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Luego de la captura y divulgación mundial, el 10 de abril de este año, de la imagen de un agujero negro tomada desde la Tierra por una red global de telescopios, la astronomía ha tomado un impulso y abrió puertas a nuevas investigaciones espaciales, manifestó Alejandro Sáez Madain (41), un ingeniero chileno especialista en electrónica digital que formó parte del grupo de científicos que fotografió por primera vez el voraz objeto en la galaxia Messier 87.

Sáez, que trabaja en el observatorio Atacama Large Millimeter Array (ALMA), Gran Matriz Milimétrica de Atacama (en castellano), habló ayer sobre el tema ante un auditorio lleno en el módulo de Contaduría de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno.

La ingeniería de lo invisible, tituló la conferencia dictada por Sáez, que habló sobre las ense- ñanzas que ha dejado la imagen del agujero negro masivo de la galaxia Messier 87, de la importancia de la astronomía en el siglo XXI, de los retos de la conexión EHT (Event Horizon Telescope), que hizo posible la citada imagen astral, y la ingeniería al servicio de la ciencia y la investigación.

“Tuve la oportunidad de trabajar con profesionales importantes de varias partes del mundo y obtener este logro fue realmente genial, una retribución muy grande, imborrable”, describió el experto, señalando que su papel es operar un correlacionador, que es una computadora hecha a la medida del observatorio, cuya gracia es tomar las señales de las distintas antenas del mundo, procesarlas y poner el material a disposición de los astrónomos para que puedan generar las imágenes de los cuerpos celestes que se divulgan por la prensa o por medios de la comunidad científica.

Es una realidad física

La imagen del agujero negro en Messier 87, que se tomó en 2017, luego de 10 años de esfuerzo de los científicos, cambió la percepción sobre estos objetos oscuros que se tragan ingentes cantidades de polvo cósmico y estrellas enteras, puesto que antes eran entes matemáticos que se constataban con una serie de ecuaciones.

“Logramos verlo como tal y, como seres humanos, que asociamos la existencia con el ver, se produjo un quiebre súper importante. Un agujero negro masivo, tiene una fuerza de gravedad tan extrema que incluso la luz no puede escapar, lo cual para nosotros es desconcertante, pero son un elemento más del universo, donde nos encontramos con estrellas, con galaxias que son un conjunto de estrellas, planetas y objetos celestes como asteroides”, explicó el experto.

¿Pone en peligro a la Tierra?

El 13 de mayo, desde el Observatorio WM Keck en Hawai, captaron una creciente actividad de Sagittarius A *, un agujero negro supermasivo, ubicado en el centro de nuestra galaxia (Vía Láctea), en el que los astrónomos registraron un misterioso destello por el lapso de dos horas y media.

Una de las hipótesis es que una estrella hubiera pasado muy cerca del agujero y la otra posibilidad es que fuera una reacción tardía de dicho objeto al acercamiento de la nube de gas G2, en 2014.

¿Esto puede afectar a nuestro planeta?, fue la pregunta a Sáez, quien aclaró que no es un peligro latente, puesto que ese agujero está en el centro de la galaxia y nuestro sistema solar se sitúa en la periferia.

“Los agujeros, si uno los compara con el tamaño de la galaxia donde residen, son muy pequeños. El material que se ve afectado por su fuerza gravitatoria está muy cercano a su centro. Nuestro planeta, que pertenece a un sistema planetario de una estrella común y silvestre, está en la periferia de la Vía Láctea. Por lo tanto, no deberíamos preocuparnos de que ese agujero negro nos trague, no es un riesgo real”, indicó.

Chile, capital de la astronomía

En este país operan varios observatorios astronómicos, por lo que se ha convertido en una sede mundial de observación de cuerpos celestes. Entre ellos están La Silla, Paranal, Las Campanas y ALMA, el radiotelescopio más grande del mundo.

Actualmente se están construyendo otros tres observatorios en Chile, que entrarán en operación y abarcarán el 70% de la capacidad astronómico a escala mundial. ¿El motivo? Las condiciones climatológicas son ideales, pues tiene cielos muy limpios y un aire seco, lo que facilita la observación astronómica.

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