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De pronto las redes sociales se llenaron de amigos, conocidos y familiares haciendo recetas de panes, postres y una buena cantidad de otras comidas. La cuarentena había despertado el interés por la cocina y muchas personas encontraron en la preparación de comidas una manera de combatir el confinamiento, el estrés y un sustento emocional para enfrentar las tristezas. Es más, hay los que han descubierto una vocación en la gastronomía.

Es evidente que realizar una actividad como cocinar, si no se lo hace por obligación, resulta más que agradable. Pero más allá de la simple distracción, ¿puede ayudarnos a mejorar nuestro bienestar general? ¿Puede contribuir en otros ámbitos de nuestra vida? ¿Cocinar puede tener efectos terapéuticos?

La respuesta a todas esas interrogantes parecen ser afirmativas. Algunos lo han llamado cocinoterapia, pero tal vez lo más correcto es definirlo como una actividad con efectos terapéuticos o terapia culinaria como lo define Michael Kocet, director de la Escuela de Sicología Profesional de Chicago.

“Es la técnica terapéutica que utiliza las artes culinarias, la cocina, la gastronomía y la relación personal, cultural y familiar de un individuo con la comida para abordar los problemas emocionales y sicológicos que enfrentan los individuos, las familias y los grupos”, afirma Kocet.

“En otras palabras, es la idea de que cocinar y hornear puede brindar lecciones y habilidades para la vida que pueden ayudar a una persona”, agrega Julie Ohana, que trabaja como terapeuta de arte culinario en Michigan, Estados Unidos “Implica la resolución de problemas, la gestión del tiempo, la comunicación, el trabajo en equipo y, mi favorito, la atención plena. Todas estas cosas pueden ayudar a una persona a estar más enraizada, más feliz, menos ansiosa y mucho más “, comenta Ohana a la publicación estadounidense de The Zoe Report.

“Para muchas personas la cocina puede ser terapéutica y una manera muy eficiente de reducir el estrés, desde la planificación de la comida, la compra de los ingredientes, la elaboración del plato hasta el momento del disfrute de lo que hemos realizado en cada etapa existe una posibilidad de aprendizaje. 

A la mayoría de las personas les encanta comer, y a través de los alimentos podemos tener recuerdos de nuestra niñez, hay olores que nos llevan a memorias vividas, sabores que asociamos con momentos felices, así como también de los momentos más amargos”, sostiene la nutricionista Natalia Ramos y agrega: “La cocina forma parte de nuestra identidad y es maravilloso que pueda ser utilizada como terapia. Es muy satisfactorio comer algo que hemos elaborado”

 ¿Cómo se practica?

No se trata de elaborar recetas complejas o muy elaboradas “Puedes practicar con algo tan simple como un sándwich de mermelada”, explica Kocet.

 “No se apresure, disminuya la velocidad y preste atención al acto de esparcir la mermelada sobre el pan, cortar el sándwich por la mitad y ponerlo en un plato. Preste atención a la sensación del cuchillo en la mano, cómo se siente al cortar el pan en cada paso”, asegura el sicólogo que sostiene que lo importante es perderse en el proceso, que es también una forma de meditar ya que implica una atención física y mental.

Lecciones para la vida

La cocina llega a ser terapéutica cuando se pueden aplicar las lecciones aprendidas a la vida personal. 

“Utilizo muchas metáforas de cocina con mis pacientes y clientes de terapia; se pueden transferir muchos principios a las experiencias de la vida”, señala Kocet y pone como ejemplo el ejercicio de leer una receta y preparar todos los ingredientes para tenerlos a mano antes de alistar el plato. “Este concepto se puede aplicar a muchas cosas en la vida, como la procrastinación”, explica.

Las personas a menudo posponen las cosas por miedo o por sentirse abrumadas, por lo que dividirlo en pedazos manejables puede ayudar a reducir esa ansiedad”, indica el sicólogo, que agrega que cocinar también puede moldear nuestro enfoque ante los fracasos y contratiempos. 

“Si estuviera con un paciente que cocinara algo que no salió bien, lo animaría a considerar la experiencia no como un fracaso, sino como una oportunidad de crecimiento”, señala Kocet. “Esto se aplica a todo en la vida. Es importante pensar en lo que puedo aprender de una situación negativa, o en lo que puedo hacer de manera diferente la próxima vez, en lugar de verlo como un fracaso colosal”.

El buen comer

Si bien el cocinar puede ayudar a combatir el estrés y las tensiones ¿No contrarrestaría ese efecto positivo el preparar comidas inadecuadas que contribuyen a provocar malestares?

“Lo ideal sería aprender a cocinar saludable, todos los platos que conocemos pueden volverse más saludables, desde una torta hasta una hamburguesa”, opina Ramos “La clave es animarse a probar, no siempre tenemos que cocinar chatarra, podemos aprender a comer rico y sano. Incluso cocinar comidas no saludables también nos ayuda a tomar conciencia de lo que estamos comiendo, muchas veces ni nos imaginamos que ingredientes llevan los platos que solemos consumir. Todo se trata de encontrar un equilibrio”.

Advertencia

El sicólogo Alejandro Velarde advierte que el término ‘terapia’ se lo utiliza erróneamente y cualquier cosa con efectos terapéuticos se le adiciona el término. Este es el caso de la palabra cocinoterapia. 

La terapia es un proceso sistematizado coherente, progresivo, organizado que da lugar a un resultado. Eso es una terapia en términos sicológicos. Ahora una actividad con efectos terapéuticos es cualquier actividad que usted pueda realizar que le haga bien y eso viene a ser la cocinoterapia”, sostiene el sicólogo.

Niños, jóvenes y adultos

Cocinar puede ayudar a los niños y jóvenes para su bienestar.

“Por supuesto que involucrar a los niños en su alimentación es beneficioso, desde muy pequeños ellos pueden ayudar en la cocina. Es increíble lo que ellos pueden lograr si se los permitimos. Aprender jugando, esa es la clave para que el niño este feliz, puede ayudarnos a lavar, identificar los ingredientes, mezclar, en fin de todo! Dependiendo de la edad que tengan será el grado de complejidad de las tareas que puedan hacer. Mi hija mayor cocina desde su año y medio y es fantástico ver su evolución y todo lo que ha aprendido mientras compartimos un rato en la cocina”, cuenta Ramos.

Cocinar ayuda a combatir el estrés, promueve la comunicación interpersonal, estimula la memoria e incrementa la creatividad”, sostiene la nutricionista y anima a incursionar en la preparación de los propios alimentos como un ejercicio terapéutico “Se deben animar sin importar el resultado. 

No tienen nada que perder y puede ser una compañía, una actividad que me permita distraerme, ejercitar la memoria, ponemos aprueba nuestras destrezas y sobre todo ¡nos divertimos un montón!”, concluye.