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¿Qué nos ha enseñado o mostrado de los humanos la pandemia de coronavirus?
Creo que nos ha recordado que el ser humano es frágil, que no puede solucionarlo todo por su cuenta, que necesita cuidar y ser cuidado. Creo que nos ha enseñado también que es importante reforzar la convivencia, los marcos sociales, el poder de los Estados a la hora de fijar soluciones de salud pública y seguridad. Y creo que debiera enseñarnos que la cultura y la educación son bienes esenciales para una democracia, porque sin ellas los poderes del Estado pueden convertirse en enemigos de las libertades democráticas y los derechos individuales. Los problemas de este mundo son colectivos y hay que buscar soluciones en común, progresos en común.

_En este mundo de realidades virtuales, memes y tuiteros ¿cuál sería el rol de la poesía y los poetas?
La tecnología es muy importante, pero resulta peligroso sustituir la experiencia de carne y hueso con realidades virtuales. Y es muy peligroso que se consoliden redes de intoxicación que borren la información seria, tan fundamental en una democracia. Me gusta pensar que el poeta representa al ser humano que quiere hacerse dueño de su propio pensamiento, de sus palabras. El poeta no dice lo primero que se le ocurre, porque entonces solo repetiría lo que flota en el ambiente, promovido por poderosos mecanismos de control de las conciencias. Tampoco escribe para caer simpático. Intenta ser dueño de su propia conciencia. Hablando de su profesión de periodista, Albert Camus decía que él no intentaba estar en posesión de la verdad, sino que se comprometía a no mentir. Me gustan los poetas que no se sienten poseedores de un dogma, de una Verdad esencial escrita con mayúscula. Buscan honestidad en sus palabras, una verdad escrita con las minúsculas de su conciencia individual, para conocer las relaciones de sus sentimientos, sus ideas y su yo con el mundo.

_En tiempos de lecturas rápidas y fragmentarias ¿qué significa saber leer?
Leer significa etimológicamente elegir con elegancia. Un maestro de poetas como Antonio Machado nos enseñó que la verdadera libertad no está en decir lo que pensamos, sino en saber pensar lo que decimos. La lectura tiene que ver con eso, con la lentitud. Por dos motivos. Primero, porque hace falta tiempo para comprender la realidad de una forma completa, en comunidad, sin el sectarismo interesado de lo fragmentario. 

Y después porque la lectura y los relatos nos dan una idea del tiempo como herencia. Los viejos de la tribu se sentaban junto a la hoguera y contaban las historias que consolidaban una comunidad. Los jóvenes sabían que, al desaparecer los mayores, deberían tomar la palabra, seguir contando con sus voces el relato que se enfrentaba al olvido. El tiempo de la lectura nos hace herederos, tiene planteamiento, nudo y desenlace. La sociedad actual mercantiliza el tiempo, lo convierte en mercancía de usar y tirar, en instante llamado a desaparecer en la prisa. Lo noticia de hoy, mañana no existe. Sin embargo, las lecturas nos obligan a responsabilizarnos de una herencia.

_¿Cómo se incentiva el gusto por la lectura y la poesía entre los niños y jóvenes?
Creo que la educación es muy importante, tanto en el ámbito familiar como en el colegio. Yo soy poeta y profesor de literatura porque mi padre tenía la costumbre de leer en alto sus poemas preferidos y porque tuve la suerte de encontrar algunos profesores que me contagiaron su pasión por los libros. Profesores que hacen de los libros vida, que saben entender la edad de sus alumnos, el mundo en el que viven, las respuestas que pueden darnos los libros. Libros que nos hablan de nosotros. Eso incentiva el gusto por la lectura. 

_Algunos creen que vivimos una época en la que las mentiras ganan más espacio por el auge que ha tenido la cultura digital y el uso de las redes sociales ¿Usted qué opina?
Que es así. Hubo un primer momento en el que se pensó que las navegaciones de internet y las redes sociales santificaban la democracia. Y no ha sido verdad. Junto con sus ventajas indudables, también han confundido información y comunicación de una forma muy peligrosa. Las grandes plataformas nos abren una ficha de consumidor, nos ofrecen aquello que nos interesa según su programa de ventas. Si yo pregunto por una ciudad de Bolivia, seguramente me den informaciones culturales. Si el preguntón es un aficionado al fútbol, seguro le dan información deportiva. 

