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Dicen que la música cura el alma y que también actúa como bálsamo para el dolor físico. “Compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu”, aseguraba Cervantes.

Plenamente de acuerdo con el autor del Quijote, un grupo de artistas pone en práctica ese pensamiento y añade la determinación de que el arte nos puede ayudar a entender que estamos todos conectados y que dependemos de los demás; que nos puede convertir en alguien mejor.

Desde agosto, la Sociedad Boliviana de Música de Cámara viene presentando Música para Respirar 24/7. Se trata de una instalación artística en la que los integrantes e invitados ofrecen mensualmente miniconciertos gratuitos personales por WhatsApp, las 24 horas, durante una semana.

En sus dos primeras ediciones (agosto y septiembre), la Sociedad llegó a tocar para más de 1.000 personas en más de 700 conciertos producidos.

Entre los oyentes hubo pacientes de Covid-19, parientes de pacientes con la enfermedad, personas que perdieron seres queridos, personal del área de salud y gente en cuarentena, así como amantes de la música de toda edad. Todos ellos disfrutaron de las melodías interpretadas por los jóvenes artistas desde sus domicilios y, en algunos casos, desde hospitales, hogares de niños o centros de la tercera edad.

Esta semana concluyó la tercera edición (octubre) y la respuesta de la gente ha superado a las anteriores. La diferencia quedó marcada en esta ocasión porque el proyecto se extendió fuera de nuestras fronteras, gracias a la invitación que recibió la Sociedad Boliviana de Música de Cámara de parte de InConcerto Ecuador para abrir el festival Música Ocupa 2020.

Basados en el tema unión e integración, el festival tiene por objetivo liderar desde Latinoamérica un movimiento de artistas que promueva la creación de públicos para la música clásica.

De esta manera el alcance del trabajo de los artistas bolivianos se replicó en un evento internacional. Cabe recordar que Música para respirar 24/7 contó con oyentes de diversos países desde un principio.

Además de Bolivia, el público se contactó desde Alemania, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Estados Unidos, Francia, México, Perú, Puerto Rico, Panamá y Uruguay.

“Música para respirar 24/7 es una idea acertadísima, ya que la música es un instrumento terapéutico. Gracias al extraordinario músico por haberme brindado ese concierto privado y único, cargado no solo de excelente repertorio, sino de calidad y calidez humana. Gracias por estar con el personal de primera línea y apoyarnos a bajar niveles de distrés”, dice el testimonio de un oyente.

Camila Barrientos Ossio (clarinete), Karla Jiménez (clarinete), Bruno Lourensetto (trompeta), Gabriel Bilbao Toledo (violín), Karin Cuellar (violín), Vania Andrea García, Anahí Garvizu Siles (violonchelo), Claudia Machicado Torres (contrabajo), Paola Machicado Torres (percusión), Sergio Escalera (piano) y Fernando López Flores (piano) son una especie en héroes musicales que han llevado alegría a los corazones durante el confinamiento, que se han convertido en poderosos aliados que ayudan a combatir el bajón y a regalar minutos de felicidad.

Son los integrantes de la Sociedad Boliviana de Música de Cámara, fundada en 2014 por Barrientos, Lourensetto y Escalera. En Música para respirar han contado con la colaboración de Karen Arce (charango), Arpad Debreczeni (violín) y Javier Escalera.






Sensaciones

“Sentí cómo mis sentimientos, mi tristeza, tomaban forma y se expresaban en una melodía; fue como liberarla de mi interior y sentirla fuera de mí. El concierto y la artista me demostraron que todo tiene una razón de ser y la vida también, que el dolor es un proceso y también puede ser algo bueno”, comenta una oyente, que compartió la experiencia en conexión con Karin Cuéllar Rendón, violinista cruceña, que radica en Montreal (Canadá).

“En estos tiempos, en los que la incertidumbre y malas noticias abundan, nosotros apostamos por el poder de la música y su capacidad de crear espacios para trascender momentáneamente nuestras realidades. En varias de las llamadas/miniconciertos que hice, pude apreciar un cambio en el semblante del oyente. La experiencia fue mutua: lloré, reí, canté y hasta bailé con ellos, son experiencias muy reales en tiempos virtuales”, menciona Cuéllar.

Gracias a Karin, Mónica Briancon Messinger vivió un tiempo de calma y quietud. La periodista y directora de una revista en La Paz, valora la iniciativa de la Sociedad, “que demuestra la gran calidad humana y artística de sus integrantes”.

“Fue emocionante escuchar uno de los conciertos. Dijeron que calificaba para escuchar, no por la enfermedad, sino por el estrés en el que estamos sumergidos quienes ejercemos el periodismo. Recordé cuánto extraño ir a un concierto o cantar en un coro. Sé que volveremos a una ‘nueva normalidad’ y estoy segura que será de la mano de la música”, expresa Briancon.

A Rosario Martínez le llamó mucho la atención el nombre de Música para respirar, pues, asegura que las melodías son parte esencial en su vida. Por ellos se sintió motivada a llamar a Camila Barrientos para agendar un concierto privado. Lo disfrutó acompañado de su mamá, que es artista y profesora hace 46 años.

“Era el momento diferente que tanto necesitábamos para despejar mente y alma. El estrés y el encierro han sido muy intensos en esta pandemia. Poder ver a Camila y escucharla tocar piezas tan hermosas fue realmente una experiencia hermosa y diferente. La labor que está haciendo la Sociedad es invaluable, es un proyecto que debe impulsarse con mucha energía, asimismo, debemos sentirnos orgullosos de ver que profesionales bolivianos tienen e impulsan ideas tan impactantes”, indica Martínez.

Para los artistas ha sido muy importante comprobar la respuesta de la gente desde este formato, lo que los anima a pensar en una gira por el país, para encontrarse con los oyentes de forma física cuando la crisis sanitaria acabe.

Estamos desarrollando amistades musicales, que son muy profundas, porque la música, de cierta forma, te libera para conectarte de una manera que no la puedes hacer verbalmente” dice, por su parte, Camila Barrientos.

“Nunca antes tuvimos una experiencia similar, la magia viene de poder conversar con quienes nos escuchan”, afirma Karla Jiménez, que celebra esta experiencia y espera que también sirva para motivar a más personas a vincularse afectivamente a través de la música. “Es un legado que nos diferencia entre culturas. Es algo que trasciende. Esto debe ser una lección para todo el que considera que el arte no es tan importante; todo lo contrario, el arte es esencial para vivir una vida plena”, añade.

“El arte no solo viene a hacer el mundo más lindo, también viene a llegar a lo más profundo de la humanidad, a conectar esta humanidad disipada y distanciada”, concluye Karin Cuéllar.