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Por:  Pedro Shimose

A causa de la peste nos hemos visto obligados a vivir recluidos en nuestras casas como si se tratara de un estado de sitio. De ahí que, aislado y entre temores e incertidumbres, el periodista e historiador Pedro Rivero Jordán escribiera - como quien no quiere la cosa- un libro titulado 
Una historia personal (Santa Cruz, Editorial La Hoguera, 2020, 140 páginas). ¿Una autobiografía? ¿Unos apuntes periodísticos? ¿Unas notas testimoniales?

En El museo imaginario (forma parte de la trilogía Las voces del silencio), André Malraux cita a Goethe: “De hoy en adelante, los escritores escribirán sus obras completas”. Si esto fuera cierto, Rivero Jordán seguirá escribiendo su obra completa. Aún es joven. Nació en Santa Cruz de la Sierra, el 21 de agosto de 1954. O sea que tiene 66 años y le queda cuerda para rato. Por ahora lleva publicados cinco libros: Anécdotas y pelotazos (1988), Historia del fútbol cruceño (1992), Cotas: Nunca más un feudo (1998, Retazos de historia. 100 años de fútbol cruceño (2009) y Una historia personal (2020).

Este es un libro bien escrito. Su estilo es directo, claro, sencillo, forjado en la redacción del diario EL DEBER, refundado y modernizado por sus padres Pedro Rivero Mercado y Rosa Jordán. Su prosa es deliberadamente sobria. Revela su pensamiento crítico, su talante democrático, su espíritu combativo cuando se trata de defender la causa de la libertad ante... el abuso de los poderosos. Esta “historia personal” va precedida de cinco textos firmados por María Ingrid Rivero De Ugarte - su hija - y por Manfredo Kempff Suárez, Guido Añez Moscoso, Juan Manuel Ijurko y Ricardo Trotti, director ejecutivo de la SIP.

En plena pubertad, cuando era un “pelao” inquieto, en busca de un lugar bajo el sol, Rivero Jordán soñaba con ser baterista rockero como el “Beatle” Ringo Starr o aviador, como su tío Guillermo o futbolista profesional, como ésos “cracks” que aparecían en la revista argentina Goles, coleccionada por su tío Marcelo, o mecánico de coches de carrera... Así bullían sus proyectos vitales cuando se marchó a la Argentina, a estudiar Ingeniería electromecánica, pero (siempre hay un pero en nuestras vidas) tuvo que abandonar sus estudios y retornó a Bolivia para integrarse en la empresa periodística familiar y, de paso, estudiar Derecho. 

Licenciado en Leyes, nunca ejerció la abogacía. De este modo, lo que perdió el rock cruceño, la aviación nacional, la selección boliviana de fútbol, los “rallies” continentales y la judicatura, lo ganó el periodismo.

Es claro que en la familia Rivero-Jordán el periodismo es una forma de existir, aunque en el caso particular del autor de Una historia personal también lo son el fútbol y los carnavales. No es casualidad que tres de sus cinco libros tengan por tema el fútbol. Hincha del club de fútbol Destroyers, jugó de defensa (los “backs” de antes), pero el trabajo y el estudio universitario lo dejaron fuera de combate.

Activo y fiel a su club, fue elegido Presidente entre 2010 y 2017. Bajo su mando, Destroyers redefinió sus metas, saneó su economía y retornó a la División Profesional. En cuanto a los carnavales, bailó y brincó con las comparsas de Los Pichiroses, Cachivachis, Crema camba, Badulaques y Tauras. Con los años habrán menguado las energías del periodista, como es natural, pero no su entusiasmo fiestero y su culto a las algazaras anuales de la tradición cruceña por excelencia.

En su calidad de periodista viajó por medio mundo y conoció a personalidades que le enaltecen y comprometen a seguir en la brecha.

Llegó a ser primer vicepresidente de la Asociación Nacional de Prensa (ANP/Diarios, 2002-2003) y Presidente en tres ocasiones (2005-2007, 2007-2009 y 2014-2016). En la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) ejerció la Vicepresidencia regional de la Comisión de Libertad de Prensa e Información en Bolivia. En 2017, renunció a su cargo al considerar que la SIP no había condenado suficientemente al gobierno de Chile. Este había maltratado y expulsado a varios periodistas bolivianos mientras cumplían su labor informativa. Transcurrían los días agitados del litigio sobre la reivindicación marítima boliviana en la Corte de La Haya...

Envuelto en la vida pública de nuestro país, Pedro ha sabido, con sus hermanos Juan Carlos, Sonia y Rosario, honrar la profesión periodística y sostener con firmeza una empresa modélica que ha crecido con la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, y ha coadyuvado a su progreso material y cultural, proyectándola más allá de nuestras fronteras. Tal la divisa de sus progenitores Pedro y Rosa. Nada más y nada menos.

Madrid, enero de 2021.

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