Escucha esta nota aquí

Quino no entendía varias cosas. Una de ellas era a las personas que le agradecían por todo lo que les dio. “Yo me quedo pensando qué les he dado. No soy muy consciente de lo que he hecho”, mencionó en más de una entrevista. Tampoco entendía la contradicción de saber que lo que había dibujado hace más de cuarenta años seguía vigente.

Sin embargo, ambas cosas eran verdades indiscutibles, Quino le dio mucho a mucha gente y nunca perdió vigencia, ni siquiera porque han pasado 47 años desde que dejó de dibujar a su personaje más entrañable: Mafalda.

Es que nunca se lo pudo separar de la niña curiosa que siempre estaba preocupada por la humanidad, a pesar de que el mismo autor nos recordara varias veces que ‘tan solo era un dibujo’. Su creación más famosa lo acompañaba a dónde iba y lo obligaba a responder siempre las mismas preguntas de sus seguidores y entrevistadores: “¿Por qué dejó de dibujarla?”, “¿cuál es su personaje favorito?”, “¿le gusta la sopa?

Pero la sensación, que recorrió el mundo el miércoles 30 de septiembre, fue que Quino no solo se separaba de Mafalda, sino también de todo aquel que supo reconocer a un ser capaz de atravesar el tiempo para darle en cada viñeta, en cada historieta, un espejo en el que mirarse.

Como si fuera con la intención de no arruinarle el cumpleaños a Mafalda, Joaquín Salvador Lavado Tejón murió un día después de que el personaje cumpliera 56 años. Su partida fue lamentada por artistas, intelectuales, políticos, celebridades y simples admiradores anónimos en cualquier lugar donde se conoció la obra del caricaturista argentino.





Anto Miranda. Los amigos Jarty y Breny, el corazón y el
cerebro, acompañan a Mafalda y observan la partida de Quino.

Sentimientos e influencias

A modo de homenaje, cinco dibujantes y humoristas gráficos bolivianos evocan a Quino a través de su lápiz, señalan cuánto influyó en su trabajo y qué hizo de la obra del argentino un hito tan importante para la historieta y el humor gráfico.

“Mis trazos han pasado por varias transformaciones en la búsqueda de un estilo propio y Quino ha sido uno de los primeros referentes para encontrarlo. Para los que nos dedicamos a los ‘dibus’ de historietas, nuestra primera escuela es Mafalda”, menciona Anto Miranda, que ilustra la partida del dibujante con los amigos Jarty y Breny, acompañando a la pequeña argentina a despedir a su creador.

Un día de esos mi padre me sorprendió con un regalo: era un librito de dibujos, de tiras humorísticas, unos cuadritos que servían de marco para la vida de unos personajes que muy pronto serían entrañables para mí. Yo tenía 12 años cuando conocí a Mafalda y a todos sus amigos (me identificaba con Felipe). Y por ellos amé a la historieta, al tebeo, a las tiras cómicas de todo el mundo que me fue dado conocer. Y por ella quise hacer mi propia tira: El Duende y su camarilla. Amé a Quino ¡Éramos tan tímidos! Y he aquí una reivindicación para los tímidos: Mafalda nació de la timidez de su creador”, señala Óscar Barbery Suárez, que, con el seudónimo de Gaspar, unió a Mafalda junto al legendario personaje del oriente boliviano.

Por su parte, Abel Bellido Córdova (Abecor), asegura que Quino no nos dejó, sino que, en su genialidad, vivirá por siempre. “Está ahí un gran legado, que muchas generaciones lo vieron y verán, y lo seguirán admirando, su aporte en humor, en la reflexión, en la sátira, son únicas. Como un caricaturista que admira con mucho cariño a este genio, me siento acongojado y triste”, expresa el dibujante paceño.

Carlos Ureña propone una despedida más íntima de Mafalda con el rostro de Quino en el firmamento. “Supongo que, al igual que para muchísima gente, Quino ha ilustrado una parte muy importante de mi vida. Fue y es uno de los caricaturistas que más me han influido y su trabajo es la constatación de que la poesía puede ser dibujada. Nos deja un enorme vacío, pero también una obra colosal. ¡Muchas gracias, por tanto, maestro!”.

Marcos Loayza une la imagen de Quino con una frase de Jorge Luis Borges: “Busca por el agrado de buscar, no por el de encontrar”, que, según, el cineasta nacional, resume lo hecho por Joaquín Lavado a lo largo de sus 88 años.

Curiosamente, en una entrevista al diario Página 12 en 2013, Quino recordaba que le quedó una cuenta pendiente con el autor de El Aleph. “Me quedó una frustración muy grande porque la única vez que pude cambiar unas palabras con Borges él estaba hablando sobre el idioma español. Le dije: ‘Perdón, soy hijo de inmigrantes andaluces’. Y me dijo: ‘Ah, usted sabe que la palabra andaluz viene de vándalos...’ y me llevó la conversación para el demonio”.





Inspiración. El Duende hace una confesión a Mafalda. Gaspar
asegura que ambos personajes coinciden en la timidez de sus
creadores.


Ícono de la historieta

Hijo de inmigrantes andaluces, Joaquín Salvador Lavado nació en Mendoza (Argentina) el 17 de julio de 1932. Desde su nacimiento fue nombrado Quino para distinguirlo de su tío Joaquín Tejón, pintor y diseñador gráfico, con el que, a los tres años de edad, descubrió su vocación.

En 1954, luego de hacer el servicio militar obligatorio, se fue a Buenos Aires a convertir su sueño de ser dibujante. Su pimera página de humor la publicó en el semanario Esto Es. Luego siguió en medios como Leoplán, TV Guía, Vea y Lea, Damas y Damitas, Uted, Panorama, Adán, Atlántida, Che, y el diario Democracia. También empezó a publicar con cierta regularidad en las históricas Rico Tipo, Tía Vicenta y Dr. Merengue. 

Fue entonces cuando llegó el dibujo publicitario y, al fin, su primer libro recopilatorio, Mundo Quino, en 1963. Un año después llegaría Mafalda, su más icónico personaje que nació a partir de una campaña publicitaria que nunca vio la luz. Desde las letras ilustradas, luchó incansablemente por la igualdad, contra los prejuicios y estructuras, la injusticia, la hipocresía y la discriminación.

La tira, que fue traducida a 30 idiomas y lleva vendidos en Argentina más de 20 millones de ejemplares, se hizo fuerte en la representación de distintos arquetipos sociales consustanciales a los 70, desde el ama de casa confinada a la vida familiar y absolutamente indolente con las problemáticas del mundo exterior hasta la rebeldía multipropósito de los jóvenes.

El gran éxito y fama internacional no impidieron que Quino, el 25 de junio 1973, tome una decisión para algunos desconcertante: no dibujar más tiras de Mafalda, pues ya no sentía la necesidad de utilizar la estructura expresiva de las tiras en secuencia.