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Sus canciones siguen pasándose en las radios del país, están entre las preferidas en los karaokes y cada cierto tiempo aparece algún imitador de él en la televisión tratando de remedar su inconfundible voz, pero poco se conoce en Bolivia de su trayectoria como actor y director de cine y su importancia dentro de la cinematografía argentina y latinoamericana. Es que Leonardo Favio fue un artista capaz de moverse en diversos ámbitos creativos y lograr excelentes resultados.

“Definir a Favio sería maniatarlo y él quería ser libre”, dijo Alfredo Alcón, protagonista de una de sus películas, Nazareno Cruz y el lobo, al poco tiempo de su muerte el 5 de noviembre de 2012; para ese entonces Favio tenía 74 años y llevaba varios años enfermo de polineuritis, lo que le dificultaba caminar. Finalmente fue una neumonía la que lo terminó venciendo.

Fuad Jorge Jury Olivera era su nombre verdadero. Nació en Las Catitas, Mendoza en el 28 de mayo de 1938. Su padre abandonó su hogar cuando él era pequeño. Se crió con su madre, la escritora y locutora de radio Manuela Olivera. Tuvo una niñez y adolescencia marcada por la pobreza, pero nunca olvidó la obra social que en esos años hizo el gobierno de Perón, que luego marcaría su inclinación política.

Durante su adolescencia se inscribió en la Marina pero fue expulsado.Cometió algunos delitos menores por los que terminó preso y en reformatorios. Regresó a Mendoza.Allí trabajó en radioteatros con lo que obtuvo cierto reconocimiento. La obra más exitosa, La fiera acorralada, había sido escrita por su madre.

Gracias a su tía, la actriz Alcira Olivera Garcés, casada con el guionista Abel Santa Cruz, comenzó con pequeños papeles en radioteatros de Radio El Mundo y su primer papel en cine: El ángel de España.

Cuando conoce al director Leopoldo Torre Nilsson, él mismo lo apadrina y le consigue su primer protagónico en El secuestrador (1958). Gracias a ese papel consiguió trabajar con directores de la época como Fernando Ayala, en El jefe, Daniel Tinayre, en En la ardiente oscuridad y José Martínez Suárez, en Dar la cara.

Favio, luego quiso explorar la tarea de guionista y director. Rodó un cortometraje en 1960, El amigo, pero recibió el aplauso de la crítica con su segunda producción, Crónica de un niño solo. A partir de entonces se transformaría en un cineasta de culto, que luego ganó prestigio internacional con títulos como El romance del Aniceto y la Francisca y Nazareno Cruz y el lobo.

En los 60 y 70 explotó su veta de cantante romántico. Tras el golpe militar de 1976 en Argentina, Favio se exilió en Colombia y se dedicó a dar giras musicales. La canción “me permitió vivir con dignidad”, confesaría tiempo después. En tierra colombiana conoció a su segunda esposa, Carola Leyton. La primera, la actriz María Vaner, se había marchado en 1974 de Argentina a España junto a los dos hijos del matrimonio porque estaba amenazada por la Triple A, fuerza paramilitar de derecha.

Favio regresó a su país en 1987. Su último largometraje, Aniceto, relectura en clave de ballet de su clásico de 1966, arrasó en 2007 con los Cóndor de Plata, las distinciones de la crítica de cine de Argentina. Identificado con el peronismo de los Kirchner, rodó en 2010 un cortometraje, La buena gente, por el festejo del Bicentenario de su país.