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Un instante mágico se nos presenta cada vez que ese personaje de sombrero largo y traje oscuro toca algo con su varita. Aparece un conejo, una paloma o una mujer dentro de una caja; una pañoleta se transforma en un plumero o la carta que escogimos se esconde misteriosamente en otro mazo.

En el Día Internacional del Mago, cinco artistas del ilusionismo nos relatan anécdotas y lo que significa dedicarse a esta profesión en estos tiempos en Bolivia.

La capacidad de asombro

David Cuenca aprendió sus primeros trucos cuando tenía ocho años. Actualmente, es gerente de Showmagia en Santa Cruz, empresa en la que promociona y realiza diversos espectáculos infantiles y para toda la familia.

El Mago David cree que la profesión del mago está llena de alegrías, pero no olvida que hay momentos difíciles, como en la actualidad, en que se han visto en la necesidad de buscar alternativas, como la virtualidad, para poder continuar.

No es lo mismo que actuar frente al público, porque uno aprecia de cerca las reacciones, estar frente a una cámara te limita, en cierto sentido, pero, de todos modos, es una experiencia muy renovadora. El vernos obligados a adaptar nuestro show a esta realidad nos ha permitido ser más creativos”, asegura Cuenca.

David asegura que nada se compara con la satisfacción de causar asombro en el público y de contribuir a hacerle la vida más llevadera por algunos minutos.

“La magia es el arte de hacer posible lo imposible. Y, para todo artista, seducir al público y ser correspondido es el alimento que necesita. Afortunadamente, el público en Bolivia está siempre abierto a experimentar cosas nuevas”, añade Cuenca, que llama la atención a las autoridades sobre la falta de espacios culturales y de formación en la ciudad, no solo para magos sino en todos los niveles artísticos, desde actores hasta cantantes y bailarines.



Agradecido. “El público boliviano es muy cariñoso y sabe reconocer cuando un artista puso toda su capacidad y todo su amor en el escenario”, expresa Byron.

El oficio del mago

Con el objetivo de luchar por esos espacios para los artistas y difundir su trabajo, en 2010 nace la Asociación de Ilusionismo y Magia Boliviana Enigma. Dardo Vilar, su actual director, se refiere a la complicada situación que han tenido que atravesar este último año y la considera como una oportunidad para redefinir el presente del sector.

“Estar alejados de los escenarios representa una pérdida de la fuente de ingresos de muchos artistas. Pero el lado interesante de la situación está en los que lograron crear nuevas ilusiones que funcionen a través de videollamadas e incursionar en nuevas redes sociales, como Tik Tok, además de crear magia utilizando la realidad aumentada”, explica Vilar.

El artista menciona que el oficio del mago no solo es importante desde el aspecto del entretenimiento, sino que puede ir más allá, enseñando, educando y transmitiendo mensajes, además de ser una herramienta muy potente a la hora de captar la atención de las personas.

Iniciarse en la magia puede darse por serendipia o por una búsqueda personal, al igual que cualquier arte. Si realmente te apasiona, entras a una profesión que exige una formación muy rigurosa, porque no solo debes aprender a realizar los efectos de magia, que implican desarrollar una serie de destrezas dactilares, coordinaciones motoras musculares complejas, timming, conocimiento y aplicación de técnicas psicológicas, el mago también debe formarse en otras áreas, como la actuación, la rítmica, el baile, la música, la iluminación y la fotografía”, agrega.

Aprendizaje

El arte del ilusionismo brinda sensaciones que desencadenan en diversos sentimientos, desde risas y miedos hasta la ilusión de algo que no puede ser cierto.

Esa característica del oficio fue la que llamó la atención desde un comienzo al Mago Byron y lo llevó a abrazar la magia desde niño. Actualmente, es uno de los ilusionistas más reconocidos del país y ha demostrado su talento en varios certámenes de magia en el exterior.

Asimismo, dirige la Academia Boliviana de Magia e Ilusionismo de la que han surgido varios magos ganadores de premios en festivales de Argentina, Colombia, Perú, México y Brasil.

