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Hace dos décadas, sin ni siquiera imaginárselo, Roberto Urbina daba inicio a su carrera en la actuación. Dependencia sexual se llamó esa primera experiencia. Hoy, el actor colombiano observa el camino recorrido y se asombra de hasta donde ha llegado. Desde la cinta de Rodrigo Bellott, que filmó en sus años de ‘rumba’ en Santa Cruz de la Sierra, pasando por Che, Narcos, Grey’s Anatomy o Héroes, hasta llegar a Snowpiercer, la carrera de Urbina ha sido una montaña rusa

La serie que se puede ver por Netflix representó un desafío mayor para el bogotano, que pone su sello a una superproducción que se estrenó en plena pandemia. El actor habla de su papel en la serie y de los años vividos en Bolivia durante su juventud.

_¿Cómo definís la experiencia de trabajar en una producción como Snowpiercer?
Es un orgullo poder trabajar en una producción tan grande, con estos actores que admiro mucho y que he admirado durante muchos años, como Jennifer Connelly, Sean Bean y Daveed Deegs, es un elenco de primer nivel. Ha sido, un poco, ser como un niño que juega a las naves espaciales.

Por otro lado, la serie tiene unas temáticas sociales que me interesan mucho. En los proyectos que trabajo me gusta que la gente se haga preguntas.

_¿Qué destacás de esta historia ambientada en un mundo distópico?
La temática social es de lo más interesante que tiene esta serie. Una persona hizo una analogía del tren con un rascacielos, pero horizontal, en el que los pisos de abajo son los de gente más humilde hasta el penthouse, que vendría siendo la primera clase. La división y el conflicto de clases ha marcado la historia de la humanidad, eso es lo que más rescato de la primera temporada. La segunda se trata más de la fragilidad de una democracia y de esta frente al autoritarismo y los falsos líderes, esos ‘Trumps’, ‘Bolsonaros’ y ‘Maduros’ que nos gobiernan. Desafortunadamente, es un reflejo que es muy fiel a lo que nos está pasando.

Y nunca nos hubiéramos imaginado ver Snowpiercer encerrados en las casas por una pandemia. Yo creo que eso ha sido parte del éxito de la serie, que la gente se ha podido identificar con esta sensación de encierro, de impotencia.

_¿De qué manera ha afectado la pandemia tu trabajo y la continuidad de la serie?
Estábamos, precisamente, grabando la segunda temporada en marzo de 2020. Tuvimos que parar y volver a grabar en octubre.

En el lado personal, la pandemia ha sido un vehículo de creatividad. Tuve una época de aislamiento, como todo el mundo, eso me dio el tiempo y la cabeza para meterme en otros proyectos. Soy músico, entonces, me ayudó mucho a explorar ese lado. Lo que hemos vivido no tiene precedente, la cabeza puede reaccionar de distintas formas. Pero yo he podido canalizar la energía de una forma creativa.

_¿En qué se basa tu búsqueda como actor al momento de elegir los papeles?
La actuación es importante en la medida en que se vuelve un espejo para la sociedad. Si encuentro que hay algo que nos permite reflexionar sobre la naturaleza humana, es algo que me gusta. Busco personajes que tienen más de una dimensión, que tienen fondos y matices, como es uno en la vida real. Uno no es solamente bueno o malo, sino que tiene toda clase de cualidades.

_Tu carrera en la actuación comenzó en Santa Cruz de la Sierra con Dependencia sexual, la ópera prima de Rodrigo Bellott. ¿Cómo llegas a ser parte de la película y qué significado tiene la cinta para vos?
Es una historia muy cliché. Yo no iba a hacer casting para la película, yo acompañé a un amigo con la idea de irnos de rumba después. Rodrigo me sugirió que haga el casting, me dijo que imagine que hablaba por teléfono y que improvise lo que me salga.

A los seis o siete meses, llamaron a la casa en Santa Cruz donde yo vivía, en el barrio Las Palmas. Mi madre me dijo que llamaron de Nueva York, que me dieron un papel en una película. Por su puesto, ella no tenía idea de nada, porque no sabía que yo había hecho un casting. El resto es historia. Hablé con Rodrigo, me contó del proyecto, hicimos unos talleres y filmé la película.

