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¿En qué momento decidió ayudar a otras personas a sobreponerse de la pérdida de un ser querido?
Yo perdí a mis tres hijos. El primero siendo aún bebé y yo, muy joven (18 años). Luego a mi hija Alejandra, que fallece cuando tenía 11 años, ya en una etapa de mi vida más madura (42 años) y una año después a Mateo de 22 años. Es entonces que empiezo a replantearme que no quería vivir el duelo como siempre lo he visto vivir, cargado de mitos y sentencias como: “es un dolor que dura para toda vida”, “el dolor de una madre que ve morir a su hijo es un dolor que no se esperas jamás”, “la felicidad hasta ahí llegó”, etc. 

Entonces desde ahí empiezo a replantear mi vida y a revisar mis creencias y eso empezó a tranquilizarme, porque dejé de ver la muerte como la peor tragedia. O sea, hay una parte, que es la parte humana que obviamente es una tragedia, nos toma de improviso y nos duele muchísimo, muchísimo, pero si lo miramos desde la parte espiritual, pues está la contraprestación y es la esperanza de una vida eterna, de un reencuentro y de eso me agarré para salir adelante. 

Pero al año que falleció mi chiquita, mi hijo mayor enfermó de cáncer y murió siete meses después. Entonces ahí decidí salir a ayudar a otras personas, porque vi a mucha gente adolorida por circunstancias muy parecidas a las mías, pero que realmente estaban viviendo el duelo como siempre se ha vivido. De ahí nace la metodología Yo pienso al revés, que es quitarle esa connotación de sufrimiento extremo a una despedida que es inevitable.

_¿Qué es pensar al revés?
Es empezar a mirar hacia adentro de uno, porque en el duelo generalmente buscamos respuestas hacia afuera y eso nos dificulta más porque definitivamente la muerte es un misterio y no lo vamos a poder descifrar y nos llenamos de preguntas que nos llevan a una frustración por no encontrar las respuestas. 

En mi caso la interpretación que le estaba dando, en un principio, era de una despedida final, de renunciar por completo a mis hijos, de no volver a ser feliz jamás apegándome a todos los ritos que tenía. Pensar al revés es reconocer el dolor que tengo, las emociones que esto me trae, pero pasar a mirar cuál es el problema que yo le estoy viendo a la situación. La situación no va a cambiar, pero los problemas que me está generando, sí .

_Cuando uno pierde a un ser querido no sabe cómo lidiar con el sufrimiento ¿Por dónde empezar?
El primer paso es vivirlo. Nos han enseñado, a través del tiempo, a no lidiar con el dolor, entonces tratamos de evitarlo de muchas maneras. 

Es un dolor extremo que no lo podemos verbalizar, no lo podemos contar, es demasiado fuerte, pero hay que vivirlo, expresarlo y reconocer que no lo podemos evitar y eso me va a llevar a aceptar, cada vez más, lo que ha sucedido, que mi vida cambió y que yo no puedo pretender ser la misma de antes, pero puedo hacer cosas importantes en esta nueva vida. Cuando uno se pregunta por qué estoy sufriendo tanto. Las respuestas suelen ser, porque no aprendí a vivir sin ti, porque me acostumbré a delegar toda mi vida y mi felicidad en ti a vivir para ti, a trabajar para ti y me olvidé de mi misma.

Cuando consigo reconocer cosas como esas ya puedo empezar a trabajar en las soluciones. En mi caso no quería seguir trabajando en la labor que hacía a diario porque todo había cambiado y busqué un propósito para hacer.

Pero hay que entender que son procesos, que no se puede salir de inmediato del dolor, porque es imposible, es un proceso que vas haciendo lentamente y ver que tenemos muchas vidas en la misma existencia. 

Entonces dejar esa vida atrás, que era divina, que me encantaba, que era feliz, pero quedó atrás y ahora qué puedo hacer con esta nueva vida, algo que me dé un propósito y que me de la felicidad.

_Además del dolor, en nuestras culturas, tenemos que lidiar con ciertos rituales respecto al duelo, ya sea vestirse de una manera, actuar de manera solemne para no ser juzgados mal.
Todos esos son mitos y paradigmas que nos han enseñado. No tenemos una cultura de educación en la gestión de emociones, en gestión del dolor, entonces nos vamos a los referentes que tenemos y de ahí pues nos cargamos una cantidad de cosas, entre ellas que hemos atado el amor con el dolor. Por eso no me puedo reír, no puedo estar festejando, porque la gente va pensar que ya olvidé a la persona que murió, que es igual de duro. 

