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Deshacerse del desorden para siempre es lo que propone la gurú  del orden Marie Kondo. Pero eso no es lo más llamativo,  en su libro La magia del orden  asegura que transformar el hogar en un espacio limpio y ordenado  puede cambiarnos la vida. “Te sentirás más seguro, exitoso y motivado para crear la vida que quieres”, afirma la inventora del método KonMari, que ha vendido más de 2.000.000 de ejemplares en Japón y más de 300.000 copias en Estados Unidos. Su obra se ha traducido a más de 24 lenguas y publicado en más de 30 países.

¿Cuál es la clave? Empezar por desechar y luego  organizar de un tirón y sin pausa.
Marie, una joven diminuta que viste muy pulcra y femenina, aficionada al orden desde que era una niña pequeña, confiesa que la organización ha cambiado su manera de pensar y su enfoque de la vida. “Cuando pones tu casa en orden también pones en orden tus asuntos y tu pasado. Como resultado puedes ver con claridad lo que necesitas en tu vida y lo que no, lo que debes hacer y lo que no.    

Hoy en día Marie Kondo es una consultora a la que le pagan por ir a las casas u oficinas y enseñar a poner las cosas en orden. Su vasta experiencia la ha llevado a definir que la raíz del problema está en la mente. “El éxito depende un 90% de nuestra mentalidad. El método KonMari no es una serie de reglas sobre cómo clasificar, organizar y desechar cosas, es una guía para adquirir la mentalidad correcta. El orden depende de valores extremadamente personales sobre cómo desea uno vivir”.                            

La purga de desechar
La organización debe empezar por la eliminación. La autora propone ejercer autocontrol e identificar lo que en verdad queremos y necesitamos conservar y tener el valor de deshacernos de aquello que no. Y  mientras habla de los objetos, da la pauta también de los aspectos emocionales.

“Cuando te topes con algo de lo que no puedas desprenderte, piensa con cuidado sobre su verdadero propósito en tu vida. Te sorprenderá cuántas cosas que posees ya cumplieron su objetivo. Si esas cosas tuvieran sentimientos, seguramente no estarían felices acumuladas u olvidadas en un cajón. Libéralas de la prisión donde las has relegado, déjalas ir con gratitud, tú y tus cosas se sentirán despejados”, lo dice con cierto acento espiritual, típico de la cultura oriental de la que proviene. 

Y otro tip interesante: “En cuanto a los accesorios que recibiste como regalo solo consérvalos si te dan pura alegría. Si los conservas porque no puedes olvidar a una expareja, lo mejor es desecharlos. Aferrarte a ellos aumenta la probabilidad de que pierdas oportunidades para tener nuevas relaciones. El espacio en el que vivimos debería ser para la persona en que nos estamos convirtiendo ahora, no para la persona que fuimos en el pasado”.

La gurú hace dar cuenta de que organizar es una manera de identificar lo que de verdad nos gusta y que soltar cosas es más importante que añadirlas. “Al desarrollar un criterio claro para juzgar las cosas se gana más confianza en uno mismo. Tememos que desechar porque nos apegamos al pasado (esto tiene un valor sentimental para mí porque me lo regaló mi ex) o porque le tememos al futuro (mejor me lo guardo porque por ahí lo voy a necesitar en cualquier momento)”.

La sicóloga Fabiola Guachalla, a la que consultamos para digerir los principios que propone este libro, revela que en  terapia siempre se trabaja en la capacidad de resolver conflictos, de decidir y de hacerse cargo de  la vida. “Sin lugar a dudas renunciar a ciertas cosas o a ciertas relaciones que no nos hacen sentir bien con lo que hacemos, con lo que somos, o nos mantienen atados en una misma inercia sin construir, llega a ser  doloroso pero necesario”.

El espacio donde vives influye en tu cuerpo
Tener la casa desordenada acarrea tenerla sucia porque hay objetos y ropa tirados por todas partes. Vivir rodeado de este caos no provoca placer ni a la vista ni a nuestra vida misma. Despejar las áreas permite ver por dónde hay suciedad y cuando uno ‘desintoxica’ su casa limpia también su estado de ánimo. 

Guachalla afirma que realizar las tareas cotidianas del día a día se hace más fácil cuando se está en un ambiente ordenado y limpio. “Esta conducta ordenada seguro te estresará menos y eso se reflejará en todas las respuestas que tengas con los otros que te relacionas (jefe, pareja, hijos, amigos, etc.). Esta armonía sin lugar a dudas te traerá sensaciones de bienestar”.

