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Un abrazo fraterno, algunas palmadas en la espalda, una caricia, un beso o un apretón de manos para saludar a un conocido, o simplemente como demostración de educación, solían ser parte de nuestros gestos casuales y cotidianos antes de la pandemia por el Covid-19. Hoy esas interacciones pueden ser las vías de transmisión del virus y son prohibitivas.

Una sentencia popular dice que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos y eso parece aplicarse a la sensación de estrés y desazón que muchas personas están empezando a sentir por la falta de contacto humano, ya sea para abrazar a un amigo o estrechar la mano de un compañero de trabajo o darle un beso a un familiar.

Algunos efectos

La falta de contacto físico puede afectar a las personas de muchas más formas de las que se cree y no es solo el estrés por un cambio de hábito, explica en una entrevista de la revista Times, Dacher Keltner, docente de Sicología de la Universidad de Berkeley, California y director del Laboratorio de Interacción Social de la misma universidad

“El tacto es el lenguaje fundamental de la conexión entre las personas”, dice Keltner. “No se trata solo de cómo nos sentimos emocionalmente. Su privación puede afectar a las personas a nivel sicológico e incluso físico. “Gran parte de nuestro cerebro se dedica a dar sentido al tacto y nuestra piel tiene miles de millones de células que procesan información sobre ella”, afirma. 

El contacto amistoso, como abrazar a tu pareja o a un amigo querido, calma tu respuesta al estrés. El contacto positivo, activa un conjunto grande de nervios en el cuerpo que mejora tu sistema inmunológico, regula la digestión y lo ayuda a dormir bien. También activa partes de tu cerebro que te ayudan a sentir empatía”, explica el especialista.

Beneficios

En la última década, muchos estudios han documentado que además de los beneficios para la salud física y emocional que se obtienen de interactuar a través del tacto, también resulta fundamental para la comunicación, la vinculación y la salud humana.

“Es importante aclarar que esto de tocarnos es muy cultural y en la nuestra hemos sido educados para tener un contacto físico y eso va desde un apretón de manos que era una clásica norma de cortesía hasta abrazos efusivos, de acuerdo a los vínculos afectivos con la otra persona. Por ejemplo, los habituales abrazos entre los hombres de nuestra cultura cruceña. Ese contacto físico golpeándose con fuerza la espalda; mientras más fuerte más te quiero y más hombres somos, parecen decir esos códigos. Entre las mujeres nos fundíamos en un solo abrazo quieto”, comenta la sicóloga Jeannette Paredes.

Los beneficios de tocarse comienzan desde el momento que nacemos. Tiffany Field, directora del Touch Research Institute de la facultad de medicina de la Universidad de Miami descubrió que los recién nacidos prematuros que recibieron tres sesiones de 15 minutos de terapia táctil a base de masajes y contacto con sus madres todos los días, durante 5 a 10 días aumentaban a un 47% más su peso, que los bebés prematuros que habían recibido el tratamiento médico habitual.

En el ámbito de la investigación neurocientífica, Edmund Rolls sostiene que el tacto activa la corteza orbitofrontal del cerebro, que está vinculada a sentimientos de recompensa y compasión.

“Hay estudios que demuestran que el tacto indica seguridad y confianza, calma. El toque cálido básico calma el estrés cardiovascular. Activa el ‘nervio vago’ del cuerpo, que está íntimamente involucrado con nuestra respuesta compasiva, y un simple toque puede desencadenar la liberación de oxitocina, también conocida como “la hormona del amor”. Comenta Keltner.

También los etólogos han detectado que entre los primates el tocarse construye relaciones de cooperación, refuerza la reciprocidad entre ellos.

Reinventar el abrazo

Paradójicamente, lo que antes nos unía, en la actualidad es lo que nos puede hacer más daño. “Eso puede generar un gran vacío de acuerdo a tu código cultural afectivo. Sin embargo, lo que vamos a hacer los seres humanos es compensarlo de alguna otra forma. A la ausencia del afecto físico puede haber la caricia verbal o de otro tipo de manifestaciones afectivas”, opina Paredes.

Entonces en este nuevo horizonte ¿cómo podemos volver a abrazarnos afectivamente?

El lenguaje tiene una amplitud infinita. El no verbal es el que va construyendo las relaciones. Imaginate que me encuentre con una amiga muy querida. No vamos a poder abrazarnos, porque nos queremos cuidar ambas. Entonces puedo hacer uso de la palabra para abrazarla simbólicamente o puedo hacer un gesto con la que demuestre el afecto que le tengo”, dice Paredes y agrega que “hay una nueva forma de interactuar, que no la hemos buscado, sino que ha surgido como una manera de salvar nuestra vida, esa interacción tenemos que reconstruirla, reformularla, porque la necesitamos igual. Solo que los códigos antiguos no van a ser posibles de retomarlos por un buen tiempo”

La sicóloga advierte también que si en la vida de una persona no ha habido demostraciones físicas (como ser abrazos, caricias y besos) es muy probable que sus códigos afectivos, no es que no existan, pero sean diferentes.

“Tal vez en tu familia nadie nunca te dijo te amo, nadie nunca abrazó a nadie, salvo en Navidad o cumpleaños, pero tal vez el código afectivo que tenía tu mamá era hacerte la comida, el código afectivo de tu papá era traerte la última revista que salía. Siempre la familia tiene códigos afectivos, solo que dependiendo de la cultura familiar van a estar explícitos o implícitos”, comenta Paredes.

Para Paul Zak, profesor de Sicología de la Universidad de Claremont, la costumbre de dar la mano o abrazar puede que ya haya cambiado para siempre y sugiere que esos hábitos sean remplazados por asentimientos o reverencias, pero enfatiza que lo importante es encontrar formas de reintroducir la humanidad del contacto positivo en las interacciones, sin poner en riesgo la salud física y mental de nadie “Las interacciones en persona tienen un gran efecto sobre la liberación de oxitocina en el cerebro, pero la interacción a través de video en realidad no es tan diferente”, concluye Zak.

3. Cambios. Saludos como el de estos jóvenes es mejor cambiarlos por otros sin contacto directo.

4. Darse la mano. Lo que hasta ayer era buena educación, ahora puede ser lo contrario, sobre todo mientras haya la crisis sanitaria.

Wai. El origen de este saludo tailandés está relacionado con
el gesto tradicional de respeto y adoración del budismo y el
hinduismo. La OMS lo sugiere como una opción.