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Cada vez que uno está en su vehículo y comienza a conducir, diversas emociones suben también a bordo y entran en acción. 


Hay ocasiones en que uno disfruta de estar frente al volante por esa incomparable sensación de libertad que se experimenta al no depender de nadie y tener en qué movilizarse las veces que uno quiere salir a pasear o a atender asuntos personales o laborales. 


Sin embargo, manejar por necesidad en horas de alto tráfico, eso difícilmente genera emociones positivas y más aún con lo congestionadas que son hoy algunas calles o avenidas a cualquier hora del día, observa la sicóloga Marion Schulmeyer. 
En su opinión, los conductores se enfrentan con frecuencia a  emociones negativas (en inglés, 'road rage' o 'rabia de carretera'), lo cual si no se logra controlar oportunamente puede traer consigo graves consecuencias. 


Marisa Navarro, sicoterapeuta consultada por el portal EFE Salud, considera que antes de salir de viaje en auto no solo hay que revisar el motorizado, sino también “hacerse un chequeo emocional” para evitar los posibles riesgos que los sentimientos negativos pueden ocasionar. 


Estar emocionalmente inestables, en su criterio, puede acarrear peligros en la carretera, como ir más de prisa, cometer errores, no prestar la atención necesaria o tomar decisiones inadecuadas. 
“Si estamos nerviosos, disgustados, cansados o muy estresados, es mejor no conducir. Se puede delegar esa responsabilidad a otra persona o esperar hasta sentirnos mejor”, sugiere. 
Ambas profesionales resumen en estos cinco puntos sus consejos para tomar las riendas de las emociones  al estar al volante.

1. No dejarse influir por la reacción de los demás. Al estar estresados, cada vez que toca conducir el vehículo disminuye la capacidad para hacer frente a nuevas demandas y facilita la aparición de procesos cognitivos menos racionales, afirma Marion Schulmeyer, jefe de la carrera de Sicología de la Universidad Privada de Santa Cruz de la Sierra (UPSA). 


Por ejemplo -añade- se toma como un ataque personal los errores de otros conductores y se los interpreta como ataques, amenazas o provocaciones. “Independientemente de que el conductor se haya cruzado y nos haya cerrado el camino por error, distracción o provocación, nosotros decidimos cómo actuar. Depende de nosotros enojarnos o estar tranquilos y no dejarnos influir por cómo manejan otros. Para lograrlo, debemos mantenernos lo suficientemente racionales”, afirma. 

2. Evitar los extremos. Al estar emocionalmente inestables, el conductor asume que los otros son tontos y que es su deber iluminarlos. “En realidad no sabemos qué les está pasando. Pueden tener problemas que lo tienen distraído, pueden haber perdido un ser querido, tener una emergencia y mil cosas pueden estar afectando su manera de conducir”, indica Schulmeyer tras señalar que hay que  tener empatía. “Eso supone pensar que su conducta puede deberse también a otros motivos y no al que pensamos. No somos los responsables por ‘enseñar’ a otros lo que deben hacer en la vía”, insiste.
En otro extremo, hay quienes esperan que los demás sean corteses, sigan las reglas y tengan consciencia social. Ahí viene la frustración. “Hay personas incapaces de respetar la vida de nadie. Vamos a estar más tranquilos si aceptamos la realidad como es y no como queremos que sea”, dice. 


3. Ambiente apacible. Algunas ideas para crear un ambiente de mayor tranquilidad dentro del vehículo pueden incluir, según Schulmeyer, poner música agradable que despierte el buen humor, hacer ejercicios de respiración,  tener en mente las interpretaciones que se hacen de los demás y mantener expectativas realistas.


Invita a usar afirmaciones positivas como “puedo estar tranquilo (a) cuando conduzco”, “puedo mantener la calma ante los errores de los demás”, “yo soy dueño de mis emociones, los otros no tienen el poder de afectarlas”. 

4. Frenar a tiempo la ira, la ansiedad, el miedo y la tristeza. La sicoterapeuta  Marisa Navarro propone identificar las emociones negativas que pueden poner en riesgo la seguridad vial. Entre ellas, la ira que puede generar conductas peligrosas al volante porque potencia la agresividad. 
Por otro lado está la ansiedad, un nivel alto de estrés que puede ‘bloquear' la mente de las personas al realizar muchas actividades. “Lo que no se debe hacer es tomar un ansiolítico, porque adormece”, enfatiza Navarro. 


Entretanto, el miedo vuelve a algunas personas más prudentes al volante, pero si llega a un alto grado puede paralizarlas, por lo que hay que mantener la calma.
Conducir cuando uno está agobiado por la tristeza también puede ser peligroso. Al estar con el estado de ánimo bajo, uno va pensando todo el tiempo en la causa que lo entristece. Eso hace que uno pierda la concentración. 
  
5. Relajarse o hacer ejercicios  para alejar las angustias. Para 'aparcar' los sentimientos adversos al conducir, Navarro plantea a cada persona identificar primero qué le está pasando y, si detecta que una preocupación o angustia lo tiene mal, entonces buscar cómo solucionarlo. 


En ese sentido, cree que puede ser de gran ayuda hacer ejercicios de relajación y respiración, descansar un poco antes del viaje para estar más activos en el trayecto, dar un paseo o hacer deporte para despejar la mente.


Entretanto, hay que potenciar emociones positivas como la empatía y el optimismo. “Cuanto más amables somos, más positivos y empáticos seremos y por tanto, mejores conductores. Cuando nos preocupamos por la seguridad nuestra y de los demás, nos convertimos en conductores seguros y fiables. Somos tolerantes y colaboradores”, asegura   

Un viaje sin percances y con menos estrés

 Paula Benedict
Sicóloga clinica

Las preocupaciones excesivas, la depresión, los estados exaltados de ánimo, las peleas con los acompañantes mientras se conduce, las distracciones o la falta de concentración pueden provocar con frecuencia que los niveles de riesgo de accidentes en la carretera se eleven  exponencialmente. El conductor requiere estar tranquilo y concentrado todo el tiempo para arribar sin contratiempos  a su destino y, por supuesto, con un menor rango de estrés.

 
Para lograrlo, urge evitar los pleitos y no tratar de resolver problemas justo antes de subir a la movilidad. También hay que estar atento a los procesos depresivos que puedan causar desatención o temperamento irascible. Y se debe evitar a toda costa conducir bajo emociones potenciadas por el consumo de alcohol. 


Para vivir una experiencia placentera a bordo de un motorizado es importante: descansar lo suficiente la noche previa al viaje y no consumir alcohol. También es necesario planificar con anticipación una salida. Al disciplinarse y contar siempre con tiempo extra, uno evita el agotamiento y podrá conducir sin presiones ni apuros. 


Son una buena idea el incluir paradas de descanso en el trayecto, llevar el equipo y enseres necesarios para un viaje confortable o al menos seguro, normar a los acompañantes para no tratar temas conflictivos ni iniciar discusiones en el camino, además de sentir y denotar seguridad para encarar el trayecto (obedeciendo un plan previo). Con esas previsiones se disfrutará al máximo de la sensación de autonomía y de apropiación del espacio urbano. 

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