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La enfermera logra articular lo sano con lo agradable de las personas; de esa forma contribuye al bienestar de la sociedad desde el compromiso de favorecer un ambiente saludable para el ejercicio de la profesión. Y no hay duda de que su papel ha sido esencial en la actual crisis sanitaria.

A propósito de que este miércoles 12 de mayo se celebra el Día Internacional de la Enfermera, cuatro de ellas cuentan sus historias y dan su impresión del momento que viven, en el que están en primera línea haciendo frente a una pandemia.

FOTO PRINCIPAL:  Familia. Mayra Morales toma la presión a una paciente, mientras escucha la opinión de su hija. Ambas conducen el timón de la enfermería Mayra, uno de los centros de salud referentes de la ciudad


Determinada. Liliana Tufiño asegura que la recompensa para una enfermera es la alegría del paciente.

Vocación

En su época colegial, Liliana Tufiño estaba decidida a ser una destacada arquitecta. No obstante, algo, que no recuerda qué, ocurrió en el trayecto de su orientación vocacional que la hizo creer que lo suyo era la enfermería.

A pesar de que su madre se oponía a su decisión, Liliana se mantuvo obstinada y decidió abrazar la profesión en la que lleva 11 años de servicio, trabajando en una clínica privada.

Y, sin que alguna vez lo hubiera deseado de esa manera, el destino le dio la razón, porque ella fue la persona encargada de cuidar y atender a su madre, que hace un año cayó enferma y tuvo a su lado a su hija todo el tiempo.

“Me encanta el área de salud, no la cambio por nada, a pesar de lo sacrificado que resulta y de que uno termina hasta de sicóloga de los pacientes. Me gusta ayudar a los demás, no me hago líos en atender a la gente enferma, porque no hay nada más satisfactorio para una enfermera que el paciente le agradezca, esa es nuestra recompensa”, asegura.

Luego de haber recibido la segunda dosis de la vacuna contra el coronavirus, Liliana trabaja más tranquila y con la esperanza de que estos tiempos duros pasarán pronto.

“Hemos aprendido mucho en esta pandemia, no solo acerca de la enfermedad, sino, sobre todo, a valorar la vida y a valorar a los demás. Uno sufre, sin duda, yo lo he sentido así las veces que me tocó atender a pacientes con covid. Recuerdo que llegaba a mi casa a llorar para desahogarme, pero, luego, renovaba mis fuerzas para volver al otro día al trabajo, con la esperanza y la fe puesta en Dios”, agrega Tufiño.



La profesional, en uno de los turnos junto a sus colegas de la
clínica.

Un lugar especial

Disciplina, puntualidad y amor. Según Mayra Morales de Téllez, en esa trilogía radica el secreto para mantenerse al frente de uno de los centros de salud referentes en el corazón de Santa Cruz de la Sierra. Con 36 años de atención, la enfermería Mayra es uno de los lugares a los que todos hemos acudido alguna vez, ya sea para recibir una vitamina inyectable, hacerse colocar un suero o ser curado de una herida.

En el lugar siempre estuvo su fundadora, acompañada de un equipo de profesionales enfermeras, a la que luego se sumó su hija, Mayra Téllez Morales, que hoy trabaja codo a codo con su madre, a pesar de que en este último año ha procurado que no acuda muy seguido a las instalaciones de la calle Libertad, con el fin de protegerla del contagio del covid.

“Procuramos que no venga cuando aumentan los contagios, sin embargo, mi madre sigue teniendo el control de toda la enfermería, yo me encargo de darle el reporte todos los días. Me cuido, pero he aprendido a sobrellevar la situación. A veces le tengo más temor al comportamiento de la gente, que no quiere colaborar o que no se pone barbijo. Es complicado. La pandemia vino a enseñarnos, varias cosas y una de ellas es que tenemos que aprender a cumplir con las normas”, menciona Mayra hija.

Antes de fundar la enfermería, en 1985, la señora Mayra había trabajado 11 años en la Caja Petrolera. En mayo de 1975 había llegado de vacación de Reyes (Beni), luego de los cuatro años que estudió Enfermería en Alemania.

“Durante mis años en la Caja Petrolera, llegué a ser jefa de enfermería en Pediatría. Pero mi sueño era trabajar independiente, así que decidí abrir una enfermería. Comencé con una colega, con la que trabajábamos de 7:00 a la medianoche”, cuenta Morales, que recuerda que esos primeros años salía en radiomóvil a realizar el servicio de enfermería a domicilio.

Hoy cuenta con un equipo completo y con su hija como mano derecha en un oficio que le sigue presentando desafíos todos los días. “Uno tiene que aprender a atender a la gente con paciencia y cariño. A las personas que vienen en busca de que le calmemos un dolor, hay que darles amor, ese es el mejor remedio”, asegura.

Responsabilidad

“Permanecemos firmes, a pesar de las limitaciones de nuestro sistema y la falta de atención a nuestras necesidades”, señala Leonor Flores. Sus palabras son las de una enfermera que conoce la realidad de su profesión, en la que se desempeña desde hace varios años.

Su voz también es la de más de 2.300 enfermeras que trabajan en el sistema público y privado en Santa Cruz. Como presidenta del Colegio Departamental de Enfermeras de Santa Cruz (CDE), Flores es consciente de la doble responsabilidad que conlleva el oficio para ella; sin embargo, asegura que la asume y lo hace con la convicción de que el sector debe lograr mejores condiciones para el desarrollo de su trabajo.

Flores aprovecha la ocasión para recordar que, actualmente, hay un déficit en la atención, pues continúan con el indicador de más de 50 pacientes por una enfermera, cuando lo ideal debe ser 10 pacientes por cada una. Además, menciona los magros salarios, especialmente en el nivel privado y los centros de salud rurales, como también la sobrecarga de horarios y la inestabilidad laboral, ya que solo el 59% cuenta con ítem.

“Hacemos un llamado a todas las enfermeras a participar activamente, levantar la voz y dirigir acciones para mejorar nuestra situación. Necesitamos de su participación en la nueva construcción de una sociedad sin inequidad”, señala Flores.



Luz María Castellón trabaja en el hospital Japonés. En 2020
se contagió de Covid-19. Estuvo 21 días en terapia intensiva. Recuperada, junto al personal del hospital.

De primera mano

Luz María Castellón creció entre camillas, doctores y salas de urgencia. Cuando era niña, su padre trabajaba en una clínica y, durante varios, años acudía a su fuente laboral acompañado de su pequeña hija. Así, Castellón aprendió a conocer la rutina del personal de salud y a familiarizarse con ese mundo, que, para ella, es apasionante.

Castellón considera que la paciencia debe ser una de las principales virtudes que debe poseer una enfermera, porque eso demuestra que es una profesional con empatía por el que sufre.

Esta condición se ha puesto de manifiesto con mayor intensidad durante esta pandemia, en la que Luz María ha podido conocer la realidad desde ambos lados, como enfermera y como paciente.

Su labor en el hospital Japonés, donde trabaja, le ha permitido conocer las necesidades de los enfermos, como también del personal de salud.

“El año pasado me contagié de covid, estuve 21 días en terapia intensiva y, aunque no necesité de intubación, viví lo que vive un paciente en estos días. Y eso le enseña a uno muchas cosas, ahora valoro más el trabajo de los colegas y reafirmo que la calidez humana es fundamental para poder sobrellevar esta situación”, comenta Castellón.


Representante. Leonor Flores, durante una capacitación del Colegio Departamental de Enfermeras de Santa Cruz



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