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Como es tradición, las familias bolivianas se reunirán este 24 de diciembre para celebrar la Nochebuena y esperar unidos la Navidad, una de las festividades más importantes de los católicos, que celebran el nacimiento de Jesús.

La Navidad es una de las tradiciones más prolongadas en el tiempo y también una de las más complejas, incluyendo un extenso calendario de eventos festivos que abarca casi tres semanas de rituales, costumbres, símbolos, mitos, ceremonias, leyendas, creencias y convenciones alrededor de las que se reúnen un tercio de los habitantes del planeta.

A pesar de que la tradición navideña, basada en el relato bíblico, ha sufrido diversos cambios y con el tiempo se le han ido agregando diversos elementos, desde el árbol y la figura de Santa Claus o Papá Noel, hasta la cena de Nochebuena, los regalos y el brindis de medianoche, la figura central heredada del cristianismo se mantiene: el nacimiento.

En una de sus últimas audiencias generales, el papa Francisco explicó la importancia de tener el pesebre en casa, además de la necesidad de contemplar cada uno de sus elementos en el tiempo del Adviento y la Navidad.

En las casas de los cristianos, durante el tiempo de Adviento, se prepara el pesebre, según la tradición inaugurada por San Francisco de Asís. En su simplicidad, el pesebre transmite la esperanza”, señaló el papa.

“En primer lugar, nos fijamos en el lugar en el que nace Jesús: Belén. Una pequeña aldea de Judea donde mil años antes había nacido David, el pastor elegido por Dios para ser rey de Israel”.

El pontífice recordó que Belén no era una capital, “y por eso fue el lugar preferido por la providencia divina, que ama actuar por medio de los pequeños y los humildes”. “En aquel lugar nace el esperado salvador, Jesús, en el cual se encuentran la esperanza de Dios y la esperanza de los hombres”.

Dedicación

Así como hay familias que han mantenido por generaciones la tradición de armar el nacimiento con todas las imágenes características, también permanecen los restauradores del Niño Jesús, de la Virgen María, de José, los Reyes Magos y todos los personajes del pesebre. 

Son imágenes de yeso que guardan un valor muy importante para mucha gente, por eso, cuando sufren algún deterioro, ya sea por el paso del tiempo o por algún accidente, acuden a estos expertos artesanos, que cuentan con todas las herramientas y el conocimiento para dejarlos como nuevos.

Se trata de una labor que puede ser compleja dependiendo de la magnitud del daño que ha sufrido la imagen o el cambio que solicita el cliente. Desde el pegado de pestañas, el colocado de cabellos (que generalmente está hecho de soga pintada), hasta el pintado y la reconstrucción de las estatuas, parcial o totalmente, se trata de una tarea que requiere de dedicación y empeño.

Lisandro Ríos tiene 10 años de experiencia en el oficio, que realiza en su taller situado cerca del cementerio general de La Paz. Sin embargo, su habilidad para restaurar tiene su origen mucho más antes.

El joven, de 28 años, pertenece a una familia de artesanos y heredó la habilidad de restaurar imágenes por parte de su abuela, que, a mediados de los años 60, cuando vivía en Laja (población a 25 kilómetros de la Sede de Gobierno), se dedicaba a elaborar diversas figuras decorativas y estatuillas de madera, a la vez que comenzaba a restaurar santos de yeso.

Ella transmitió a los padres de Lisandro el arte de trabajar las piezas, que también pueden ser de cerámica o cera, a darles forma y a aprender a ver los detalles.

Niños, personajes de nacimientos enteros y figuras de todo tamaño (algunas hasta de dos metros) llegan a sus manos para cobrar una segunda o tercera vida. Algunos llegan casi insalvables, pero para Lisandro no hay imposible cuando se trata de restaurar una pieza o una imagen entera,

Generalmente, si el cliente le trae la pieza faltante de la imagen, por ejemplo, el dedo, básicamente, se trata de ajustarlo, lijar y pintar. Si la pieza que falta no se encuentra, se talla con todos los detalles.

“Lo que hacemos es modelar el cuerpo, todo esto toma, por lo menos, unos tres días. Los dos primeros en el tallado y el moldeado; en el tercero, la pintura. Todo depende del clima, el frío o la humedad juegan en contra”, explica.

