La ciudad más cosmopolita del planeta. Al menos 105 nacionalidades conviven en la capital cultural de Estados Unidos, compuesta por cinco distritos a los que el turismo de contrastes busca hacer justicia, más allá de los tradicionales Estatua de la Libertad, Empire State, Times Square Garden y tiendas de Manhattan

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9 de diciembre de 2018, 4:00 AM
9 de diciembre de 2018, 4:00 AM

Intentar siquiera describir Nueva York es un acto de soberbia. Cualquier artículo debería empezar con la advertencia: “esto es apenas un mordisco de una manzana infinita y adictiva”.

Invitado por New York City Go, con apoyo de empresas como Copa Airlines, Interamerican Network, hotel Beacon, y otros operadores turísticos, EL DEBER visitó por unos días la ciudad más cosmopolita del mundo, de diez millones de habitantes distribuidos en sus cinco distritos, sin contar el área metropolitana, cifra que podría explotar con los datos que arroje el censo planificado para 2020, pues solo en Long Island residen cerca de tres millones de personas.

Cada vez son más las solicitudes de lo que se denomina el ‘tour de contrastes’, un recorrido que abarca Manhattan, Bronx, Queens, Brooklyn y Staten Island, los cinco ‘boroughs’ que concentran 105 nacionalidades, cientos de lenguas y un potencial cultural digno de ser experimentado.

Es la alternativa a la tradicional y corta concepción de que Nueva York se queda en Manhattan, la Estatua de la Libertad, Times Square Garden y el Empire State Building, entre los más emblemáticos y recurrentes.

No sabe de sobriedad

Rascacielos y maraña de luces hipnotizan en Manhattan, el distrito más caro de Nueva York, el de los taxis amarillos, el de la elegante Quinta Avenida, que es columna vertebral de la urbe de este a oeste, y también de lo más exquisito de la moda mundial. Y dentro de esa isla de ‘exquisiteces’ quedaron Harlem, el histórico barrio con afrodescendientes y desde donde brilló el nombre de Martin Luther King; también está Chinatown, la versión más barata del shopping neoyorquino, donde además se encuentra la pequeña Italia.

Allí también está Broadway, cuna del espectáculo mundial, hasta donde llegan turistas del mundo a ver las millonarias obras musicales.

El estigmatizado Bronx, con ayuda del cine, donde están enterrados los restos de la guarachera de Cuba, Celia Cruz, encontró un antes y un después de esta reputación gracias a la gestión del alcalde Rudy Giuliani, un nombre recurrente en la boca neoyorquina por el éxito de su tolerancia cero con el crimen, que bajó los índices negativos en ese distrito, pero también en toda la ciudad. Los graffitis aún muestran las heridas: rostros de víctimas de la Polícía, enumeración de derechos a ejercer en un encuentro con autoridades. Los murales también enseñan a los héroes del Bronx: Colin Powell y Sonia Sotomayor, entre otros. En ese lugar, donde antes era impensable meter la nariz, hoy circulan buses turísticos para mostrar su nueva cara, aunque aún quedan zonas riesgosas.

Los dos distritos más grandes en extensión y población son Queens y Brooklyn. En el primero, a la altura de la avenida Roosevelt, se encuentra la poderosa comunidad latina, cual barrio de país sudamericano, y donde se grabó la película Bailamos, con Jennifer López. Es uno de los grupos más numerosos de Nueva York, con el idioma español como pan nuestro de cada día, y comida deliciosa y barata, a modo de recordar las raíces. En menor escala, con ellos conviven en Queens los griegos y los indios, además de italianos, en mayor escala que en Manhattan.

Brooklyn, el distrito que tuvo el primer punto de contacto por vía terrestre con Manhattan, gracias al puente construido a fines de 1800, cuando ya Nueva York era urbe cosmopolita con tres millones de habitantes, gran cosa para la época.

En Brooklyn se encuentra la comunidad judía, la más numerosa en su tipo del país, que asciende a 150.000 personas, de un total de 200.000 que radican en Estados Unidos. De ahí el dicho de que hay más judíos en Brooklyn que en Israel.

Los más visibles son los ortodoxos, caracterizados por tener familias numerosas, una esposa exclusivamente dedicada al hogar, ropa negra, bucles, un gorro que los distingue, y ellas, pelucas cuando se casan, ya que tienen que renunciar a su arma de seducción, la cabellera, además de a sus trabajos. Para ellos, el mundo se detiene desde el final del viernes hasta el sábado, cuando cierran negocios y se concentran en el Shabbat, su día de recogimiento espiritual y lectura de la Torá.

Entrar en contacto con ellos es una experiencia altamente recomendada. En vivo y en directo, sin intermediarios, para empaparse de cultura.

La ilusión que no duerme

Para visitar Nueva York, hay que hacerlo también en las distintas estaciones del año. A EL DEBER le tocó en otoño, con un encantador paisaje café, apresurados anocheceres, aletargados amaneceres, tímidos intentos de nevar, gélidas temperaturas con lluvia, reflejado en una hermosa imagen especialmente en Central Park, el pulmón neoyorquino de 3,4 kilómetros cuadrados. Pero los habitantes cuentan que en verano es otra la historia.

Los boliches, bares o pubs en los que germinaron historias de éxito de artistas como Bob Dylan y Jimi Hendrix, como Café Wha en Greenwich Village, o sitios en que murió una estrella, como el edificio Dakota donde fue asesinado John Lennon, trascendieron la pantalla y los libros: en Nueva York pueden conocerse ‘face to face’, como si la historia pudiera palparse en carne y hueso. Volver es un verbo inevitable.

 

Central Park. El pulmón de Nueva York, en Manhattan, con escenarios dignos de las más bellas postales
Times Square. Una plaza que reú - ne las vitrinas publicitarias más caras del mundo
Empire State Building. Es imprescindible conocerlo, pero es apenas una de las muchas posibilidades turísticas en Nueva York

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