Dependencia sexual, literalmente, me cambió la vida. Yo nunca pensé que me iba a dedicar a la actuación y acá estoy. Por esa película yo llegué a Los Ángeles en 2004, conocí al que es mi manager todavía y el que me hizo ir a vivir a Estados Unidos a probar suerte. Y si no fuera por Dependencia sexual, quién sabe qué estaría haciendo yo de la vida.

_Tengo entendido que Bellott te había propuesto actuar en Tu me manques, pero no se pudo concretar tu participación. ¿Qué te pareció la película?
En realidad, lo que quedó pendiente de hacer con Rodrigo fue Domingos de fútbol, la película que él iba a hacer después de Dependencia sexual, pero para Tu me manques no estuve considerado. Sin embargo, vi la película con Rodrigo en Los Ángeles, me gustó bastante, está muy bien lograda. Tengo entendido que le está yendo muy bien, es un gran cineasta y una persona a la que quiero mucho.

_¿Qué recuerdos guardas de tus años en Bolivia?
Son recuerdos muy bonitos. Bolivia fue una época de mi vida muy chévere, fue el primer país en el que viví al salir de Colombia, un país que me sorprendió por la calidez de la gente, la hospitalidad. Santa Cruz me pintó una Bolivia muy distinta a la que se ve afuera.

Siempre pintan a Bolivia como un país muy andino y pues Santa Cruz es diametralmente opuesto a eso. Una cosa que me marcó fue la belleza de las mujeres de Santa Cruz, hice muy buenos amigos, que todavía conservo. Y bueno, allí viví lo típico de mi edad, mucha rumba, mucha música. En Bolivia tuve un grupo de amigos músicos, muy chéveres, con ellos empecé a aprender seriamente a tocar el bajo.

Fui muy feliz, me gustaría volver a una ciudad que, por lo que veo en las redes de mis amigos, es completamente distinta a la que conocí. Me acuerdo mucho de Equipetrol, de las hamburguesas Santa María (risas). Cuando pienso en Bolivia, siempre me saca una sonrisa.

_¿Cómo calificás la situación del cine latinoamericano y su presencia en mercados, como el estadounidense o el europeo?
Estamos bien, cada vez nuestra participación en el mercado anglo es mayor, como actor uno se da cuenta de cómo han cambiado los roles que nos ofrecían hace 15 o 20 años. Ahora hay roles importantes, no estereotipados, para muestra está el mío en Snowpiercer. Javier de la Torre es un ingeniero colombiano, entonces, como que ese tipo de cosas antes no pasaba.

Hay directores latinoamericanos que tienen un talento tremendo y están marcando la diferencia en el cine, como Alejandro González-Iñárritu, Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro y Simón Brand, demuestran que hay mucho potencial.

_¿Qué futuro ves para el cine en general a partir de la emisión de películas en plataformas de streaming frente a la sala tradicional?
Me duele porque cada vez se pierde más esa costumbre de ir al cine. Ahorita, claramente, no podemos en varios países por la pandemia, pero es algo que siempre me ha gustado mucho. 

La experiencia de entrar en un cuarto oscuro, con una pantalla gigante, es inmersiva. Y ver ahora a las nuevas generaciones que usan la pantalla de un celular para ver una película, no es lo mismo. 

El cine siempre ha sido como un escape a la realidad para volver a ella, aunque suene contradictorio, pero se trata de vernos a nosotros mismos y, al mismo tiempo, escapar de la realidad. Para mí, el cine siempre ha sido como un ritual. 

No me gusta que la gente hable, que se encienda un celular en la sala, el ojo es muy sensible, ve una pantalla brillante e, inmediatamente, se va a ella.

Esa vieja experiencia del cine me hace falta, no creo que vaya a morir del todo, pero los números de las grandes plataformas de streaming, como Netflix o Amazon, son los que hablan hoy día. Pero yo sigo teniendo esa visión romántica de ir al cine.

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