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¡Es una jodida locura !, dijo sorprendido.

Por más que no sea un improvisado en materia de cine, Bong Joon-ho parecía necesitar un pellizco para creer que había ganado el galardón más codiciado en el mundo del Séptimo Arte.

Su filme Parásitos hizo historia. En la última gala de los Óscar se convirtió en el primero de habla no inglesa en llevarse la estatuilla a Mejor película, sin contar los otros tres premios: a Mejor guion, Mejor película en lengua extranjera y a Mejor director.

Ningún novato

Lo de Bong no es cosa de la buena fortuna. El cineasta de 50 años ya tiene un historial de logros en lo que concierne a la pantalla grande. Es una eminencia en su natal Corea del Sur, de la que suele mostrar aspectos poco conocidos, como en esta última producción, en la que reflejó las diametrales diferencias de las clases sociales.

Probablemente tenga que ver con su paso por la facultad de Sociología y por el servicio militar obligatorio, previamente a su ingreso a la academia de cine. Bong tiene entre sus aventuras ataques a la Policía con cócteles molotov, en los peligrosos momentos de la transición de un régimen militar al democrático.

En sus antecedentes cineastas figuran al menos nueve películas dirigidas por él y otras nueve como guionista.

Memories of murder (2003) es una de ellas, se trata de una cinta basada en hechos reales, sobre asesinatos en serie que sacudieron a Corea del Sur en los 80 y que mostró una sociedad represiva, como consecuencia de la dictadura militar.

También están The Host, que retrata a un gobierno incompetente e indefenso luego de un desastre.

Pero con Parásitos Bong llega a la cúspide ante la mirada de los consagrados de la meca del cine, como Tarantino y Scorsese.

Antes de sus cuatro Óscar, el director ya había ganado Palma de Oro en Cannes, Globo de oro, Bafta y muchos otros. El éxito ya estaba encaminado.