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Por vocación, practicidad o tradición, hay profesiones que se transmiten entre generaciones; el legado puede ser garantía de un empleo o continuar con un negocio ya en marcha. En otras ocasiones pesa el sentimiento.

Existen muchos padres e hijos que comparten el oficio y hasta lo ejercen juntos, también se da el caso de abuelos que heredan la tradición a sus nietos. Es el caso de los chefs Markus Rüegg y su hijo Fabricio, los ingenieros de Sistemas Roberto Pinto y Roberto Andrés Pinto Saucedo, los actores Arturo Lora y Jorge Arturo Lora y la familia de Vanessa Áñez, que vio como continuó la tradición musical que heredó de su abuelo reflejada en su esposo y sus hijos.






El abuelo de Vanessa Áñez, Jorge Koki Valdivia, reconocido cronometrista de la Asociación Departamental de Automovilismo Deportivo de Santa Cruz (Adecruz), que falleció en enero de este año, fue también un músico que heredó este don de su padre, que era pianista en Cochabamba. La cantante cruceña dio continuidad a esta costumbre desarrollando una carrera artística destacada. Lo que, tal vez, nunca pensó fue que esta relación con la música se ampliaría a su vida de casada y su descendencia.

Y aunque su padre, Tito Áñez, no se dedicó a la música como oficio sigue agarrando la guitarra y tocando con la familia. A los cuatro años grabó con él su primer casete de canciones cristianas en un estudio que tenían en casa. “Escucho esas primeras grabaciones y me pongo a llorar de emoción porque son muy lindos recuerdos”, asegura Vanessa, que agradece a su progenitor por haberla guiado en este camino que la llevó a conocer a Juan Narbaja, el músico con el que se casó y con el que fundó el grupo Póker.

De esa unión nacieron José Luis (15) y Facundo (10), que no fueron ajenos a la pasión que la música generaba en sus padres. El mayor lleva adelante una carrera artística con el nombre de Jota Narbaja. Antes titula la canción con la que debutó en los escenarios en compañía de su madre en 2018. Actualmente sigue en la senda enfocado en el género urbano con la ilusión de incursionar en el circuito continental.

Así como Markus Rüegg cambió la ingeniería civil por la gastronomía, su hijo Fabricio pensaba dedicarse a Marketing y Negocios. No obstante, el llamado de la cocina fue más fuerte y uno de los hijos del chef suizo radicado en Bolivia hace casi 40 años siguió el camino de su padre.

Luego de estudiar gastronomía en Lima (Perú) empezó a viajar por diversos países en los que hizo prácticas. Pasó por Suiza, Tailandia y España, donde obtuvo un masterado en Economía en Madrid. Y, desde hace cuatro meses, está trabajando con su padre en Chalet La Suisse, el restaurante que es referente del buen gusto en Santa Cruz de la Sierra.

“Poco a poco se va dando cuenta de la realidad, él está aprendiendo desde cero en el restaurante. Su meta es tener más conocimiento que cualquier empleado del negocio, quiere ser un líder, pero primero sabe que debe dominar el restaurante”, expresa con orgullo Markus, que está dispuesto a ayudar en todo lo que requiera Fabricio.

En 1985, Jorge Arturo Lora vio actuar por primera vez a su padre, Arturo Lora, en el paraninfo universitario. La obra se titulaba Cordelia de pueblo en pueblo, a cargo del Teatro Experimental Universitario, compañía fundacional del teatro cruceño.

Jorge Arturo tenía nueve años. Su padre trabajaba como visitador médico para varios laboratorios, el hijo acompañaba a su padre al trabajo en el día y en la noche iba con él a los ensayos de las obras teatrales en las que participaba.

Así llegó a abrazar el oficio de actor como en su momento lo hizo su progenitor. Ambos pertenecen a una familia muy vinculada, no solo al teatro sino a la actividad cultural en general.

“Me gusta mucho el vozarrón de mi padre. Siempre que está en el escenario lo impregna con esa voz tan característica. Su presencia escénica también impacta”, asegura Jorge Arturo.

Roberto Pinto Zambrana es ingeniero de Sistemas con una amplia experiencia en este campo. Actualmente preside la Asociación de Ingenieros de Sistemas de Santa Cruz.

A pesar de que ha estado ligado a este oficio durante varios años, nunca imaginaba que su hijo Roberto Andrés Pinto Saucedo seguiría sus pasos.

Mientras cumplía funciones en la universidad Nur, su padre le explicaba cómo era la carrera y el trabajo que desarrollaba. Fue así que el bachiller también ingresó en la misma universidad y estudió ingeniería de Sistemas, mientras su padre se especializaba en Ingeniería Microsoft. No obstante, su hijo se inclinó por el área de infraestructura.

Desde hace 10 años, Roberto hijo pone en práctica sus conocimientos en Ingecorp, una empresa de distribución de tecnología, donde se desempeña de forma eficiente.

FOTO PRINCIPAL. MARKUS RÜEGG Y FABRICIO RÜEGG. 

LA GASTRONOMÍA ES SU PASIÓN

“La vida de un gastrónomo es muy turbulenta en el sentido de que es muy sacrificada, porque se priva de la vida social. En las fechas más bonitas del año, como el Día de la Madre, Navidad o Año Nuevo nosotros trabajamos mientras que todo el resto se divierte. Por otro lado, la satisfacción de ver a la gente que la pasa bien no tiene precio”, comenta Markus Rüegg.

Markus valora la humildad de Fabricio y las ganas de seguir aprendiendo. Él lo apoya con su experiencia de más de cuatro décadas en la gastronomía y le brinda las herramientas para que pueda trabajar. 

“Yo le daré lo básico y el restaurante en óptimas condiciones, después el deberá buscar su propia comida con su propia personalidad”, expresa Markus, que califica a su hijo como muy responsable y preocupado por tener lo mejor para atender a la gente.


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