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Según estudios realizados por la Organización de las Naciones Unidas Mujeres, y otras instituciones, se puede decir que aún predomina el machismo en la sociedad boliviana y latinoamericana en general, en todos los grupos etáreos, sociales, económicos, desde el mismo sistema de educación. Son pautas culturales muy arraigadas en nuestra sociedad, señala la sicóloga Fanny Parrado, especialista en sicoterapia de pareja y familia.

Si bien no se tienen datos estadísticos, se puede ver que aún hay desigualdad de derechos, en los salarios, en las oportunidades laborales, y aumenta el índice de violencia física, sicológica, sexual y los femenicidios. Sin embargo, en su criterio, esto no es una conducta que se presente más en el hombre cruceño.

“No creo que el camba sea más machista que los del resto del país. Desde mi experiencia profesional de haber atendido a parejas de diferentes ciudades de Bolivia y hasta fuera de nuestras fronteras, no hay una ciudad donde el varón sea más machista que otro, todo depende del tipo de educación recibida. Claro que se considera que ciertas culturas son más que otras, y entre ellas está la sociedad latinoamericana”, remarca.

La sicóloga Marion Schulmeyer, decana de la Facultad de Humanidades y Comunicación de la UPSA, señala que en un estudio en el que compararon a hombres y mujeres de La Paz y Santa Cruz, vieron que el varón camba se representa a sí mismo de manera más positiva que el de La Paz, en todos los adjetivos relacionados con aspectos positivos de la masculinidad. Pero ambos no creían que los adjetivos negativos de la masculinidad se aplicasen a ellos.

“En una investigación que hicimos sobre violencia en el noviazgo, vimos que los bolivianos somos más controladores y celosos que los colombianos y los mexicanos, pero no tenemos investigaciones específicamente relacionadas con la creencia de que los hombres son por naturaleza mejores que las mujeres”, resalta.

¿Ha cambiado? Cree que el acceso a mejores oportunidades de educación reduce brechas entre grupos de mayor o menor poder. Al hablar de brechas de género, efectivamente, al mejorar las oportunidades educativas y, por tanto, laborales, de hombres y mujeres, se reducen las asimetrías de poder que sustentan las actitudes, creencias y conductas machistas.

"La lucha por la equidad lleva siglos y gracias a ella las mujeres accedieron a la escuela, a la universidad, al voto o a la propiedad. Obviamente las luchas por ser reconocidas como ciudadanas han reducido la creencia de que el hombre es por naturaleza superior a la mujer", argumenta Schulmeyer.

Para Guadalupe Pérez, de Colectivo Rebeldía, el patriarcado y el machismo tienen rasgos que tienen que ver con formas de opresión y de discriminación que se establecen en todas las sociedades, no en unas más que en otras.

“No siento que el machismo en el cruceño sea peor o más que en otras regiones del país. Se expresa de una manera que tiene que ver con la identidad de un lugar. Me parece que hay una relación entre lo que ocurre en el avance de los derechos de las mujeres y con nudos del machismo que implican no aceptar el avance de estos derechos”, explica.

En su criterio, no hay un resurgir del machismo, considera que hay una necesidad de que la sociedad se dé cuenta de que el feminismo tiene una apuesta política para mejorar las relaciones entre hombres y mujeres.

Agrega que Colectivo Rebeldía hizo un estudio de femineidades y masculinidades hegemónicas que hacen referencia de esas cajas de estereotipos de mandatos socioculturales para hombres y mujeres, que si bien están en decadencia, tratan de reciclarse y posicionarse para perpetuar una relación de poder patriarcal.

Las causas machistas

Según Parrado, el machismo en las sociedades se da porque la persona ha sido educada en un clima machista. Por aprendizaje social, acota, ha asimilado patrones y modelos conductuales negativos, distorsionados, de un mínimo de cuatro generaciones anteriores, que se refuerza generación tras generación, de acuerdo a la identificación con uno u otro género.

"Estos modelos conductuales han sido aprendidos en su proceso de formación, ya sea por el padre, la madre o los responsables de su crianza, han vivido una educación con actitudes de invalidación, descalificación, minusvaloración de sus talentos, capacidades, autoritarismo, violencia sicológica, física o sexual, así como sobreprotección o sobreindulgencia, que genera baja autoestima, inseguridad, distorsión de la imagen de ser mujer o varón, y ocasionan conductas polares de machismo o feminismo, que a su vez vuelven a educar con similares patrones conductuales", detalla.

De acuerdo con Schulmeyer, pensar que las mujeres son las responsables de reproducir los valores de una sociedad porque son 'las que crían a los hijos' es hacer una reducción al absurdo. Los hijos se crían en familias donde el poder está diferenciado y donde la mujer no trabaja fuera del hogar y depende del dinero que ingrese el varón para mantener a sus hijos, por muy funcional que sea, en el cotidiano, el lenguaje que se utiliza separa roles y define poder.

"Por ejemplo, en la frase: 'Fuimos a las rebajas y mi marido me compró estos pantalones'. La mujer es el sujeto pasivo que solo 'recibe la dádiva del que tiene el dinero, tiene el poder y tiene la potestad de darle algo que quiere'. Esto no es ni bueno ni malo. Simplemente es y reproduce un sistema de poder y divide roles", concluye.

El freno al machista

Parrado asegura que es posible evitar el machismo si se educa en los hogares a padres, madres, tíos, abuelos y en las instituciones educativas a los más pequeños con relación a su autoestima, a los valores, otorgando a ambos géneros mismos derechos y oportunidades, compartiendo responsabilidades de oficios en el hogar de manera equitativa. En cuanto a las actitudes, apoyando y aplaudiendo sus logros, animando en sus desaciertos o equivocaciones y enseñando a expresar, hasta sus emociones negativas, asertivamente.

Schulmeyer reitera que el acceso a educación y trabajo reduce brechas entre la desigualdad del hombre y la mujer. Por ello, el empoderamiento de las mujeres, para que no quede en discurso, tiene que venir de la mano de asegurarles el acceso a los beneficios de los que gozan los varones, como voz, voto, educación, igualdad de remuneración por el mismo trabajo, seguridad e igualdad ante la justicia.

 

RECOMENDACIONES

La sicóloga Fanny Parrado sugiere educar en los hogares a padres, madres, tíos, abuelos, y en las instituciones educativas.

AUTOESTIMA. Promover que cada uno descubra sus capacidades, talentos o incluso sus limitaciones.

EDUCAR CON VALORES. Respeto, paciencia, tolerancia y equidad, del género que sea.

CON ACTITUD POSITIVA. Animando, motivando y aplaudiendo sus logros.

CON INTELIGENCIA EMOCIONAL. Sin gritos, sin insultos, sin etiquetas, palabras ‘crasas’, ofensivas.

COMUNICACIÓN ASERTIVA Esto es expresando lo que se piensa y siente.

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