Entonces ahí prefiero no disfrutar, aunque tenga el ánimo para hacerlo, porque no está bien visto.

Para eso hay que tener muy firmes nuestras creencias, no solo las religiosas. Si tú no tienes firmes tus creencias vendrá la turbulencia y te ahogará. Es por eso que digo que en esas situaciones hay que agarrarse fuerte de ellas como si fuera un mástil. Si tu estás realmente convencido de que esto es una etapa de la vida, que todos vamos a tener que afrontar la muerte en algún momento y de acuerdo a tu creencia esto no te hace la persona más infeliz del mundo entero.

Algo que nos es sencillo que la gente comprenda
Pongamos las cosas en sus justas proporciones. Si lo ponemos en un contexto real el amor está por encima del dolor. En mi creencia mis hijos están mejor que yo, en el lugar donde todos deberíamos llegar. Mis hijos se libraron de sus cuerpos enfermos, ya no tienen ninguna preocupación que los limite, entonces ¿por qué yo tengo que vivir mal? Es como que termino convirtiendo a los que fueron fuentes de mi felicidad en mis verdugos. Así como un día fui muy feliz por ellos ahora soy muy infeliz por ellos. Cuando logré entenderlo pude decir: mis hijos no fueron una pérdida han sido una ganancia.

Creo que tienes que ser consecuente con tus emociones, si yo tengo ganas de ir a festejar o de bailar ¡qué delicia! poder darme ese permiso, porque la mayor parte del tiempo en el dolor se te va el tiempo y esas cosas no te generan bienestar. Si la gente cree que a ti no te duele es problema de ellos. Yo sé lo que a mí me duele, pero también sé que me tengo que recuperar.

_Después de la muerte de una persona surgen los sentimientos de culpa y de los problemas no resueltos con ellos ¿Cómo salir de esa situación?
La culpa, el miedo, la vergüenza y la envidia están siempre en el duelo y muchas veces aparecen enmascarados y la gente dice “eso yo no lo siento”, pero lo que no entendemos no podemos ponerlo en una forma racional.

Como yo no entiendo los misterios tengo que ponerlos en responsabilidad de alguien entonces es cuando yo empiezo a culpar, bien sea a mí mismo porque creo que si hubiera hecho algo diferente lo hubiera evitado, lo cual no es real ni cierto o lo pongo en responsabilidad de alguien, porque alguien hizo eso tal persona falleció, pero no siempre es real o lo pongo en responsabilidad de Dios, porque simplemente necesito culpar a alguien. Lo cierto es que tratamos de manejar el pasado con la información del presente y eso es lo que más nos hunde.

_¿Cuánto tiempo debe durar un duelo?
Mi respuesta es muy cruda y muy fuerte, pero también viene de mi propia vivencia. 

El duelo dura lo que tú quieras durar de víctima, porque en la primera instancia del duelo es normal que nos convirtamos en víctimas, porque necesitamos que alguien nos proteja, que sintamos alivio cuando alguien nos protege y eso está muy bien en las primeras etapas, pero si me mantengo toda la vida de víctima nunca voy a salir de allí y lo digo porque un mes antes de que mi hijo falleciera y ya estando en cuidados paliativos voy a buscar a mi padre y lo encuentro muerto por un infarto y pues yo no tenía tiempo para el duelo de mi papá, yo tenía a mi hijo en el hospital. Lo único que pude hacer con él fue hacerle el ritual de despedida y decirle gracias nos vemos en casa, porque a la muerte la llamo el regreso. 

Fue un duelo bien hecho que no me generó ningún daño. De ahí es que digo que cuando sales de tu estado de víctima y tu dolor deja de ser lo principal en la vida y miras los dolores de los demás tu sufrimiento empieza a disminuir.

_¿Qué consejos les da para las personas que están de duelo?

No permitir que la ausencia remplace a la presencia. Es decir, no hacer lo que tengo que hacer por estar llorando a quien ya no está en lugar de darle importancia al que sí está presente y te necesita, que pueden ser los otros hijos, los padres, la pareja. Por otro lado, pues tratar de controlar la mente, escribir 10 o 20 recuerdos muy gratos que te hagan sonreír, recuerdos del pasado que fueron momentos increíbles que te lleven a poner una sonrisa en tu cara, porque en el estrés, el trauma hace que tu cabeza se vaya siempre hacia lo malo, entonces se queda uno patinando en el último día, en el momento del accidente, del diagnóstico… . La vida empieza a girar en torno a eso que nos hizo mal, entonces hay que ir remplazando esos recuerdos que me hacen daño.