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Desde sus comienzos, lo que ha distinguido siempre a Joaquín Lavado es la sátira social, irónica y universal, reconocida en diversas ocasiones como una vox populi, aquel murmullo social que no se grita, pero tampoco se deja de cantar. Convirtiendo a sus obras en un puente inquebrantable entre la sociedad y la política.

Al comenzar a publicar de forma regular en 1954, sus historietas no tardaron en dispararse como un cañón que no distingue espacio ni tiempo. Con un público mundial y una vigencia atemporal, el humor crítico que lo caracteriza es una representación de la situación global contemporánea.

Siendo siempre fiel a estos preceptos, Quino logró establecerse como artista en potencia en la década de 1960, presentando su primera exhibición en 1962 y, posteriormente, publicando Mundo Quino en 1963, el primer libro de tantos que le seguirían.

Este tesoro, que terminó en una isla desconocida tras la ola de popularidad de Mafalda, es una joya que vale la pena rememorar.

A pesar de no ser el identificador de este artista, la obra tuvo un éxito sin precedentes en varios países del mundo, incluido EEUU, a tal grado que se afirmó “finalmente un caricaturista que no dibuja parejas leyendo el diario durante el desayuno”.

En este compilado de historietas se abordan diversos temas, como la Segunda Guerra Mundial. A partir de esta cuestión, estudia tópicos tales como el desplazamiento del hombre por la tecnología y la destrucción que se enaltece para reiterar el poder.

A su vez, aborda la caída de los valores humanos y su reemplazo por bienes materiales y muestra la separación de clases como una consecuencia que ha sido llevada al punto de crear diversas realidades y la cual en Mundo Quino se presenta como un nuevo tipo de esclavismo.

El consumismo, el control mediático, una religión más burocrática que el gobierno y éste como un tirano guiado por una moral que distorsionada, son solo algunas de las cuestiones que Quino explora para comprender cómo es que la vida se ha convertido en una carrera tan obstaculizada que uno termina muriendo antes de llegar a la tan esperada ‘meta’.