Naturaleza desordenada
Hay quienes creen que son desordenados por naturaleza, pero Kondo asegura que lo caótico no se hereda ni se relaciona con la falta de tiempo. 

“Lo cierto es que la mayoría de las personas preferirían vivir en un espacio limpio y ordenado. Cualquiera que haya organizado su espacio, incluso una sola vez, habrá deseado conservarlo así”.  

Aquí Guachalla afirma enfáticamente que no existen las personas desordenadas por naturaleza. “La conducta es aprendida. Es verdad que hay características de personalidad que se asocian más o menos a personas desordenadas, por ejemplo: hay gente poco detallista que no requiere tener todo el control de su entorno y tiende a ser más desordenada en un contexto específico (organizadas en su trabajo y un desastre en su casa, por ejemplo) y hay personas que aparentemente tienen las cosas en desorden, pero son capaces de encontrar lo que necesitan en medio de ese caos o realizar su trabajo sin ningún problema”. Por ello llega a la conclusión de que la felicidad no depende del orden, pero este siempre es beneficioso para la vida.

Tampoco es bueno el fanatismo
Los extremos y los excesos nunca son saludables. Por eso Guachalla explica que tanto ser amante del orden y la limpieza como acumulador de objetos son trastornos de la conducta (trastornos obsesivo-compulsivos). “Estamos hablando de un trastorno de ansiedad que puede llevar a un deterioro y complicarse con depresión.  Si el orden o el desorden se manifiestan como conductas compulsivas y obsesiones repetidas, producen malestar, pérdida de tiempo e interferencia en la rutina y en las relaciones interpersonales”. 

Y da ejemplos: “El síndrome de Diógenes es la acumulación compulsiva y desorganizada, las personas tienen la sensación de recoger y guardar objetos incluso sin valor con la idea de que pueden necesitarlos en algún momento. Otra variante de trastorno obsesivo-compulsivo es buscar todo el tiempo el orden y la simetría, las personas ordenan porque tienen una sensación de que algo muy importante no está como debería y no encuentran paz hasta que todo está como quieren”.

Sobre la propuesta del libro

La sicóloga identifica, de entrada, las diferencias entre nuestra cultura y  la de Marie Kondo: “La autora ha crecido (tienes hábitos instaurados desde que nació) en una cultura muy distinta a la nuestra. El orden y la limpieza tienen un simbolismo espiritual para los japoneses, deben limpiar para seguir adelante… Y desear aplicar esta misma premisa en nuestra conducta es complicado ya que estamos hablando de hábitos instaurados”. 

Aún así, hay un nuevo factor que entra en juego y es que actualmente vivimos en un mundo globalizado en el que la tecnología nos permite un acercamiento mayor entre todas las personas del mundo y donde virtualmente no hay fronteras. “Por lo tanto, no es raro que se estén dando cambios y trasformaciones sociales y culturales por los que nuevas formas de conducta también se puedan adoptar. La magia del orden está teniendo una repercusión más práctica (en nuestra cultura occidental) que transformadora de vida, pero sin lugar a dudas muy beneficiosa”.  

Lo que no comparto de Marie Kondo
Mey Zamora /Periodista y autora del libro Dulce Hogar

La autora cree que los objetos (carteras, zapato o teléfono celular, por ejemplo) tienen una especie de alma; que debemos hablarles, darles las gracias por los servicios prestados y despedirnos con solemnidad cuando decidimos prescindir de ellos.

- Comparto la idea de que ordenar la casa es ordenar la vida propia, pero en mi experiencia –y en eso le llevo 20 años de ventaja a Kondo- es que hay personas con una tendencia natural al orden y, por el contrario, otras la tienen al caos. También he comprobado que en las casas se suelen equilibrar esas fuerzas entre los integrantes de una familia. Y que por lo tanto el diálogo y el consenso son obligados para la convivencia pacífica. En los hogares se impone hablar no con los objetos, sino con las personas para establecer unas pocas pautas que faciliten la vida cotidiana.

-Hay algunos aspectos del método KonMari que no comparto. Por ejemplo, su forma de doblar la ropa en vertical para poder colocarla en cajas y que ocupen poco espacio me parece útil para prendas pequeñas, como calcetines, ropa interior o pañuelos, pero poco práctica para otras como las camisetas. Éstas acaban hechas un bollo de tanto plegarlas por mucho cariño que le pongas a tal trabajo.
-Me alegra el triunfo de Marie Kondo porque habla de temas domésticos sin tapujos. Creo que su citado orientalismo es un buen envoltorio. Quizá sin él sus palabras serían consideradas una vulgaridad trivial. Hasta ahora hablar de orden y limpieza no era trendy. /magazinefa.com

 

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