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Infobae/Elmundo.es/BBC

La Bolsa de Nueva York, el mercado de valores más importante del mundo, había caído. El martes 29 de octu­bre de 1929, el llamado Martes Negro, confirmaría estas sospe­chas cada vez menos infundadas. 

El derrumbe total era una realidad inminente. Millones de inversores se vieron, de un día para otro, en la ruina económica. Cinco días antes, el 24, ya se ha­bía producido el Jueves Negro, y rápidamente se extendió a casi todos los países del mundo. 

La Gran Depresión, también conocida como Crisis del 29, o Crac del 29, fue una gran crisis fi­nanciera mundial que se prolon­gó durante la década de 1930, en los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial. Fue la depresión más larga en el tiempo, de mayor profundidad y la que afectó a mayor número de países en el siglo XX. 

En el siglo XXI ha sido utilizada como para­digma de hasta qué punto se pue­de producir un grave deterioro de la economía a escala mundial. 

La temible sombra de la incer­tidumbre cubrió los años 20 y 30, y también los rostros de los traba­jadores de la Bolsa de Nueva York, que veían estallar aquella etapa de prosperidad frente a sus ojos como un inmenso globo. 

Además de la caída del valor de los títulos y de la constante liqui­dación de los avales, el volumen de préstamos bursátiles descen­dió de manera drástica; se estima que su descenso se cifró en casi un millón. Wall Street, Chicago y

 Buffalo habían echado el cierre: la situación se tornaba cada vez más ingobernable. 

“El jueves 24 de octubre, según los historiadores, fue el primer día de pánico. Ese día se transfirieron 12.894.650 participaciones, mu­chas de ellas a precios que des­trozaron los sueños y esperanzas de quienes las habían poseído”, afirmó John Kenneth Galbraith, en su célebre El Crac del 29, uno de los libros paradigmáticos para el estudio de este período.

 Las causas

La Primera Guerra Mundial (1914-1918) trajo consecuencias económicas, principalmente en Europa, donde además se pre­sentó una disminución del 10% de la población.

 La mayor parte de los países europeos estaban sumidos en grandes deudas pú­blicas e inflación. Luego de esta guerra, el mapa

económico mundial cambió con gran un impulso económico e in­dustrial de países no participan­tes, como EEUU y Japón. 

El crecimiento acelerado de EEUU, frente a las diversas po­tencias europeas, generó una transformación en su economía y uso excesivo del crédito (burbu­ja especulativa), lo que llevó a la caída de la Bolsa de Nueva York. La superproducción indus­trial, con un retroceso en la inversión en agricultura, con­tribuyeron a una expansión económica ficticia de países como EEUU, Japón, Canadá o Australia, mientras la economía europea permanecía en colapso.





Sin trabajo. El desempleo en EEUU afectó  a más de 13 millones de personas y en algunos países llegó al 33%. La producción
industrial descendió a 45% en tres años

Abundancia y carencia

En palabras de Galbraith: “El ras­go más singular de la catástrofe de 1929 fue que lo peor empeoraba continuamente. Lo que un día pa­recía el final de la crisis, demos­

 traba al siguiente que solo había sido el comienzo”. Efectivamente, la situación no mostraba síntoma alguno de mejora: lo peor estaba por llegar. Y llegó. 

La Gran Depresión dominaría el escenario económico durante casi 10 años. El presidente ame­ricano, Herbert Clark Hoover, adoptó unas medidas económi­cas muy cuestionadas, que no lograron revertir la situación.

 En las siguientes elecciones per­dió la presidencia, y Franklin D. Roosevelt ocupó el sillón esta­dounidense en 1933. En materia económica, Roo­sevelt optó por impulsar el New Deal (1933-1937), caracterizado principalmente por la interven­ción estatal en la economía, que pasaría a ser una economía mix­ta. 

Entre las medidas estaban el proteccionismo arancelario, grandes ayudas económicas a los bancos, el impulso de la produc­ción industrial y la construcción de obras públicas. La política tardó en dar sus frutos. No fue hasta 1938 cuando comenzó a ser palpable una me­joría en la economía americana.

 “Hasta el trágico día en que las tropas nazis invadieron Polo­nia. Primer día de septiembre. Y último, hasta 1945, de la paz. Casi seis años hasta que la po­derosa industria norteamericana se puso en marcha, a toda vela y vapor, para producir armas, proyectiles, tanques, aviones, bombas”, dio a entender Alfredo Serra, en Infobae.

 Durante la crisis, se acentuó la desigualdad, se presentaron altas cifras de hambre, pobreza e indigencia. Aumentaron las tasas de desempleo, junto con la crimi­nalidad. Muchas familias cayeron en la miseria, inclusive las que conservaron sus trabajos, vieron reducidos los salarios.

Mendicidad. Las personas hacían fila para recibir una ración de
pan, algunos de ellos en los comedores sociales de Al Capone.