Y nosotros nos acomodamos con facilidad. Nos sumergimos en el vértigo publicitario incluso en la política. Se forma un círculo vicioso. Acabamos acudiendo a aquellos portales que nos dan la razón, que mueven nuestros instintos. Se pierde un conocimiento completo y objetivo de la realidad, dependemos cada vez más de unos instintos desatados más que del conocimiento.

_Hace unos años usted nos decía que “el cinismo es uno de los grandes males de la cultura actual ¿En qué o en quiénes lo ve reflejado?
La modernidad surgió para defender la razón frente a las supersticiones. Nos acostumbramos a dudar de muchas cosas. Los grandes pensadores nos enseñaron, por ejemplo, que bajo las cosas que parecen normales hay situaciones de dominio. Nietzsche, Freud, Marx, el feminismo, el anticolonialismo, nos enseñaron que bajo las aparentes Verdades se esconden legitimaciones de distintos dominios religiosos, de clase, éticos, patriarcales o coloniales. 

Eso puso de moda un necesario pensamiento crítico. Pero el poder de forma astuta convirtió a ese pensamiento crítico en un aliado para generar un tipo de pensamiento cínico: nada es verdad, nada importa, nada puede cambiarse, los valores son una estafa. Yo creo que la modernidad y la razón se merecen una segunda oportunidad, porque no me gusta que los derechos humanos se pierdan en la dinámica de que todo es relativo y todo carece de importancia. Apostar por la democracia es acordar unos valores de convivencia en lo que se pueda respetar al otro y solucionar injusticias sociales, enfrentándose a las mentiras.

_¿Cuáles son los retos que tiene el español para su enseñanza y difusión?
Lo importante para mantener la unidad es comprender que esta riqueza necesita respetar los matices, la diversidad, sin que nadie se sienta modelo del idioma, centro del idioma. Y a partir de ahí compartir en lo posible una respuesta hispánica, o ibérica, a los retos de la globalización. Yo creo que es importante estar orgullosos de nuestra gran tradición cultural, humanista. Pero creo que debemos también apostar por hacer de nuestro idioma un lugar para la ciencia y la tecnología. Sin ciencia y tecnología, igual que sin humanidades, es imposible el progreso, el desarrollo, la democracia. Algunas sociedades se han interesado en hacer del español una lengua de pobres. Somos un idioma fuerte en número de hablantes, pero no debemos ser autocomplacientes, debemos trabajar por su prestigio.

_¿Qué opina del lenguaje inclusivo?
El lenguaje está pegado a la piel de la vida, conforme cambia la sociedad cambia el lenguaje. Yo creo que los pasos que la sociedad está dando hacia la igualdad entre hombres y mujeres son fundamentales para el progreso y una sociedad justa. Por eso poco a poco cambia un lenguaje nacido en sociedades machistas. Es normal que ahora hablemos de presidentas, ministras, la médica, la científica. Depende mucho de los lugares en los que uno esté acostumbrado a hablar. 

Yo hace tiempo que utilizo con naturalidad expresiones como los derechos de la ciudadanía, en vez de los derechos del ciudadano, o de los derechos del ser humano, en vez de los derechos del hombre. Poco a poco el lenguaje se apartará del machismo si lo hacen nuestras sociedades. No me gusta, sin embargo, las ocurrencias de unas élites que quieren modernizar por su cuenta y que convierten causas justas en una tontería. Yo amo a mi lengua materna, y si mi padre oye que en vez de hablar de amigos o amigas hay que decir ‘amigues’, pues seguramente opinará que el feminismo es una patochada. Tampoco me gusta que se sustituya con @ alguna terminación de vocabulario. La unidad de nuestro idioma es un fundamento de la comunidad, una herencia, y que se comprometa con las ilusiones colectivas hará bien en no adulterar el lenguaje.

_¿Qué palabras cree que es necesario que incorporemos a nuestro lenguaje cotidiano?
Hace unos meses publiqué un libro, Las palabras rotas, en las que hablaba y reivindicaba algunas palabras adulteradas por la sociedad: libertad, verdad, bondad, identidad, progreso, tiempo, política, realidad, conciencia, lectura… Creo que hay que incorporarlas en su sentido humano y democrático a nuestro vocabulario.

_¿Con qué poema o frase usted describiría nuestro tiempo?
Publiqué hace años, en 1994, un libro titulado Habitaciones separadas. Para bien y para mal creo que vivimos un tiempo de habitaciones separadas. A ver cómo salimos de este confinamiento.



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