Le han llegado hasta figuras partidas en mil pedazos, pero para Lisandro no hay obstáculos, todo se puede salvar. “Hasta quemados me han traído, porque la gente pone la vela junto al nacimiento o el santo y se les quema”, añade, mientras se queja de la gente que viene a última hora y quiere el trabajo en un día.

Benjamín Morales también sabe de restauraciones complejas. En su tienda taller de la zona de Garita Lima, en La Paz, ve como la demanda por trabajos de ese tipo ha aumentado.

Las manos, los pies y los ojos son los detalles que más se tienen que restaurar. El trabajo más simple puede costar solo Bs 10. Pero uno más elaborado, sin importar tanto el tamaño, puede sobrepasar los Bs 90 o Bs 100.

“Lo que más llega en esta época es el Niño, después la Virgen, los Reyes y José. Algunos piden que se le cambie el cabello al Niño y se le mejore el rostro. Entonces, para ello, se retoca la parte de los ojos, algunos quieren ojos lo más reales posibles, que se noten bien las pestañas y los detalles, como el brillo y el color”, menciona Morales.

“En estos días salen muy bien las mascarillas de bioseguridad en los Niños; la verdad, no creía que iba a haber tanta demanda, pero nos está yendo bien. Hay en todas las medidas y el material es plástico PVC. También viene con los trajes de bioseguridad y con chalecos”, agrega.

En la calle Beni de Santa Cruz, frente a la iglesia San Andrés, entre lijas, espátulas, brochas y pinceles resaltan centenas de imágenes de diversos tamaños, procedencias y materiales. Allí se encuentra Pedro Mercado. Está sentado, pintando un niño de 30 centímetros, que le han encargado para el día siguiente.

Para dar color a sus restauraciones, utiliza pintura sintética para autos y para rellenar los espacios faltantes de las piezas lo hace con masilla. Pedro tiene mucha paciencia a la hora de aplicar las capas de pintura y delinear los detalles en el rostro del pequeño Jesús. La calidad de su trabajo es reconocida entre quienes acuden a él y saben que su mano experta les devolverá una imagen mucho mejor que la que entregaron.

“Es, básicamente, un trabajo artesanal. Lo principal es saber rellenar bien las grietas cuando el daño de la pieza no es muy considerable. En caso de tener que reconstruir partes enteras hay que usar la cantidad correcta para que la imagen no quede deforme. Después viene el pintado, que es más sencillo, pero requiere de conocer bien el tipo de pintura y el tono que corresponde para cada parte”, explica Mercado, que lleva 20 años como restaurador.

A pocos metros de su negocio está Diana Díaz Moreira. Rodeada de imágenes de todo tamaño, desde santos, hasta estampitas, rosarios, velas y cuadros con escenas bíblicas, atiende a una clienta que llega para recoger un encargo.

Es un Niño Jesús al que se debía reconstruir el brazo entero. Luego de entregar el trabajo terminado, Diana explica que esa imagen tenía 30 años y que es de muy buena calidad, no obstante, a pesar del daño que sufrió, se la pudo salvar.

“Muchas personas guardan un cariño especial por sus Niños Jesús. Aunque ya tengan muchos años, hacen lo posible por conservarlos pues tienen un significado especial, no solo por la Navidad, sino por la fe que se tiene en ellos”, comenta Díaz.

Existen seis locales de restauración y ventas de imágenes religiosas en las afueras de San Andrés. Hubo un tiempo en el que los negocios funcionaban dentro de la iglesia. Actualmente, están sobre la calle Beni y en la vereda misma del templo.

En la calle Charcas, casi esquina Murillo funciona otro espacio referente de la zona en este tipo de servicios.

En el Taller de Restauración de Santos y Vírgenes, de Juana Vea, un puñado de trabajadores acelera la jornada para poder entregar los pedidos a tiempo. La última semana ha sido intensa en el taller tanto en pedidos de restauración como en compras de vestidos, adornos y otros accesorios que acompañan a las imágenes del nacimiento. 

“Hay Niños de toda clase, a la mayoría los piden con vestidos y cabello. Nosotros le ponemos todo y también vendemos los que ya vienen con su propia ropa y material, como los que llegan de Cuzco, son de la clase de imágenes más conocidas”, señala la propietaria, que ha llegado a recibir hasta 20 encargos por día.

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