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La trompeta suena todo el año, al ritmo de carnavales, taquiraris, chobenas y brincao. También se escucha alguna cueca, un samba y uno que otro tema de moda. El que diga que en Santa Cruz la banda solo es para Carnaval, miente. Este 2020 ha sido distinto, pero la música no paró.

Uno de los sectores más golpeados por la crisis sanitaria fue el de los músicos. Entre ellos se encuentran los banderos, que sintieron los efectos de la pandemia casi de inmediato, desde aquellos que se reúnen en la plaza del Avión Pirata (que están aglutinados en una asociación), hasta las bandas reconocidas, con una tradición familiar que los convirtió en referentes en la sociedad.

A medida de que los días de confinamiento se iban alargando, las normas de contención del Covid-19 por parte de las autoridades eran más estrictas, la situación se tornaba más oscura e insostenible para las bandas. No había manera de generar ingresos por eventos, fiestas, reuniones familiares o cualquier otra ocasión por las que se requieren sus servicios.

Hasta que un buen día decidieron salir. Se juntaron en una esquina y empezaron a transitar por el pavimento y las losetas de la ciudad de los anillos.

De repente, la cuarentena empezó a tener sonido, la quietud de las mañanas fue rota por las melodías de Chirapas, Pan con fleco, Cuando muera el Carnaval, Viva Santa Cruz o Tamarindo seco.

Los banderos salían por los barrios a ganarse la vida, a darle alegría a los corazones, a combatir la pandemia con esas piezas que han quedado para siempre en el cancionero popular de la región.

Millenium

Wilman Quiroga dudaba de salir. Sentía que era un riesgo para su salud y la de sus compañeros. Pero la necesidad era más fuerte. Entonces, decidieron que el director de una de las bandas más cotizadas de la ciudad de los últimos años se quedara en casa. Saldrían los compañeros de grupo. “Mis muchachos me cuidan”, afirma.

Apelar a la solidaridad no fue fácil en un principio. Mucha gente no entendía que los músicos pasaban necesidades, igual que la mayoría, por ello creían que si sonaba la banda en algún lugar era porque alguien estaba festejando un cumpleaños o se estaba desarrollando alguna actividad.

Con el paso de los días se convirtió en una postal del confinamiento observarlos por las calles, escuchar la música y motivarse a apoyarlos con dinero.

Cuando les va bien a los muchachos traen hasta unos 60 u 80 pesos. Les agradezco, la verdad, porque ellos van por la calle como pidiendo limosna, pero lo que hacen es lo mismo que siempre han hecho, interpretar música para todo el que la quiera escuchar”, dice Quiroga.

La gente ha sabido valorar, en estos tiempos, en los que se están soportando tantas desgracias y tristezas, que la música se convierte en un bálsamo que cura heridas, que alegra el alma y permite por unos momentos despejar la mente de problemas”, afirma Quiroga, director de una de las agrupaciones más ganadoras de todas las versiones del Festival de Bandas, organizado por la fraternidad Crema Camba.

También viajó en varias ocasiones a Francia, España, Suiza, representando al país en diversos eventos, como también al Carnaval cruceño en Estados Unidos.

La baja por enfermedad de uno de los músicos, obligó a salir a Quiroga. Así pudo palpar de cerca la respuesta de los vecinos.

“Nosotros salimos y le damos gusto a la gente, nos piden una canción y se la tocamos, me piden Niña camba, El cazador, Duraznero, le damos el gusto, lo hacemos”, menciona.

Siempre habrá la posibilidad de complacer pedidos. Y no solo folclore oriental, sino también una que otra cumbia, como esa que dice ‘amor pirata, amor de contrabando, amor criminal’.

También han vivido episodios ingratos. Como la vez que un hombre los mandó a buscar trabajo de otra manera.

“Como si lo que hacemos no fuera digno. Nuestro trabajo es digno, nos ganamos la vida de esta manera”, protesta.

El recorrido por los barrios tiene su cuota de satisfacción cuando reciben el cariño de la gente, apoyo económico o víveres, pero también representa un sacrificio en la parte física, porque, después de varias horas por las calles las fuerzas menguan y el agotamiento se hace presente, sobre todo cuando el calor reina en la ciudad.

“Hay gente que nos manifiesta su preocupación por el tiempo que está durando esta crisis, y nos cuentan sus inquietudes, mientras esperan que toquemos la pieza de su predilección. Es un gusto para nosotros hacerlo. La música es nuestra vida”, agrega.

Pioneros

Existe una nueva camada de músicos jóvenes, pues hasta hace unos años, la mayoría de ellos, eran mayores. Varios son maestros que viven en la capital cruceña y componen ritmos tropicales. Otros son hijos de músicos del interior, hecho que ha marcado un importante fenómeno cultural.