Los frutos de su labor son los que convencen a Byron de que la formación es fundamental al momento de marcar la ruta de un mago. “Un artista de la magia debe formarse en una institución que pueda brindarle todas las comodidades para su aprendizaje, desde una biblioteca hasta una videoteca y todos los materiales de utilería que requiere nuestro arte. Como en todas las artes, el desarrollo de un artista tendrá mucho que ver con su esfuerzo, su talento y su maestro”, comenta.



3. Visión. Gagliardi considera que la niñez en formación requiere de la ilusión que un mago le puede brindar para
ampliar sus expectativas

4. Dirigente. Dardo Vilar dirige la asociación Enigma, que procura el fomento, la difusión y el cuidado y preservación del
arte de la magia en Bolivia

Saber llegar

El padre de Víctor Hugo Díaz falleció cuando era muy joven, por lo que tuvo que hacerse cargo de su familia, trabajando de día y estudiando de noche, lo que lo alejó de su vocación primaria: el sacerdocio. Luego comenzó a vender productos con un traje de payaso y pasó a animar fiestas infantiles.

Así nació Locotito, el nombre artístico de un payaso que, entre todo su material, sobresalía el número de magia.

Pero Díaz también tenía la vocación de profesor. Y fue así que, a lo largo de su vida y hasta hoy, a sus 65 años, desarrolla ambas facetas: es un mago profesor que sabe cómo usar la magia para enseñar a los más pequeños.

Locotito es un artesano de la magia, él hace sus propios trucos, se preocupa por seguir aprendiendo. Lleva 40 años en este arte y, en todo este tiempo, ha logrado ganar experiencia tanto en el escenario como fuera de él y ha sabido encontrar la fórmula para llegar a todos los públicos, aunque el infantil sigue siendo el que prefiere.

El artista critica a “los que se hacen llamar magos y no hacen más que desmerecer el trabajo del que investiga, aprende y practica todos los días”.

Menciona que las nuevas generaciones tienen más recursos y van descubriendo cosas nuevas.

“Algunos aprendieron un truco en internet y creen que ya son magos. El problema es que lo aprenden mal y no lo usan bien. No se trata solo de lograr que la mesa flote, sino de vivir ese truco, de hacer que la gente se ilusione, más allá de entretenerla, el público quiere ser protagonista de la magia y, en ese sentido, el mago es el responsable de hacer que eso ocurra”, señala.


5. Locotito. Víctor Hugo Díaz es un referente de los magos en La Paz. De sus 65 años de vida lleva 40 como ilusionista. Se inició como payaso.

6. Experto. Locotito dice 
que hay que saber ganarse al público, seducirlo. “Los niños, generalmente, son los más difíciles, hay que saber llegar a ellos”.

Un rol

El mago Andrés Gagliardi opina que, para llegar a ser un buen mago, se debe profundizar en el estudio dentro de las muchas áreas que tiene este arte, así se logra dominar las diferentes formas que existen de magia, como la cartomagia, las monedas, el mentalismo, la prestidigitación, la magia con palomas y la magia infantil.

“Un mago se forma toda la vida y eso, quizás, nunca se termina. La condición para poder ser mago es poder ilusionar como todo artista a su público; la magia sin el público no es magia. A diferencia del pintor, que puede pintar un cuadro en soledad, la magia es personal e interactiva, por lo tanto, el que desee interpretarla tendrá que poseer ciertas aptitudes sociales o desarrollarlas en su proceso”, explica.

Gagliardi considera que un mago cumple un rol muy importante dentro del entretenimiento porque juega con la ilusión y el asombro de poder romper con los conceptos de imposibilidad.

“Actualmente, a las personas les resulta cada vez más difícil asombrarse en un mundo donde la ciencia y las tecnologías avanzan y crecen de formas prodigiosas. Un mago es un actor que interpreta el papel de alguien que puede desafiar las leyes naturales, haciendo posible lo que parece imposible”, indica.

Como herramienta de enseñanza es muy completa ya que un buen mago tendrá que recurrir a muchas de las ciencias para formarse, entrenarse y desarrollar habilidades físicas, mentales y sociales para dominar el arte y la presentación ante el público, con lo cual se beneficia de una serie de capacidades que le serán útiles no solo en el campo artístico sino también en su vida personal”, finaliza Gagliardi.

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