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POR : EL ESPECTADOR

Cuando hacía el programa Amanecer en América, llegaron tres personas diciendo que eran oyentes que se habían ganado un premio y que yo tenía que entregarlo. Como no había tal, dijeron que yo me lo iba a robar, eso me empujó a bajar pues he sido gallito fino. Uno de ellos me dijo que tranquilo, que si no tenía el premio habláramos y cuando llegábamos a la puerta se abrió la chaqueta y me mostró el arma.

— Nosotros no venimos por ningún premio, somos de las FARC, súbase a ese carro y se va con nosotros. Me llevaron secuestrado al departamento del Tolima. En esa época secuestraban periodistas para devolverlos con mensajes al gobierno, cassettes para pasarlos en la radio o cartas. A las seis horas en carro me bajan y empiezo a caminar en trocha, monte, selva y yo tenía zapatos de oficina que se rompieron a las dos horas.

Ese proceso de caminar sin zapatos para mí fue una tortura, se me cortó la planta de los pies, sangré y pasando un abismo me deslicé y para no dejarme ir me agarré de las rocas, perdí las uñas de los pies y no pude seguir. Me amarran de la cintura y de debajo de los brazos; me arrastran. Llega el momento en el que les pido que me maten, ya no era un desafío, pedía un favor, ya había pasado una semana. Por las heridas de los pies me entró infección.

Me llevan a un campamento donde tenían a alguien amarrado a un árbol con una cadena de hierro. Comenzamos a hablar y cuando supo que era periodista me identificó, pues me escuchaba siempre y me pidió que hablara como en la radio. Él era consciente de que el domingo no había terminado el programa, por el secuestro claramente. Me dice:

— “¿Por qué ustedes los periodistas no hacen nada por nosotros los secuestrados? ¿Por qué no permiten que nuestras familias nos hablen por la radio? Llevo dos años aquí, escucho radio siempre y nunca han hablado de nosotros y somos seis en este campamento”. Mi propósito fue que si salía haría el programa.

Luego de una hora de hablar con él me mueven para otro lado. Después de 17 días el ejército me rescató en un acto en el que murieron cinco guerrilleros.

Cuando llego a la radio le cuento a los oyentes lo que me había pasado y les dije: “Tengo la certeza de que los secuestrados escuchan esta emisora. El que tenga familiares secuestrados llame ya mismo y a partir de ahora los vamos a acompañar”.

Esa noche llamaron 22 personas al programa. El siguiente fin de semana otras 20 y así. En dos meses tenía una lista de casi 200 secuestrados. La primera base de datos de secuestrados en Colombia la hice yo.

Cuando comienzo el programa le hablé a don Nacianceno Murcia Correa: “ Usted tiene que aguantar, tiene que resistir, va a regresar. Usted fue quien me inspiró esto que estoy haciendo. Ya hablé con su esposa; ella ya sabe de usted”.

Cada fin de semana le hablé y le pedí que nos encontráramos para darnos el abrazo de la libertad. Tres años después de mi secuestro, un día me avisan de un señor que me quería saludar al teléfono. Era Nacianceno que reclamaba su abrazo de la libertad y a partir de ahí lo implementé, se volvió un ritual. Cuento 11.567 abrazos de la libertad, el último con Odín Sánchez en el Chocó.

Años después, cuando surge el Internet, monto la primera página Web. Cuando nadie en el país sabía de qué se trataba, nace un proyecto humanitario que se convirtió en una agencia de investigaciones contra el secuestro, un equipo de voluntarios que trabajamos para ayudar a las víctimas, pasantía de periodismo y de derecho. No manejamos recursos; no recibimos plata, solo tiempo. Fuimos los organizadores de la primera marcha contra el secuestro en Colombia y las siguientes; empezamos a hacer movilizaciones sociales contra el secuestro; promovimos lo que llamamos “Las cien voces contra las FARC” luego las mil, luego un millón y nació “No más FARC”.

A partir de ahí tomé una vocería de representar a las víctimas. El micrófono se volvió una herramienta muy valiosa porque era una forma de darles voz, de visibilizarlas, de exigir la oportunidad de interlocución.

Creo que las FARC no se imaginaron el enemigo ideológico que iban a construir con mi secuestro, por eso me han hecho seis atentados en Colombia, por eso vivo en el exilio, pernocto en distintos sitios para no ser predecible, poco veo a mi familia para que no la ubiquen. Por eso soy de pocos amigos y aquí estoy con uno.


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