Uno de ellos es Bernardo Mamani, orureño que interpreta los ritmos orientales con alma, vida y corazón con la banda Pioneros.

El músico afirma que, durante la cuarentena, han salido muy poco, apenas a un par de reuniones familiares, más no así a las calles.

Don Bernardo trabaja en la Alcaldía, al igual que otros de sus compañeros de banda, razón por la que no han tenido las mismas dificultades económicas que otros de sus colegas. “También sentimos la necesidad de tocar, de juntarnos, de compartir con la gente. A partir de la apertura a los eventos artísticos, vamos a organizarnos para tener más actividad”, señala Mamani.

Piratas

Nicandro Cruz lamenta que la pandemia les hubiera quitado el derecho a seguir tocando en fiestas y eventos durante tantos meses, pero no se arrepiente de haber cuidado la salud y seguirlo haciendo por su familia y la de sus compañeros de la banda Piratas.

No obstante, a pesar de los riesgos, decidieron salir en junio y durante los horarios de circulación permitidos. Los bolsillos ya no aguantaban de vacíos y se vieron obligados a recorrer los barrios.

Cruz destaca la respuesta de la gente, que los sigue colaborando, aunque admite que, en los últimos días, ya no ocurre con la misma frecuencia de los primeros. “Ya la gente se cansa y se nota la falta de plata, porque muchos prefieren guardarse sus billetes para la comida u otra cosa más urgente que haga falta. Nos hemos topado con varias bandas en la calle que están pasando por lo mismo. Ya la situación, a estas alturas del año, se ha vuelto imposible de aguantar”, señala el músico.



Sonora Cara Maldita

Junio también fue el mes en el que la banda de Domingo Hurtado decidió salir. “Pero salíamos de a poco, porque tampoco queríamos arriesgarnos. La necesidad de subsistir nos obligaba; con cada músico hay una familia detrás, entonces, ni modo, a salir con alcohol y barbijo nomás”, recuerda.

Gracias a Dios no se contagió nadie de Covid-19, pero no nos libramos de algunos resfríos, debido a que nos tocó salir en una de esas jornadas muy frías de este invierno, con sur y chilchi. Pero lo mitigamos con remedios naturales”, continúa.

Hurtado recalca que nunca fue exigente con las personas, ni le parece que es obligación de nadie ayudar. Pero es un agradecido con aquel que se les acercaba y en lugar de darles dinero, les entregaba un kilo de arroz, de harina o de fideos, a cambio de algunas canciones.

La gente es agradecida con el músico que logra alegrarla en estos tiempos difíciles. Bailan en su canchón, en su patio, en su sala y, nosotros, desde la calle tratamos de hacer más llevadera la vida”, añade.

En varias ocasiones han sido testigos de las lágrimas que se le caían a algunas personas al escuchar sus melodías favoritas o esas que le evocaban a algún ser querido. Todo es un cúmulo de sensaciones, de alegría y dolor, de esperanza y frustración. La música logra tocar el corazón del que escucha una pieza que siente que le pertenece. El músico lo sabe y comparte ese sentimiento.



Nos hemos topado con personas que han perdido a algún ser querido, que han salido para pedirnos que le toquemos esas canciones que les gustaba, para acordarse de ellos. Nos ha pasado que se ponen a llorar y a uno se le hace un nudo en la garganta”, cuenta Hurtado, que señala entre los más solicitados están los taquiraris de Oriente y Blooming, como también Viva Santa Cruz.

Varios artistas han recurrido al uso de la tecnología como una alternativa para continuar tocando durante la cuarentena. Las bandas no han sido la excepción, ya que varias de ellas han efectuado trasmisiones en vivo en las redes sociales. El 23 de septiembre, la banda Sonora Cara Maldita participará del festival online dedicado a Santa Cruz y organizado por la orquesta Guachambé.



Perucho

Una banda tradicional, que no se quiso quedar atrás con la tendencia de presentarse en vivo por las redes, fue la conformada por los descendientes del gran Perucho Suárez.

En este tiempo efectuaron tres transmisiones en las que interpretaron su variado repertorio y fueron vistos por miles en diversas partes del mundo. “Gracias a Dios, hubo gente que nos contrató para estos eventos online, es gente que reconoce la trayectoria de la banda”, expresa Perucho Jr. director de la agrupación.

El músico comenta que la banda decidió no salir toda la cuarentena, hasta la semana pasada en la que estuvieron presentes en una reunión familiar, “siempre guardando las distancias y la higiene”, asegura Suárez.