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Sus manos son sus ojos. Para las personas no videntes, el tacto es uno de los sentidos que más se desarrolla, que les permite acceder a las cosas del mundo en muchos aspectos y ser parte de la vida dentro de una sociedad de la manera más normal posible.

Desde que se estableció que el Covid-19 se puede transmitir luego de tocar la superficie de los objetos y, sobre todo, desde que se convirtió en una pandemia que obligó a las naciones a restringir el contacto entre los ciudadanos, la vida de la gente ha cambiado.

Para una persona no vidente el cambio ha sido más traumático. Las más de 6.500 personas con discapacidad visual del país han visto cómo tocar cosas se ha vuelto peligroso por el riesgo de contraer la enfermedad. ¿Cómo están saliendo adelante?





2.- Actualidad.  En Bolivia, según datos del IBC, se tienen  registradas 6.500 personas con discapacidad visual, de las cuales el 60% son hombres y el 40% mujeres. 

3. No videntes. En enero de este año marcharon solicitando 
políticas a favor del sector

Una realidad que golpea

Verónica Villalba tiene 31 años, es madre de dos niños. A los 22 años, un accidente la dejó sin vista. Vivir sola con sus pequeños en estas circunstancias ha representado un enorme desafío, que lo ha sabido enfrentar día a día. Y en tiempos de pandemia no ha sido una excepción.

A la dificultad de encontrar trabajo se han sumado los obstáculos que debe sortear al momento de salir de casa. Entonces se coloca el barbijo, toma el bastón y da la cara a una realidad que es poco amigable con las personas con discapacidad visual.

“Hay una discriminación de parte de la misma sociedad hacia nosotros, además de una discriminación de las autoridades, porque ellos hablan de inserción laboral, pero hasta ahora no sé de ninguna persona ciega que hubiera conseguido trabajo en este tiempo. En realidad, no hay nadie, en estos tres últimos años las empresas no han contratado a nadie. Nos ofrecen capacitación, pero, al final, uno nunca tiene nada seguro, entonces, ¿de qué sirve la capacitación?”, se pregunta.

Villalba reniega del criterio que tienen algunos empresarios al momento de pensar en el mercado laboral para los no videntes. “Desconocen nuestras capacidades, esperan que uno todo lo haga de forma mecánica, pero no todos tienen las mismas habilidades. Claro, están los que nacieron sin vista y tienen la posibilidad de desarrollar mejor sus habilidades. Yo he hecho distintos cursos, pero nada de eso ha servido porque sigo sin trabajo. Y tengo que sostener a mis hijos”, continúa.

Verónica lamenta que las autoridades se olviden de las personas con discapacidad visual al momento de flexibilizar la cuarentena. Observa que se piensa en la economía de los negocios y en la seguridad y comodidad de los clientes, pero se olvidan de la gente con capacidades especiales, imposibilitada de acceder a ciertos servicios.

“Se nos dificulta mucho tener que tomar un taxi o un micro. Los choferes no están preparados para llevarnos. Si nos ven con el bastón, no se detienen, es una situación muy difícil, de por sí, tener que usar el trasporte público en estos momentos, en los que no podemos quitarles el pan de la boca a nuestros hijos para gastarlo en otra cosa, incluyendo un pasaje”, agrega.

Sus dos compañeros son su fortaleza. Sus dos manos son su mejor herramienta. Con ellas demuestra su habilidad para preparar postres y masas, una buena alternativa para generar ingresos en estos tiempos duros.





Adaptación

José Álex Severiche tiene un trabajo fijo, pero para él tampoco ha sido fácil sobrellevar estos meses. Es catedrático de Radio I en la carrera de Comunicación Social de la Universidad Evangélica Boliviana. Vive con sus padres.

Desde que comenzó la cuarentena no ha salido, excepto para hacer compras y algunos trámites, como ir al banco. Antes, hacía todo eso solo, incluyendo subirse a un taxi para ir al trabajo. Ahora trabaja desde casa y, si necesita ir a algún lado, lo acompaña su madre.

“Para una persona no vidente, el contacto físico es importante. Estás caminando en la calle, querés cruzar la calle y, generalmente, o te toman del brazo o uno se tiene que agarrar del brazo de otra gente para poder avanzar. Estamos expuestos. Al momento de subir al micro, lo mismo, uno tiene que agarrarse de las barandillas, pagar al conductor, es decir, todo el tiempo nuestras manos están en contacto con la superficie y con las personas”, explica.

Toda esa figura hoy se convierte en temor, el de no saber si la persona que lo quiere ayudar está contagiada o si la superficie que está tocando se encuentra contaminada. “La mano es inquieta y termina dirigiéndose a la cara. Y los no videntes sufrimos una especie de tic nervioso que nos hace agarrarnos los ojos y eso puede ser muy peligroso en estos momentos”, comenta.

Su trabajo sufrió un cambio de 180 grados cuando, de dar clases presenciales, tuvo que pasar a modalidad virtual y adaptarse a Google Classroom. La plataforma educativa, que es la que se ha venido usando en la universidad, no ha sido muy accesible para un profesor no vidente como José Álex, que, de todos modos, valora esta tecnología como muy útil en estos tiempos para la gente que enseña y que se vio en la necesidad de encontrar maneras para continuar pasando clases.

“No está, lamentablemente, adecuada a nuestra realidad. Sé que en Estados Unidos hay una versión para personas ciegas, pero está en inglés. Así que agradezco a la universidad que me ha dejado trabajar sin esta plataforma. Como dicto Radio, se trabaja más con audio, entonces, no necesito tanto la parte visual”, añade Severiche, que echa mano de WhatsApp y el correo electrónico para coordinar los trabajos con los estudiantes, y Google Meet para las reuniones en vivo.

El tema de la accesibilidad para personas como nosotros es lo último en lo que piensan los desarrolladores. Somos un 1% de todos los usuarios, entonces, si aparece alguna tecnología que se adecue a nuestras necesidades, es más un parche. Por ejemplo, yo uso Google Meet en el Iphone, porque ahí es más accesible que en la PC”, agrega.

De esa manera trabaja con sus alumnos, actualmente tiene dos grupos de 15 alumnos cada uno. Inicia la llamada en el Meet, mientras tiene conectados dos auriculares a su celular y a su computadora. “Si necesito que mis estudiantes vean algo, les pido que lo compartan en su pantalla. O directamente les paso el documento por WhatsApp y les digo que revisen el grupo y vean el trabajo que acabo de enviar. Sabemos que las clases virtuales han llegado para quedarse un buen tiempo, entonces, esperemos que se den cuenta de que estas tecnologías deben estar al alcance de todos”, opina.

Cuando habla de sus expectativas respecto al futuro, es honesto. Afirma que una persona con discapacidad visual preferiría que todo volviera a ser como antes, porque, sin duda, no son los mejores tiempos para poder desempeñarse en la sociedad.

Uno valora tal vez algunas de las ventajas de trabajar desde casa, pero yo añoro el contacto físico con la gente, el estar cerca de los amigos, de mis estudiantes, de mis colegas. Hoy todo es virtual. Y, para un no vidente, tocar las cosas es vital. Esto nos ha cambiado la vida, es una realidad que tenemos que aceptar”, finaliza.