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Ardelia Maurel (18) que vive en San José (Puerto Rico), cuando tenía 15 años vivió un infierno. Un exceso de confianza fue el detonante que le costó la dignidad a esta joven estudiante. Ella pasó fotos donde mostraba su cuerpo desnudo a un chico, quien, sin pensarlo dos veces, la hizo viral durante una fiesta. 

Después de tres años de esconderse por esta complicada situación, que incluso, según dice ella, casi le cuesta la vida, en marzo pasado se llenó de valentía y contó su historia a través de las redes sociales, mediante un video publicado en YouTube.

“Cuando tenía 15 años, confié en la persona equivocada que compartió mis fotos desnuda con todo el colegio”, inicia Maurel su historia en un video de 12 minutos y ocho segundos, en el que aclara que cuenta su problema, que le atormentó y robó la paz durante los últimos tres años, con el fin de informar a sus padres y familiares. Además, dice que se arrepiente de no haberlo hecho en su momento, ya que está segura que la habrían apoyado de manera incondicional.
Su otro objetivo es que su caso sea un ejemplo y que no se trate de un simple drama de adolescente ni tampoco se vea como algo normal, aunque le suceda a muchas otras personas, pues casi nunca se piensa en quién está siendo víctima de este tipo de abuso.

La lamentable historia de Ardelia se inició cuando dos amigas se le acercaron con un celular en la mano y le mostraron su foto. Ese fue un momento humillante para ella. Cientos de personas ya habían conocido su cuerpo desnudo, su intimidad, según relata ella en el video.

“Esto me pasó hace tres años y hasta hoy no he logrado decirle de frente a mi familia o a un sicólogo y es porque durante mucho tiempo me dio vergüenza... Mostraron mis fotos y luego me di cuenta que las estaban vendiendo, ¿cuánto costaban? No mucho, mi dignidad y noches enteras llorando sin poder dormir. Casi me cuesta la vida”, aseveró.

Sus amigas, que sabían sobre esas fotos desde antes, la abandonaron. “Me dieron la espalda y cuando se hicieron públicas todos me empezaron a odiar. Me atacaron tanto que empecé a pensar que era una enferma sexual y lo que había hecho era asqueroso y depravado”, cuenta.

Todos son copartícipes 
En criterio de la sicopedagoga Nadia Rocabado, la persona que difunde videos o fotos que mellan la dignidad e integridad de un tercero es copartícipe junto con el primer autor, que fue quien filmó, fotografió, subió y difundió dichas imágenes, dado que colabora con la difusión de este delito, vulnerando la imagen e intimidad de un tercero y, claro, los derechos de esa persona. 

“Las personas que incurren en esta práctica suelen tener un bajo código ético, su accionar es impulsivo, poco reflexivo, a lo que sus acciones pueden ocasionar o en todo caso son muy conscientes, pero carecen de empatía con el prójimo”, resalta. Cabe recalcar, continúa, que el contexto ignora, en su mayoría, las normas éticas y, por ende, hay una total carencia de integridad en el accionar de las personas.

Explica que la práctica de estas acciones viene a establecer una nueva forma impune de delinquir, socialmente aceptada y practicada a gran escala, la cual deja vulnerable a cualquier persona de cualquier estrato social.
“A la víctima, de quien se están viralizando sus imágenes o información, la deja en un estado de ansiedad, de ira, impotencia, pérdida de la autoestima, humillación, temor a socializar y depresión, entre otros sentimientos”, remarca Rocabado.

¿Por qué viralizan algo?
La sicóloga Claudia Tórrez señala que la libertad y los límites no se excluyen. Por eso hay que analizar bien qué compartir y qué no, especialmente si una imagen es comprometedora, para evitar que se propague a través de los sitios web, blogs y redes sociales.
En su criterio, puede viralizarse de varias formas y en algunos casos no es para afectar o hacer daño a otros, en otras es intencional. A veces es involuntario, ya que sus creadores no tenían ninguna intención de convertirlos en viral. Estas imágenes son enviadas desde quien las crea a sus amigos, que luego lo comparten con otros y estos, a su vez, con su entorno social, a través de las redes sociales y así sucesivamente, la mayoría de las veces afectando la integridad de una persona.

Este accionar, indica Rocabado, generalmente sucede por ignorancia, ya que la mayoría de la sociedad ignora los códigos éticos que rigen en la convivencia sana y el derecho del otro. Otro factor, prosigue, es que da la sensación de un falso poder, sintiéndose superior a quien se está agrediendo por medio de las imágenes. 

Venganza es otro fin promotor de estas acciones y claro el anonimato que brindan las redes sociales, permite explayar las bajas acciones de las personas que realizan esta práctica. “Compartir imágenes que afectan a otros es ciberbullying ya que existe un acoso sicológico hacia un tercero”, insiste la sicopedagoga.

¿Qué se debe hacer ?
Para las sicólogas Liliana Zabala e Ingrid Saavedra, lo ideal al recibir imágenes comprometedoras de terceras personas, es eliminarlas de inmediato, sin compartirlas y ni siquiera comentarlas, porque hay que ponerse en el lugar del otro, ya que podría ser uno o algún familiar el que puede ser afectado por esa viralización.

Rocabado señala que cuando se recibe ese tipo de videos o fotos, hay que preguntarse: ¿Quién saca provecho de esta publicación? ¿Qué consecuencia trae esta filmación o foto? ¿Comprendo yo el contexto en donde se ha filmado o fotografiado a esta persona? Y claro, preguntarse sobre su escala de valores ¿Es correcto que yo lo comparta? ¿Qué dice eso de mi persona?
Rocabado sugiere que si llega una imagen ajena a tus manos, no la compartas, elimínala, es lo correcto. Realiza un cuestionamiento a la persona que se lo pasó. ¿Cuál es la intención de compartir ese video? Conversa con ella respecto al tema, tratando de informarle que ese accionar no está bien y confronta a los reincidentes sobre su accionar.

“En los grupos de whatsApp se debe exigir normas éticas a todos los participantes, aclarando cual es el propósito del grupo”, concluye la especialista. 

A veces lo hacen solo por diversión
El efecto viral de informaciones, imágenes y videos hace referencia a que el contenido se propague, se multiplique y sea contagioso, al igual que lo haría un virus corporal. En este caso es informático y se lo hace para que la gente lo vea. 

Lo que busca es expandirlo lo más rápido posible con o sin el consentimiento del que hizo el contenido, ya que algunos son hechos por personas para hacerlos viral en las redes y salir del anonimato. El problema surge cuando esas imágenes son íntimas y la persona no se percata que fueron compartidas sin su autorización. 

Todos, en cierta medida somos responsables, porque cuando nos llegan contenidos que no son aptos para viralizarlos, igual lo hacemos sin darnos cuenta del daño que estamos causando a terceros. Los contenidos virales existen desde hace muchos años, lo que ha cambiado es la forma de cómo se los viraliza.

Esos contenidos que no deberían de ser virales, la persona debe eliminarlos cuando les llega, pero compartirlo a veces es el valor ‘dañino’ que le añadimos al plus del goce. No necesariamente estas personas tienen baja autoestima, sino que a veces lo hacen por diversión, sin medir las consecuencias. Es tan viral un contenido que hasta es motivo de información de los medios de comunicación.
La perversión y el morbo son parte de la naturaleza humana y en algunos casos están exacerbados en grado más alto. 

Un factor importante es la emoción y cómo juega con nuestro pensamiento, ver un contenido está en el impacto síquico, de enviarlo o no. En todo caso, es responsabilidad de cada persona, hacer o no viral ciertos contenidos.

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