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Luis René Moreno no era de aquellas personas que le gustaba hacer aspaviento de sus logros, pese a que su aporte a las ciencias naturales fueron notables. Siete orquídeas descubiertas por él llevan su nombre, pero son muchas más las que ayudó a registrar, al igual que las más de un centenar de palmeras nativas. Sin embargo, lejos de los reconocimientos personales lo animaba su afición que desde niño aprendió a tener por las plantas y que ellas contribuyan a que se conozca más de la rica y variada naturaleza que tiene Bolivia.

Tata, como le decían sus amigos y familiares, falleció el lunes 10 de mayo, a la edad de 90 años, víctima del Covid-19. Su partida fue discreta, como su vida, pero es como si se cerrara para siempre una gran enciclopedia de saberes, que el desgranaba en sus charlas en las que no faltaba el humor y su constante afán de conocimiento. Moreno deja un gran legado para la investigación en Bolivia y un modelo para las próximas generaciones.

Sus inicios

Moreno fue el cuarto de 12 hijos. Sus hermanos mayores tenían más afinidad entre ellos y andaban todo e l tiempo juntos. Él, quedó un poco relegado y tuvo que aprender a valerse solo. Dicen que una de las primeras palabras que aprendió a decir fue ‘tata’ y fue el sobrenombre por el que sus amigos y familiares lo empezaron a llamar y se quedó con él. 

Fue un niño solitario, pero curioso. Le gustaba adentrarse en el monte para recoger plumas de aves, hojas e insectos que coleccionaba. Sin embargo, fueron las orquídeas lo que más le atrajeron y muchos de esos paseos se convirtieron en caminatas con el objetivo de buscarlas y, con suerte, encontrar alguna con características distintas.

La ciudad no ofrecía oportunidades para mantener esta actividad y fueron las vacaciones que pasaba en la hacienda de su tío Germán Moreno, las que le permitía seguir con esta afición. “La estancia quedaba a siete kilómetros de Montero y ahí mi tío nos reunía a los cerca de 50 sobrinos que éramos. Pasábamos nuestras vacaciones deleitándonos con la selva, pescando, a mí no me gustaba cazar, pero sí recolectar orquídeas”, contaba el investigador en una entrevista para Extra de 2005.

En su interés por las orquídeas fue también un personaje solitario. Por muchos años tuvo que aprender a cuidarlas y sus características a través de consejos y alguna u otra cosa que él leía o averiguaba. Pero Moreno fue haciendo una importante colección de ellas que debió abandonar en 1951 cuando se fue a estudiar medicina a Sucre. 

Con el apoyo económico de su tío Germán que le pagó parte de la pensión estuvo en la capital del país hasta fines de los años 50. Hizo muchos amigos e incluso recordaba con cariño a una familia que lo acogió en su casa, por eso para él Sucre era como su segundo hogar.

Sin nadie que cuidara de sus orquídeas esa colección terminó por perderse y a su regreso a Santa Cruz, luego de egresar de medicina, volvió a empezar de cero. Ingresó a trabajar en la compañía petrolera Bolivian Gulf y lo destinaron a Caranda. “Nada mejor para mí, porque esa zona era como el paraíso de las orquídeas. Así que hice mi orquidiario dentro del campamento.

Tiempo después la empresa para la que trabajaba le dio una beca para que se especializara en cirugía en Estados Unidos. A su regreso siguió trabajando en la compañía hasta que fue nacionalizada. Pasó después a trabajar en la Caja Nacional de Salud (donde estuvo 34 años), Hospital San Juan de Dios y en el Hospital Cañero de Warnes hasta que finalmente se jubiló a los 66 años. Compartía su vida profesional con su afición por la botánica y convenció a un vecino y a su hermano Oscar ‘Papi’ Moreno para que se le unieran en el cultivo de orquídeas.

Fue conociendo más detalles de ellas a través de libros y revistas internacionales a las que se suscribió, además de establecer contacto con muchos coleccionistas estadounidenses con los que hacía intercambio de información y de variedades de la planta. También realizó innumerables viajes por el país para recoger datos y especies. En muchos de ellos estuvo acompañado por su esposa y sus cuatro hijos. En otras ocasiones por amistades que se sumaron a la aventura de atravesar los más inhóspitos caminos de Bolivia.

“Recorrí miles de kilómetros y en ocasiones a costa de ‘fundir’ las movilidades, pero eso forma parte del afán de investigar nuevas cosas. Siempre salí en estas excursiones por entretenimiento y no por la obligación o el compromiso de encontrar algo nuevo. A medida que caminábamos fuimos encontrando nuevas especies al azar, fue como encontrar un tesoro sin buscarlo. A veces colectábamos ejemplares de las plantas y buscábamos datos en libros y en ocasiones hemos enviado muestras a Nueva York para que los especialistas nos digan si estaban clasificadas o no”, explicaba Moreno.

La bailarina y otras

‘Tata’ Moreno fue durante seis años director del zoológico y del Jardín Botánico de Santa Cruz. Su carácter reservado y sencillo le hizo rechazar en primera instancia el cargo, porque consideraba que no era un profesional de esas áreas, pero sus conocimientos de la temática eran, incluso superiores a las de otros profesionales.

El fallecido investigador Roberto Vásquez, reconocido investigador de orquídeas en el país, siempre destacó el aporte pionero de Moreno sobre las orquídeas, pero consideraba que su gran logro y el de mayor trascendencia era haber reunido y clasificado la más completa colección de palmeras de Bolivia. Junto a su hermano Oscar (Papi), clasificó más de un centenar de palmeras nativas. Un trabajo único en Bolivia y al que le dedicó la última etapa de su vida y que ha sido publicado en el libro Colecciones de las palmeras de Bolivia, que ha tenido dos ediciones y de la que preparaba una tercera antes de morir.

En los momentos de descanso, cuando no estaba dedicado a sus investigaciones, le gustaba pasear por el orquideario que todavía existe en el jardín de su casa, donde también hay 40 variedades de palmeras que ha traído de sus muchos viajes. 

En una de ellas, e ntre las más altas, hay una Oncidium stacyi Garay, la primera orquídea nativa que descubrió cuando tenía 13 años. Esta planta recibió el nombre de bailarina, gracias a la cantante Gladys Moreno, que era una de las sobrinas de Germán Moreno que visitaba la hacienda en las reuniones de sobrinos . 

El movimiento de sus flores hizo que la comparara con el de una bailarina. ‘La bailarina’ ha sido objeto de polémicas entre orquideólogos estadounidenses en los años 70 y es una historia, con ribetes novelescos, que Adolfo Moreno, sobrino de Tata, registró en un detallado artículo en la Revista de la Sociedad Boliviana de Botánica (2003) y en otras publicaciones en las que cuenta la manera en que se omitió su nombre a la hora de realizar su registro taxonómico.

Sin embargo, actualmente hay siete orquídeas que llevan su nombre y muchas otras que ayudó a registrar. “La contribución de tío Tata no fue solo descubrir especies nuevas, sino también descubrir especies que ya existían, pero que no se sabía que habían en Bolivia”, explica Adolfo Moreno, que además destaca su incansable pasión por la investigación, labor en la que no descansó, casi hasta el final de su vida.

Recuerdo. En una imagen del álbum familiar, cuando realizaba sus exploraciones.

Generoso. En una de los últimos festivales de las orquídeas realizado en el Museo de Historia explicando detalles de las
flores.


Amable. Nunca guardó sus conocimientos para él solo y
siempre estuvo dispuesto a explicar sus investigaciones.

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