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Alexander Markov tiene dos violines: uno tradicional, creado por el gran lutier italiano Sergio Peresson y otro eléctrico, fabricado por James V. Remington. Con el primero toca a Paganini o Tchaikovsky y con el segundo baja del Olimpo de los clásicos y prefiere interpretar rock, con un pie en Led Zeppelin y otro en Van Halen.

El artista llega a Bolivia por primera vez para tocar tres conciertos junto a la Orquesta Sinfónica Juvenil de Santa Cruz de la Sierra (OSJ), dirigida por Boris Vásquez. Las presentaciones de Stravaganza Clásica son hoy, mañana y el domingo, a las 20:30, en el teatro CBA (calle Sucre # 364).

Talento heredado

Hijo del virtuoso ruso del violín Albert Markov, el músico llegó a los 12 años a Estados Unidos junto al resto de su familia. Era mediados de los 70 y lo que se respiraba en la cultura musical pop occidental era el rock en su fase más desarrollada y técnicamente desafiante, con aspiraciones sinfónicas y grupos del calibre de Pink Floyd y Genesis en el dial.

En ese contexto, Markov entendió que además de la música clásica, albergaba un secreto interés en los instrumentos eléctricos y en la energía del rock.

Hoy alterna ambos gustos y el legendario Carnegie Hall le ha servido para interpretar los 24 Caprichos de Niccolò Paganini y el Concierto de Rock, una obra compuesta por él y Remington, el mismo lutier que diseñó su violín eléctrico recubierto en oro.

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