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Silvana Vincenti

Mientras el cambódromo parece llenarse con ‘todos’ los comparseros de la ciudad durante el corso, en el quinto anillo, entre las avenidas Cumabi y Tres Pasos al Frente, se va armando una fiesta paralela con carnavaleros propios.

Es el corso de las ciudadelas, de la Villa Primero de Mayo, la Pampa de la Isla y el Plan 3.000, que desde el año 2003 reúne a vecinos de barrios en busca de preservar tradiciones de antaño, como el uso de carretones jalados por bueyes y mucho, pero mucho tipoy. “A diferencia del gran corso del cambódromo apostamos más por las tradiciones que por el espectáculo en sí mismo”, explica Andrés Romero, cofundador y presidente de la Federación de Comparsas Carnavaleras de las Ciudadelas (Feccci).

Unir a tres ciudadelas tan grandes para una misma causa carnavalera no fue tarea sencilla. Hubo varios amagos, todos los años, desde el 98 hasta el 2002, por falta de acuerdo. Fue por fin en 2003 cuando salió humo blanco.

“Existían diferencias entre las ciudadelas, pero el 2003 convergió nueva dirigencia, encabezada por la Asociación Villa, Pampa y Plan, entonces se dio la posibilidad de llegar a un acuerdo, bajo un objetivo nuevo, uno de los promotores fue Julio Alberto Abraham, nos sembró la semilla de hacer algo nuevo, que no compita con lo que hacía la Asociación Cruceña de Comparsas Carnavaleras (ACCC), explica Romero.

Para llegar al ansiado acuerdo tuvieron que negociar los puntos de mayor conflicto: qué ciudadela coronaría, qué comparsa, quién sería el presidente de la Feccci y cuál sería el recorrido del corso. 

Decidieron rotar; uno toma la presidencia de la Feccci, otro la coronación de la reina y el otro el recorrido del corso. “Así fue como de manera salomónica empezamos, pero tres a cuatro años después elegimos un recorrido fijo sobre el cuarto anillo, sin embargo, ahora estamos sobre el quinto porque ocasionábamos mucho caos al tráfico del transporte pesado”, recuerda Romero.

Personajes que perduran

Han pasado 17 años desde que el primer corso de las ciudadelas aglutinó a los vecinos que habitan sus barrios. La Pampa de la Isla es la que más comparsas aporta cada año. A pesar del transcurso del tiempo, hay personajes que se mantienen firmes en este ‘bunker’ de las tradiciones.

Uno de ellos es Andrés Romero, que después de 11 años volvió a encabezar la Feccci. Otra figura que salió de la gran fiesta de las ciudadelas es Herland Burgos, más conocido como Camba Calucha. Su talento para declamar poesía costumbrista salió a la luz gracias a la agenda de la Feccci. 

“Las proclamaciones de reinas de diferentes comparsas de las tres ciudadelas me abrieron paso a las coronaciones de las tres principales reinas de la Pampa de la Isla, el Plan 3.000 y la Villa Primero de Mayo. Tuve la oportunidad de participar de uno de los mejores corsos tradicionales que hay en Santa Cruz, el de las ciudadelas”, recuerda Camba Calucha. 

Su talento incluso ha llegado a Europa, hace cuatro años que ha estado ausente debido a viajes al Viejo Continente, donde los residentes bolivianos lo reclaman.

A sus 95 primaveras, María Luisa Caldera es un verdadero patrimonio de la fiesta grande de las ciudadelas, es una especie de reina de antaño vitalicia. Desde la primera versión del corso desfila con sus galas, su corona y su cetro, a pie, valga la aclaración, excepto cuando ha estado un poco delicada de salud.

Hay quienes la llaman ‘Rose de las ciudadelas’, en honor a la anciana protagonista de la película Titanic.

María Luisa es la única reina que siempre se repite, ya que la reina del Carnaval de cada año varía. Este 2020, la elegida es Juliana Camacho, coronada por la agrupación La pitita carnavalera, del Plan 3.000.

‘Chichi’ Justiniano es uno de los cofundadores de la Feccci que continúa activo y que ha retomado la presidencia de la Asociación de Comparsas de la Pampa de la Isla.

Junto con él, Andrés Romero, que encabeza la Feccci, se mantiene vigente, incluso la tesis de licenciatura de Andrés estuvo dedicada al Carnaval de las ciudadelas.

Otro personaje fiel a la causa festiva, que no pudo estar presente en la sesión de fotos, es Tito Rodríguez, habitante de Porongo que desde la primera versión apoyó con los carretones.

Empezó haciendo las gestiones para llevar los bueyes y los carretones desde las distintas comunidades porongueñas hasta el punto de encuentro del corso, sin embargo, resultó más fácil enseñar a los comparseros a construirlos en el ‘lugar de los hechos’ y sigue colaborando hasta la fecha.

Con bueyes. Los carros son jalados por animales, como en los viejos tiempos

Patrimonio

En 2018, el pleno de la Cámara de Diputados aprobó una ley que declara Patrimonio Cultural e Inmaterial del Estado Plurinacional de Bolivia al Corso de las Ciudadelas (Pampa de la Isla, Plan Tres Mil y Villa Primero de Mayo), que rescata las tradiciones y costumbres carnavaleras del departamento cruceño.

La entrada de las tres ciudadelas forma parte de la fiesta grande de los cruceños como expresión viva de los valores culturales y tradiciones populares. 

En este evento se pueden apreciar carretones y personajes legendarios, como el Duende, la Viudita y el Mojón con Cara. Además, las comparsas desfilan con hermosas reinas, bailando al ritmo de la tamborita y las bandas de música. Las soberanas hacen su recorrido encima de carretones jalados por bueyes.




La fiesta de las ciudadelas también tiene reconocimiento departamental y municipal, este último tiene normada una bolsa de premios de Bs 49.000 para las presentaciones más destacadas, específicamente en el corso.

Le llegó la modernidad

Si bien las ciudadelas se aferran a sus tradiciones con uñas y dientes en la época carnavalera, temas como la inseguridad no solo han tocado a la mojazón en el centro de la ciudad, también en los barrios.

Andrés Romero reconoce que debido a los malos comportamientos de jovenzuelos que confunden la época con tiempos de guerra entre pandillas, los padres han optado por cuidar de que los festejos se realicen en casas.

“No son garajes, sino casas de espera, se busca un padrino para el primero, o el segundo o el tercer día de la mojazón, que invite una patasca a los comparseros, y ahí transcurre la diversión, llegan con su tamborita y los vecinos los reciben. 

Las turbas de muchachos embarrando en las calles eran la imagen tradicional, pero en los últimos años eso está venido a menos debido a la violencia. Eso sí, las guerras de vejigas entre los niños se mantienen invariables, ellos disfrutan el Carnaval como siempre”, explica.

Este año, la agenda carnavalera de las ciudadelas se vio reducida por el paro cívico, pero además ha sentido el impacto del bajón económico en los auspicios. Sin embargo, no piensan bajar los brazos, y las actividades ocuparon ocho fines de semana continuos.

   

Las tres reinas. Juliana Camacho, Carolina Sánchez y Karla Vaca



 Ballets. Participan, pero en menor proporción que en el gran corso del
cambódromo

La calle de antes. En las ciudadelas los comparseros empiezan a encerrarse