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El día de las elecciones de 1872 en Estados Unidos, casi 50 años antes de que las mujeres obtuvieran el derecho al voto, Susan B. Anthony entró en un centro de votación en Rochester, Nueva York, y emitió su voto. Más tarde, un alguacil federal apareció en la puerta de su casa para arrestarla por votar ilegal y deliberadamente.

Su arresto permitió que el movimiento por el sufragio femenino ganara atención nacional y en el juicio a Anthony no se le permitió hablar porque era mujer. El juez que supervisaba su caso no le permitió tener un juicio con jurado, la declaró culpable y la multó a pagar $us 100, pero ella se negó a pagarlo.

El martes 18 de agosto, al celebrarse el centenario de la 19.ª Enmienda que otorgó a las mujeres el derecho al voto, el presidente Donald Trump anunció que “perdonaba” a Anthony.

“Me quedé horrorizada. Anthony habría rechazado el perdón. Ella no deseaba ser perdonada, ni pagar la multa. Estaba lista para ir a la cárcel. Era un pronunciamiento político. La sola idea de ser perdonada por un supuesto crimen de votar habría sido anatema para ella y todo el asunto es estrafalario”, dijo Susan Ware, profesora de Harvard y autora del libro Why They Marched: Untold Stories of the Women Who Fought for the Right to Vote. Para Ware, la medida del presidente fue tomada en un momento en el que los sondeos reflejan una pérdida de terreno entre las mujeres.

Anthony, una de las líderes más destacadas en la lucha por el sufragio femenino, pasó décadas viajando por el país, dando discursos, presentando peticiones al Congreso y publicando un periódico sufragista. 

Junto a Elizabeth Cady Stanton, formó la Asociación Nacional de Sufragio Femenino y organizó la primera Convención sobre el Sufragio Femenino en Washington. Cuando se aprobó la 19.ª Enmienda, más de 14 años después de su muerte, se la llamó ‘la Enmienda Susan B. Anthony’.

Otros aspectos del legado de Anthony han suscitado un debate entre historiadores y sus defensores. Los conservadores celebraron durante mucho tiempo a Anthony, diciendo que estaba fervientemente en contra del aborto.

La Lista Susan B. Anthony, una organización sin fines de lucro, que lleva su nombre, se enfoca en promover y apoyar a los políticos contra el aborto. Pero otros rechazan esta interpretación de los puntos de vista de la sufragista, alegando que la organización secuestró el nombre y la fama de Anthony para promover su propia causa.

Los historiadores que han estudiado de cerca la vida de Anthony dicen que la sufragista no hubiera querido ser perdonada. La convicción de Anthony fue un motivo de orgullo para ella, un símbolo de hasta dónde llegarían los que están en el poder para evitar que las mujeres voten, dijo Ann Gordon, exprofesora de la Universidad de Rutgers y editora de The Selected Papers of Elizabeth Cady Stanton and Susan B. Anthony.

Anthony, quien nació en una familia cuáquera en Massachusetts, fue activista contra la esclavitud desde muy joven. Pero en los últimos años, ella y otros líderes sufragistas han sido denunciados por excluir a los afroamericanos en su lucha por el derecho al voto.

Ella retiró su apoyo a la 15.ª Enmienda, que le dio a los hombres negros el derecho a votar en 1870, diciendo, según se le adjudica: “Me cortaré este brazo derecho antes de trabajar o exigir la votación para el negro y no para la mujer”. Pero Gordon cuestiona esa interpretación de las palabras de Anthony y rechaza la idea de que ella era racista y afirma que era todo lo contrario.

Ella fue reconocida por activistas negros como una destacada defensora del derecho al voto para todos los ciudadanos”, dice Gordon y agrega que trabajó en estrecha colaboración con Frederick Douglass (uno de los grandes reformadores afroamericanos) e Ida B. Wells, y con frecuencia se reunía con líderes en iglesias negras y con estudiantes negros en campus universitarios.