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Rodéate de plantas y vivirás mejor. Mucha gente está convencida de que esa manera de pensar le ha permitido encontrar una fuente de equilibrio natural en sus vidas y hacerla más llevadera en todo sentido. Es gente con pasión por las plantas y la jardinería, que ha visto cómo su hobby puede ser un oficio rentable. Coleccionan distintas especies y forman partes de clubes y grupos en los que comparten sus experiencias y amplían sus conocimientos.

A veces los muertos permanecen entre nosotros a través de sus plantas y conocen gente nueva”, afirma el artista estadounidense Karsten Krejcarek.

Junto con su esposa, la boliviana Ana Carola Traverso- Krejcarek, pone en práctica estas y otras filosofías desde que la flora se apoderó del departamento de la pareja en Nueva York, donde actualmente conservan más de 200 variedades de plantas pequeñas, entre ellas, varias orquídeas.

Los esposos comparten colecciones de plantas con amigos, son socios del Jardín botánico de Nueva York y nunca faltan a la exposición anual de orquídeas donde pueden apreciar la gran variedad que existe de esta especie.

Una planta especial que conservan en su hogar es un filodendro rojo, que perteneció a la artista británica Leonora Carrington.

Traverso considera difícil conservar un jardín en un departamento, no solo por el reducido espacio sino también por los cambios bruscos de temperatura, en especial cuando llegan los inviernos crudos al hemisferio norte.

La socióloga aconseja a la gente que desea tener plantas en espacios reducidos ser precisa y disciplinada con el agua. “Las plantas en interiores reducidos no necesitan demasiada atención, ellas prefieren que uno no las moleste tanto. Pero es cuestión de práctica, y aunque se les muera a los novatos, es un arte y como toda disciplina, se puede dominar”, añade Traverso, que también recomienda que se cultive el amor por la vegetación nativa.

Las orquídeas también son la pasión de Gustavo Menacho, que es directivo del grupo Keikis, cultivadores de orquídeas de Bolivia y también cuenta con una rica colección de cactus.

Acerca de los cuidados que se deben tener con las orquídeas, hace énfasis en la luz que debe recibir de acuerdo con su especie. “Hay que saber identificar qué tipo de sol necesita la orquídea, en algunas basta solo con una luz tenue, mientras otras no necesitan nada de sol, porque las quema. Muchas personas se lamentan porque su planta se muere y porque no saben qué tipo de sol necesita. Imagínese, tenemos casi 40 grados, a las plantas hay que regarlas, si se queman, les va a costar recuperarse”, indica Menacho, que cuenta con orquídeas nativas, vandas y azaleas.

A la vez que asegura que los hombres coleccionan más orquídeas que las mujeres, recomienda buscar asesoramientos en grupos de cultivadores. “Ellos dan cursos gratis, enseñan todo lo que uno debe saber, desde el tratamiento hasta la forma de cultivar”, añade.

Cristina Cerruto empezó con el gusto por los cactus en 2010, cuando el único que tenía (un stapelia gigantea) dio flor. Luego compró más variedades en Samaipata y empezó a medir la cantidad y el tiempo de agua que necesitaban, así como la exposición a la luz solar.

Ahora cuenta con más de medio centenar de macetas en su hogar y su colección sigue creciendo, como también sus conocimientos sobre esta actividad, los cuales se refuerzan con el asesoramiento de la gente con la que comparte su pasión en los clubes Pasión Cactusera, El Mundo de Cactus y Suculentas en Bolivia.

“Las plantas significan alegría e inspiración. Dan color a la vida, te relajan con solo mirarlas y hablarles, ayudan a mejorar el estado de ánimo de las personas. A las personas que comienzan en esto les aconsejo remover el sustrato (tierra) cada tres meses, porque llega un momento en que la tierra con la que las plantamos ya no tiene más nutrientes y es por eso que muchas veces dejan de crecer o no florecen. También, de tanto en tanto, regarlas con agua de lluvia, a ellas les gusta y se ponen más lindas”, expresa Cerruto.

Con paciencia

Andrés Fernández es experto en bonsái. Más de 22 años dedicado a esta actividad junto con su familia lo avalan. Lo que nació como un hobby se transformó en un completo trabajo en equipo. Andrés y su padre se encargan del diseño; su madre, de regar y desyerbar; su hermano maneja las redes sociales (@bonsaiengei) y hasta su hijo Facundo colabora en la labor.

Todos están orgullosos de las especies nativas que conservan, como la pajarilla, que después de 23 años ha florecido. El trabajo ha crecido de tal manera que cuentan con 50 variedades de toborochi, algunas que han sido cultivadas desde la semilla, hasta ficus que tienen más de 10 años. También incluyen árboles frutales, como guapurús, patas de elefante, rosas del desierto y aún conservan los cuatro bonsáis con los que comenzaron.

“Desde un principio apostamos a las especies nativas, porque contar solo con las conocidas en otros países no tendría el mismo valor. El olmo chino, por ejemplo, se puede cultivar acá, pero es complejo, al igual que los pinos y los juníperos; en cambio, los nativos crecen bonitos, porque están dentro de su hábitat”, afirma Fernández, que es parte del Club Bonsai Santa Cruz y Club Bonsai La Paz.

Al respecto, valora que en la sede de Gobierno se le dé mayor importancia a esta actividad: “Allá es más fácil conseguir las herramientas para el cultivo, además que hay más gente que se dedica a coleccionar y vender bonsái”.

Lo elemental es contar con paciencia y dedicación, señala, porque son árboles que no se desarrollan de un año para otro. “Es como cuidar un hijo, es un ser vivo que lo tenés a tu lado y hay que alimentarlo y darle lo necesario para que pueda vivir”, indica mientras señala que al bonsái hay que abonarlo una vez al mes y regarlo dos veces al día en temporadas de calor.

“El sustrato depende de la característica de la planta, especialmente del tamaño. En casa usamos el humus de lombriz, además de ladrillo molido, una arcilla dura que se consigue en Cochabamba”, comenta.

“Hay árboles que requieren más luz solar, a esos hay que saber colocarlos, alguno les basta con cuatro horas al día, mientras que a otros basta con que les llegue el reflejo”, agrega.

Fernández dice que el precio depende del tiempo que tenga el árbol y sus características. Algunos que llegan a costar hasta $us 2.000. En su hogar venden desde a Bs 100 y 350 hasta 500.

“Nosotros no solo producimos y lo vendemos. La mayoría de la gente que nos compra no saben cómo se hace para mantener un bonsái. Entonces damos un servicio de posventa en el que los capacitamos. Tenemos clientes que nos llevan tres o cuatro y vuelven porque los asesoramos y hacemos seguimiento al cuidado de su árbol. La capacitación es importante”, finaliza.